DINASTÍA LEÓNIDA
Se cree que Flavio Anastasio nació hacia el año 430 en Dirraquio. Al morir el emperador Zenón, en el año 491 no había sucesor y Anastasio, que era decurión de los silentiarius, el cuerpo palatino que debía asegurar el orden en palacio —un cargo administrativo sin demasiada relevancia—, y que era bastante popular entre el pueblo, fue elegido sucesor por Ariadna la viuda del emperador fallecido, e hija de León I y madre de León II, con la que contrajo matrimonio el 20 de mayo del 491, poco más de un mes después de ser coronado emperador. Esto iba en contra de los deseos de Zenón, que quería que su hermano Longino lo sucediera. Anastasio, al casarse con Ariadna, desterró a Longino a la Tebaida para que muriese de hambre. El matrimonio no tuvo descendencia, ya que Anastasio, en el momento de subir al trono, contaba más de sesenta años, aunque era un hombre muy inteligente, culto y buen administrador; a diferencia de sus predecesores, provenía de una familia de habla griega, siéndole adjudicado el sobrenombre de Dicoro (dos pupilas), ya que tenía los ojos de dos colores diferentes, negro y azul. Se cuenta que cuando apareció por primera vez frente al pueblo con la púrpura imperial, este le cantó “Reina, Anastasio! ¡Reina como has vivido!”. A pesar de todo, su reinado dio comienzo bajo los mejores auspicios. Puso en marcha un conjunto de reformas económicas que dieron lugar a una prosperidad nunca antes visto. En el año 498 saneó un saneamiento del sistema monetario, que, hasta entonces, daba lugar a una fuerte inflación. La gran reforma establecida por Diocleciano y Constantino I había establecido una moneda, el solido, que por ser de oro conservaba su valor a pesar del paso del tiempo, pero no ocurría lo mismo con la de cobre, el nummo, que al depreciarse, provocaba la mencionada inflación. Para controlar dicha la inflación, fraccionó este tipo de moneda en distintos valores, mientras que aseguraba su pureza y estabilidad en relación con el solido. Las nuevas piezas se acuñaron en Constantinopla, Antioquía y Nicomedia, que continuaron siendo la moneda imperial hasta mediados del siglo VII. También hubo cambios en el ámbito fiscal: Se condonaron impuestos atrasados a provincias devastadas o con problemas para pagar; Reajustó el fisco para adecuarlo a la nueva situación de menor presión militar e impositiva; Desde tiempos de Constantino, todas las actividades comerciales quedaban gravadas con un impuesto pagadero en oro y plata, primero cada cinco años, y más tarde cada cuatro. En el año 498, Anastasio obtuvo el favor del pueblo, al abolir el impuesto del chrysargiron o collatio lustralis, por el que los bienes de los comerciantes podían ser confiscados en cualquier momento si eran necesario para el ejército. Al anularlo, las actividades económicas urbanas experimentaron un aumento en seguridad, desplegando gran energía en la administración del Imperio y satisfizo a la Iglesia. La eliminación de esta tasa restó al Tesoro de una renta considerable, pérdidas que fueron compensadas en parte con la implantación de un nuevo impuesto, la chrysoteleia (impuesto-oro o impuesto en metálico) en vez de en especies. Posiblemente fuera una contribución territorial destinada al mantenimiento del ejército, y que afectara, principalmente, a las clases más desfavorecidas; También suprimió, a propuesta de su hombre de confianza, el sirio Marino, prefecto del pretorio, el sistema por el cual las corporaciones de las ciudades (curiae) recaudaban los impuestos, que gravaban los municipios, por lo que se nombraron cargos específicos para realizar esta actividad, los vindices. Con esta medida se liberó a las clases altas urbanas de esta carga fiscal y se frenó la huida hacia el mundo rural que provocaba. Así, la administración recaudaba mayor cantidad de impuestos, mientras que los contribuyentes pagaban menos que antes. Las cargas a la economía impuestas por el Estado se redujeron considerablemente, lo que mejoró el funcionamiento del gobierno y del ejército bizantino, que ya no dependía de los bárbaros o de los isaurios. Con el tiempo su restrictiva política económica le hizo impopular y le granjeó fama de avaro, aunque consiguió acrecentar el tesoro imperial. Prohibió la celebración de combates de animales salvajes en los circos, especialmente en el Oriente devastado por la guerra pérsica, y banquetes nocturnos en la capital del Imperio. También puso en marcha un importante programa de construcciones, como la Muralla Larga, el acueducto, y el faro de Alejandría, entre otros.
