Esta cita pertenece a un libro bastante olvidable: La casa de la seda, de Anthony Horowitz. Es una novela que te puede gustar si eres muy fan de las historias de Sherlock Holmes, pues narra una aventura más de Sherlock (a petición de los herederos de Doyle) con una fidelidad a la obra original difícil de igualar. El autor capta a la perfección la esencia de los personajes, así como la estructura de los casos y la investigación, además de usar un lenguaje y un estilo muy similar al del original. La trama, más oscura de lo habitual, no me interesó mucho por la gran cantidad de descripciones y el ritmo lento. Pero para gustos, colores. Si os interesa darle un vistazo a la reseña, la podéis leer aquí.
Pasando a la cita, tiene un significado claro: la pobreza hace que los niños no tengan infancia. Cuando la apunté, coincidía con esa afirmación; sin embargo, ahora lo veo de otra manera. ¿Qué es la pobreza? ¿Que tus padres no puedan comprarte los mismos juegos que tienen tus amigos ni llevarte a los mismos sitios a los que les llevan a ellos? ¿Tener que trabajar junto a tu familia? ¿No ir al colegio? Bueno, muchos de nuestros abuelos, cuando eran niños, no tenían los lujos que tienen los niños de ahora, no iban al colegio y ayudaban en el campo. Eso no significa que no tuvieran infancia.
No creo que sea la pobreza lo que hace que un niño deje atrás la infancia pronto, sino la carga de responsabilidades. No es lo mismo trabajar en el campo ayudando a tu familia que trabajar para sostener a tu familia; no es lo mismo no disponer de juguetes que no disponer de tiempo para jugar o hacer amigos; no es lo mismo no ir al colegio que no poder dedicar tiempo a formarte. Si te crías en una familia pobre que te quiere, te apoya y te libra de todas las responsabilidades posibles, puedes tener infancia.
En cambio, puedes pertenecer a una familia rica y no tener infancia. Pienso en esos padres ausentes que dejan a sus hijos con una niñera nueva cada año, que exigen buenas notas, que les obligan a asistir a un montón de extraescolares y clases particulares, que les dan de todo, excepto tiempo para ser niños. Eso tampoco es tener infancia.
En mi caso, diría que dejé atrás la infancia a partir del momento en que empecé el bachillerato. A mis padres siempre les había importado que sacara buenas notas, pero eso no fue realmente relevante hasta la Selectividad, junto a la decisión de qué carrera hacer, una carrera que determinaría mi futuro. Y a partir de ahí, las responsabilidades han ido en aumento. Ahora tengo pareja, una casa y un trabajo fijo. Ser adulto no parecía tan difícil cuando era niña, pero hay tantas responsabilidades, tanta carga mental, que a veces los días se me hacen un mundo.
Y eso es un poco todo. ¿Qué opináis vosotros? ¿Qué os parece que hace que un niño deje de tener infancia? ¿Cómo influye la pobreza? ¿Cuándo consideráis que empezasteis a ser adultos?