DINASTÍA CONSTANTINA
Constancio nació el año 317 en Sirmio (Panonia). Fue el tercer hijo de Constantino el Grande y el segundo de su matrimonio con su segunda esposa, Fausta. Su padre le nombró césar el 8 de noviembre del 324. En el 336, los disturbios religiosos que tuvieron lugar en Armenia junto a las tensas relaciones entre Constantino y el rey Sapor II fueron la causa de la ruptura entre Roma y la Persia sasánida. Constantino cayó enfermo, por lo que envió a Constancio al este al mando de las tropas de la frontera oriental. Antes de su llegada, el general persa Narses —posiblemente hermano del rey—, entró con sus tropas en Mesopotamia y tomó la ciudad de Amida, por su parte, Constancio le atacó y, tras sufrir algunos reveses iniciales, lo derrotó, dándole muerte en la Batalla de Narasara. tomó Amida y fortificó la ciudad, aumentando la longitud de sus murallas y construyendo nuevas torres; además construyó una nueva fortificación cerca de la ciudad, nombrándola Antinópolis. A comienzos del año 337, Constancio, al recibir noticias de que su padre se moría, acudió a Constantinopla y, tras su muerte, hizo que le enterraran, con una gran ceremonia en la Iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla. A continuación, Constancio, ordenó una matanza para acabar con los descendientes del segundo matrimonio de su abuelo paterno, Constancio Cloro, aunque se desconocen todos los detalles de la misma, se sabe que acabó con dos de sus tíos y con seis de sus primos. De los parientes varones de Constantino el Grande, la masacre solo dejó con vida a Constancio, a su hermano mayor Constantino II, a su hermano menor Constante y a tres primos: Constancio Galo, Juliano, y Nepociano. Poco después, se reunió con sus hermanos en la ciudad de Sirmio (Panonia), para repartirse del imperio. Allí acordaron que Constancio recibieran las provincias orientales: Constantinopla, Tracia, Asia Menor, Siria, Egipto y la Cirenaica; Constantino II recibió: Britania, la Galia, Hispania y Mauritania Tingitana; mientras que Constante, al principio bajo la supervisión de Constantino II, recibió Italia, África, Ilírico, Panonia, Macedonia y Acaya. Los tres fueron proclamados augustos el 9 de septiembre de ese mismo año, en Constantinopla. A continuación, Constancio se dirigió hacia Antioquía, para resolver la guerra con Persia, ya que, mientras que se encontraba lejos de la frontera oriental a comienzos del 337, Sapor reunió un gran ejército, con varios elefantes de guerra, lanzando un ataque en el que arrasó Mesopotamia y asedió Nisibis. Asedio que, a pesar de obtener un éxito inicial, tuvo que abandonar después de que su ejército perdiese la oportunidad de reventar el muro para derrumbarlo. Situación aprovechada por Constancio para realizar un contraataque que derrotó a las fuerzas enemigas. Bajo el reinado de Sapor II, Constancio tuvo que defender, en repetidas ocasiones, la frontera oriental de las invasiones del Imperio Sasánida. Conflictos que se limitaban a asedios de las mayores fortalezas de la Mesopotamia romana. En muchas de estas confrontaciones, Sapor parecía salir victorioso, aunque no fue capaz de obtener grandes resultados; mientras que, los romanos obtuvieron una victoria decisiva en la Batalla de Nasarara, donde dieron muerte al hermano de Sapor, Narses y lograron la retirada de los sasánidas. Mientras esto sucedía, Constantino II pretendía obtener el control de los territorios de Constante, lo que llevó a ambos hermanos a una guerra abierta, siendo Constantino II asesinado en el año 340 cerca de Aquilea durante una emboscada. A consecuencia de lo cual, Constante tomó el control del territorio de Constantino II y se convirtió en el único gobernante del Imperio de Occidente. Territorio que abarcaba dos tercios del total del Imperio. Esta división se mantuvo hasta el 350, cuando Constante fue asesinado por fuerzas leales al usurpador romano Magnencio.
Constancio tuvo un particular interés en los asuntos religiosos del Imperio romano. Como emperador cristiano, hizo un gran esfuerzo para promover el cristianismo a expensas del politeísmo romano. Promulgando varios edictos en ese sentido y, tomando parte activa en dar forma a la Iglesia. A pesar de algunos edictos promulgados por él, no intentó disolver los colegios sacerdotales de vírgenes vestales, ni actuó contra las escuelas paganas. Ordenando la elección de un sacerdote para África. Mantuvo el título de pontifex maximus y fue deificado por el Senado Romano tras su muerte. Su moderación hacia lo pagano se refleja en el hecho de que, después de su muerte, durante el reinado de Graciano, ningún senador pagano protestó sobre el trato que Constancio le había dado a su religión. Aunque, a menudo, se le ha considerado como arriano, lo cierto es que prefería una versión que estaba entre el arrianismo y el credo de Nicea, y que osciló entre los homoiousianos y los homeos. Durante su reinado, intentó moldear a la Iglesia para que subscribiese su posición, convocando varios concilios cristianos. El más importante de éstos fue el Concilio de Rímini, y su gemelo en Seleuca, celebrados en los años 359 y 360 respectivamente. Concilios que no están reconocidos como ecuménicos en la tradición de la Iglesia y que él no es recordado como un restaurador de la unidad, sino como alguien que impuso a la Iglesia una herejía arbitrariamente. El judaísmo se enfrentó a algunas restricciones severas bajo su gobierno, que parece siguió una política antijudía en la misma línea que la de su padre. En los comienzos de su reinado, promulgó un edicto doble junto con sus hermanos limitando la propiedad de esclavos para los judíos y prohibiendo los matrimonios entre judíos y mujeres cristianas. Un edicto posterior, ya como único emperador, decretaba que el Estado le podría confiscar sus propiedades a una persona cristiana que se hubiera hecho judía; a pesar de lo cual, sus acciones para controlar este asunto podrían no haber sido tan intensas como los asuntos relacionados con los negocios judíos. Constancio podría haber tratado de otorgar una ventaja a las empresas de propiedad estatal mediante la limitación de los trabajadores cualificados y los esclavos disponibles para los negocios judíos. Constancio II es una figura difícil de juzgar, de forma apropiada, debido a la hostilidad de muchas de las fuentes que hablan de él. En los escritos de Amiano Marcelino, aparece como un emperador con conciencia, pero vanidoso y estúpido, tímido y suspicaz, una presa fácil para los aduladores.
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