Ya verán en varias entradas algunos lugares donde compré cosas, a casi todos esos counters bellísimos les saqué fotos (a escondidas) para poder realizar el tour beauty. Pero este lugar se merece un post aparte: Duane Reade, o el Farmacity del primer mundo. Ahi dentro me sentí como gaucho de la pampa que ve por primera vez un ascensor. Ahi fui una pajuerana del tercer mundo, así que espero que perdonen este post... me dejé llevar. Soy lo menos, lo reconozco.
Apenas entré a DR me decepcioné: no vi nada beauty. Detrás mio, mi amado tocó mi hombro y me dijo "Emmm, para el otro lado y para abajo. Ya que estamos, me voy a dar una vuelta a la manzana, no pienso tolerarte en tu estado de emoción saltarina" (es que cuando veo algo que me gusta mucho, doy pequeños saltitos... y a veces acompaño con grititos... algo que mi marido odia mucho de mi).
El tema es que en este local de Duane (mi nuevo mejor amigo), habia todo un piso dedicado a la belleza. Al principio, las marcas caras: Lierac, Ren, Nuxe, Talika.
Talika, la marca que vende ese maravilloso alargador de pestañas (a US$100), tenía de todo: cremas antiage y aparatos de tratamiento.
Con una mano en el corazón, ¿uds. no se ubieran zambullido de cabeza entre tantos Sally Hansen? No sólo habia variedad, sino cantidad. Una grosería de color, una pantonera a mano.
Después de ese golpe de color, me cacheteó la dura realidad cosmética: maquillaje. Ni me acuerdo de todas las marcas, hay para todos los gustos, pieles, presupuestos....
Una de las marcas de cosmética masiva que quería probar si o si era Covergirl. Por suerte, pude comprar algunas cosas (recuerden: quien escribe es una mantenida y no lleva el apellido Fortabat): un labial doble, una máscara de pestañas y una base, que ya les voy a mostrar. También estaba Almay, una marca especializada en pieles sensibles, con una variedad muy amplia de tratamiento y color.
Hay que ir con una lista bien pensada, la variedad abruma, el presupuesto se achica, el marido se impacienta, el tiempo corre y a una se le cruzan las neuronas y queda en blanco. Prometo que no me va a volver a suceder.
Después de recoger mis ojos por decimocuarta vez, después de limpiar mi mano de todos los productos testeados, después de llorarle a mi marido para que no me sacara de ese lugar soñado, logré salir con un pequeño botín (una nunca compra lo suficiente, sobre todo cuando de belleza se trata).
¿Llamamos al Sr. Moreno para descargar toda la ira acumulada?