Y es que, no nos engañemos; hoy día, el único referente indicador de una cadena televisiva con ciertos visos de estabilidad (ma non troppo: también se cambia cada cierto tiempo, aunque con algo más de mesura) es la "mosca de la esquina": los programas y sus protagonistas están tan tremendamente sometidos a la dictadura del audímetro que resulta impensable que una cadena esté dispuesta a mantener más allá de un periodo mínimo (concepto indeterminado, éste del periodo mínimo, que si por algo se caracteriza, es por su cada vez menor duración) a cualquiera de ambos que no esté cubriendo las expectativas (y no meramente subjetivas, o aproximativas, sino cuantificadas en cifras muy concretas y rigurosas) fijadas de antemano. De ahí a que el "mercado de fichajes" televisivo se convierta en un magma convulso en el que todo se mueve a una velocidad de espanto, un solo paso. Y ya se dio.
¿El signo de los tiempos? Posiblemente: la aceleración, digna de estudio einsteniano, de los cambios televisivos no hace sino acompasarse a un vértigo social generalizado en el que hasta la mismísima obsolescencia se hace obsoleta en un pispás; vértigo que, en todo caso, no tiene este humilde escribiente muy claro si no resultará excesivo incluso para los individuos más integrados en la dinámica social predominante. Y que, desde luego, sí que resulta claramente incompatible con el mínimo de estabilidad y asentamiento que, para la fidelización y anclaje de una audiencia respecto de un programa o una figura determinadas, se requiere en condiciones normales. Pero, claro está –y ésta no es, amigos lectores, una pregunta retórica...-, ¿cuáles son las "condiciones normales"?
La cuestión es que hablar de fidelizaciones y familiaridades en esta agitada coctelera, en la que no resulta extraño oír hablar de nichos de audiencia, segmentación de mercados y zarandajas de ese tenor como si fueran conceptos ordinarios, "de los de toda la vida", quizá resulte hasta ingenuo, o de un tierno romanticismo, pero uno no deja de tener su corazoncito, y, sin ánimo de ponerse en tesitura "batallitera", recuerda con cierta nostalgia aquella época en que los grandes comunicadores imprimían a una cadena televisiva un sello, un marchamo identificativo, más asociado a cuestiones de espíritu que a índices estadísticos (bien es cierto también que, en un régimen de cadena única, era imposible un planteamiento de mercado abierto). ¿Sería posible, quizá, y en beneficio de todos, un punto equidistante entre regímenes de funcionamiento tan distantes, tan dispares? A eso, amigos lectores, contesten ustedes, si son tan amables...
* APUNTE DEL DÍA: el episodio concreto ha perdido toda su vigencia, pero la reflexion genérica sigue siendo plenamente válida...
* APUNTE DEL DÍA 2: cuesta trabajo retomar la actividad con el trastoque de hábitos que imponen las fiestas navideñas. Pero se intenta, amigos lectores, se intenta...
* Antecedentes penales (El viejo glob de Manuel) VI.-