Ferias ecológicas o algo

Por Cooliflower

Estuvimos en Biocultura de paseo. Y después abrimos el interrogante: ¿Por qué la ecología no acaba de triunfar en España? Porque confundimos la velocidad con el tocino (de soja).

Empezamos este blog porque queríamos combatir el aburrimiento verde-elitista. Lo ecológico se circunscribe a ámbitos sesudos, rayando el papanatismo. Malinterpretamos la ecología llevándola a pensamientos technicolor. “Productos orgánicos, amasados por monjes tibetanos alimentados por vegetales felices, cortados sin sufrimiento por agricultores sonrientes en noches de plenilunio”. Basta. Si la chorrada sirve para cobrar 5 euros por un panecillo, de ecológico tiene lo que Rajoy de rastafari. Es la paradoja de caer en la inanición por ser solidario y natural.

El segundo hecho por el que la ecología no termina de despegar en la península es la excéntrica unión que, testarudamente, enlaza lo místico -o simplemente friqui- con lo verde. Ángeles, fuerzas esotéricas, cristales energéticos, símbolos cabalísticos, atrapasueños… Atrapaeuros. Vestir un palestino a 30 grados celsius, con la calefacción a tope, vendiendo cristales “energéticos” es –país de pandereta- digno de una feria ecológica. Imaginad una gestoría donde calcularan el IVA y vendieran amuletos indígenas.

No vamos a tirar por tierra el buen trabajo de los excelentes profesionales que exponen (y se exponen) en ferias como Biocultura, pero suplicamos más tecnología medioambiental y menos tofu a las finas hierbas; más economía sostenible y menos leche de cereales, más información ecológica y menos amuletos de madera. Señores que organizan ferias, queremos realidades sostenibles para construir sociedades sostenibles.

Nota: Además de ponernos hasta las cejas de zumos naturales, hubo algunas sorpresas agradables; destacamos dos: Equo, ya establecida como partido verde y Agrotravel, una agencia de viajes que realiza un excelente trabajo verdaderamente sostenible.