Macron ha dado con la tecla porque ha construido su victoria en unos pocos meses. Hace un año, él era un desconocido, pero hoy, con 39 años, es el presidente más joven de la V República y la encarnación de una política nueva que no es totalitaria ni intervencionista, ni populista, ni enemiga de la libertad.
Trasladada a España, la victoria de Macrón representa la victoria contra toda nuestra política existente, contra el PP, el PSOE, Podemos, Ciudadanos y esos nacionalismos egoístas e insolidarios representados por el independentismo catalán, promotor del odio, la crispación y el desprecio corrupto a toda democracia auténtica.
De todos los rasgos representados en la victoria de Macrón hay dos que sobresalen: el retorno de la concepción liberal de la política y la derrota de la vieja política intervencionista, en la que el protagonismo era del político y del Estado, nunca del ciudadano y de la sociedad civil.
Aunque le han votado dos de cada tres de los franceses que acudieron a las urnas, su victoria ha sido limitada porque hay nada menos que doce millones de franceses que se abstuvieron o votaron en blanco o nulo, lo que representa que muchos no terminaron de fiarse de los nuevos mensajes y promesas.
Algunos le llaman "el Obama europeo", pero si eso fuera cierto su victoria habría sido un engaño. Si Macrón es auténtico y es lo que dice ser, el hipócrita Obama, estrecho aliado del establishment, también fue derrotado ayer en Francia.
Ahora Macron tendrá que demostrar, desde el Eliseo, que su victoria fue realmente el triunfo de esa regeneración y retorno a la libertad y a la ciudadanía que el mundo está esperando y no una victoria del marketing.
Francisco Rubiales