Gabo y Fidel, comentario sobre un texto de Rafael Narbona

Publicado el 21 abril 2014 por Romanas
Lo que yo no voy a hacer, de ningún modo, es aplicarle a Rafael Narbona, RN, el mismo método que él ha usado en la deconstrucción de Gabriel García Marques. La primera vez que leí a RN, hablé sinceramente de deslumbramiento y sigo creyendo que no exageraba.  Pero, claro, RN no es ni más ni menos que un hombre y como tal es capaz de escribir artículos como los que motivaron mi deslumbramiento y, luego, cometer ese pecado que apenas ayer cometió criticando acerbamente a uno de los hombres más importantes que ha producido nuestra ideología. Y digo “nuestra” porque estoy absolutamente convencido de que él y yo creemos lo mismo sobre todas las cuestiones del pensamiento y de la historia. Me he cansado de leer todos estos días ferocísimas críticas a nuestro Gabo.  ¿Por qué lo han criticado tan duramente toda esa facción de la ultraderecha que anida en todos, menos 2, Público y el plural.com, de la prensa cuasi oficial española? Simplemente porque, junto al Che Gevara, es uno de los iconos de la izquierda mundial. Es por eso por lo que me ha extrañado tanto la crítica de RN porque lo ha situado a éste junto a lo más pútrido de la intelectualidad pepera. Por supuesto que Gabo no era un santo, yo, tampoco lo soy, el otro día narraba yo por aquí cómo había intentado meterle mano a 2 de las señoras que vienen a cuidar de mi mujer. “Homo sum et nihil humanum mihi alienum puto”, soy hombre y considero que nada humano me es ajeno. A lo peor, para él, alguien se ha escandalizado totalmente por esto y me ha descalificado para siempre. Se equivoca, sé también como él, que este intento mío es absolutamente reprobable, pero yo no tengo la culpa sino la naturaleza de seguir manteniendo un líbido muy activa que sigue llenando mi sangre de humores sexuales que se van acumulando en ella hasta que explotan, por ejemplo, en lo que hemos dado en llamar sueños húmedos. El padre espiritual de todos nosotros, Marx hizo lo mismo, sólo que con más éxito, con una de las criadas que le atendía a la que engendró un hijo. Volviendo a Gabo, tal vez el error de RN se produce al comparar dos hombres tan radicalmente distintos como eran éste y el Che. El Che era una especie de Jesucristo cuya pasión existencial era predicar la revolución armada contra toda clase de tiranía. O sea, su vida, su aspiración máxima era llevar la revolución adonde fuera necesaria al precio incluso de su propia vida. Tenía, quería morir en el empeño y lo consiguió. Era el prototípico hombre de acción a pesar de ese asma que tanto le afligía. Gabo era su contratipo. Había nacido para escribir y fue lo que hizo mientras pudo. También lo hizo hasta el final pues nos dicen que ha dejado una novela inédita. RN critica al Gabo porque se hizo rico con sus libros y porque le gustaba vivir bien. Yo no me he hecho rico con mis libros pero me gusta muchísimo vivir bien. Ya he contado por aquí lo que me sucedió hace ya algún tiempo cuando llevé a mi mujer, enferma de alzhéimer, a un hospital de Alicante, único por estas tierras que realiza un diagnóstico electrónico cerebral de cuyo nombre no me acuerdo. Como sabía que la prueba duraba varias horas, me llevé para ocuparlas el libro ¿Que es la literatura?, de Sartre, que dejé un momento sobre mi asiento para ir al water. Cuando volví una señora estupenda, había cogido el libro y curioseado y me dijo algo muy parecido a lo que ha heho RN con el Gabo: “Oiga, y usted, un comunista, ¿cómo ha traido a su mujer a que la vean aquí, en una clínica para supermultimillonarios?”. No le contesté, como no lo he hecho estos días contra esas legiones de infames periodistas y críticos literarios que han intentado destrozar al Gabo. El Gabo es el Gabo como Cervantes es el manco de Lepanto y Shakespeare el cisne de Avon. ¿Es necesario defender a éstos? ¿Por qué va a serlo, entonces, defender al Gabo, de qué, de haber manejado como nadie lo hacía desde hace muchos años nuestro idioma? Por favor, el Gabo invirtió toda su puñetera vida en prepararse para escribir Cien años de soledad y ya ésta. El mismo día en que terminó su tarea podría haberse retirado a una isla paradisíaca a vivir no de las rentas sino de la nada porque ya no tenía nada que hacer después de haber escrito uno de esos 8 o 10 libros absolutamente universales. Pero el pobre tuvo que seguir viviendo como un simple mortal, o sea, como v. y como yo, pero no lo era. Buscó frenéticamente algo más que hacer pero no lo encontró, porque no podía hacerlo, sí, es cierto, que, despuès de hacerlo escribió El otoño del patriarca, pero esto ya era otra cosa y él lo comprendió. Tal vez no debió de volver a escribir jamás, pero era su vicio, como el mío es el del jodido y puñetero sexo. Entonces, comenzó a buscar amigos con los que estar a gusto. Y uno de los que halló no fue ni más ni menos que Fidel Castro. Su amistad ha durado hasta su muerte. ¿Qué más quieren los críticos izquierdistas de este hombre? Se había ganado el derecho a vivir todo lo bien que se pueda vivir en este mundo. Después de escribir los Cien años, ¿qué otra cosa tenía que hacer, mostrar decididamente cuál era su pensamiento político?  Eligió como amigo a Fidel. Coño, yo a Fidel no lo tengo como amigo sino como mucho más, mi ídolo, mi maestro. Fidel sí que vive pobremente, porque yo lo he visto, hasta un extremo cuasi monacal, pero él no era un escritor sino un político comunista que tenía en sus manos todo el poder de un pueblo y tenía que dar ejemplo y lo dio y lo está dando y lo dará hasta que se muera. No nos confundamos, no usemos nuestro cerebro como si fuera una perfecta máquina de razonar porque no lo es. A todos los que sufren esta tentación, yo les recomiendo la lectura de 2 libros indispensables: La derrota del pensamiento y El pensamiento débil. “La debilidad del pensamiento en relación al mundo y a la sociedad representa un aspecto de impasse en el que el pensamiento ha desembocado después de su aventura metafísica. Lo que importa ahora es volver a considerar el sentido de esa aventura y explorar los caminos que permitan ir más allá. La expresión pensamiento débil no es el emblema de una nueva filosofía: es una manera hablar provisional y quizá contradictoria que señala un camino posible, un camino que se aleja de la razón-dominio, aunque con la imposibilidad de abandonarlo definitivamente”.