En cuanto a la Materia religiosa, Anastasio fue un monofisita convencido, aunque su política religiosa fue moderada. Se esforzó por mantener el principio del Henotikon de Zenón y la paz con la Iglesia, para lo cual firmó, a instancias del patriarca Eufemio, una declaración de ortodoxia. Esto hizo que el pueblo de dividiera entre dos facciones rivales: los Azules —asociados a Justino— y los Verdes. Las dos denominaciones aludían a los colores ganados por los dos más importantes equipos de aurigas, aunque sus dirigentes eran elegidos por el gobierno, que les otorgaba deberes de guardia, mantenimiento y supervisión de las murallas defensivas. Anastasio, aunque, en un principio, intentó ser imparcial, se acabó acercando a los Verdes por sus corrientes monofisitas, mientras que los Azules estaban vinculados a la ortodoxia religiosa. En noviembre del 512, a causa de una alteración de la liturgia en las iglesias de Constantinopla, en las que se añadieron frases hirientes para el credo ortodoxo, se produjo una revuelta contra Anastasio. Se presentó en el circo ante 20.000 súbditos enfadados, se quitó la diadema y ofreció su renuncia al trono. El clamor cesó y logró calmar la situación. Sin embargo, ese mismo año, a causa de la presión popular —sobre todo de los Verdes—, se vio arrastrado a adoptar la posición monofisita; aunque esto le granjeó el apoyo de la población de Constantinopla, en la parte europea del Imperio se produjo un gran descontento, que fue aprovechado por Vitaliano, magister militum per Thracias, para organizar una rebelión en el 513, en la que participaron hunos, búlgaros y eslavos, apoyado por una importante flota. Su objetivo, fundamentalmente político, era destituir al emperador; aunque declaró que se rebelaba para defender a la Iglesia ortodoxa. La revuelta, que se prolongó durante los años 514 y 515, fue sofocada por una victoria naval del general Marino. Anastasio, a pesar de haber prometido al Patriarca de Constantinopla no poner en marcha ningún tipo de innovación en la Iglesia, comenzó por amparar y patrocinar al monofisismo, y en poco tiempo se alineó de forma clara con sus seguidores, lo que fue recibido con entusiasmo en Egipto y Siria, donde estaba muy extendido. Sin embargo, en la capital, las simpatías monofisistas del emperador provocaron gran conmoción, y cuando decretó que, como se hiciera en Antioquía, se cantase el Trisagio: “Dios Santo, Santa y única Potencia, Santa y única Divinidad inmortal, crucificado por nosotros, ten piedad de nosotros”, en Constantinopla tuvieron lugar considerables tumultos. En el año 517 recibió en Constantinopla a una delegación de sacerdotes de Roma, que intentaban presionarle para que impusiera la fe católica en sus territorios, a lo que respondió que no estaba dispuesto a permitir un baño de sangre entre sus súbditos por tratar de imponer una facción sobre el resto, y ejemplificó su talante conciliador con estas palabras: "Mi paz os dejo, mi paz os doy"; y dirigiéndose al papa Hormisdas, afirmando la autonomía de Bizancio respecto a la Iglesia de Occidente: "Vos podéis contrariarme, reverendo señor; podéis incluso insultarme, pero no ordenarme".
Anastasio I, falleció el 9 de julio del año 518, pero antes invitó a comer a sus tres sobrinos, Hipacio, Pompeyo y Probo, y les hizo preparar tres lechos para descansar después del convite. Bajo la almohada de uno de ellos había colocado un pergamino con la palabra latina REGNUM ("reino"); había decidido que el que lo encontrase fuese su sucesor al frente del Imperio. Sin embargo, dos de ellos, cuyo afecto parece haber ido algo más allá de los lazos familiares, compartieron una cama, y el que ocultaba el pergamino quedó intacto. Tras este fracaso, determinó que heredaría el Imperio el primero que entrara en su habitación al día siguiente. La suerte le fue propicia a Justino, comandante de su guardia. Es improbable que esta historia sea cierta. Lo más verosímil es que Justino se alzase con el poder una vez fallecido el emperador.
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