Revista Cocina

Gala final del I Premio Nacional de Cocina Viejuna

Por Biscayenne
¡Que suenen las fanfarrias! Están ustedes personalmente invitados a la Gran Gala final del I Premio Nacional de Cocina Viejuna. Hagan el favor de ponerse la bisutería buena y la corbata de moiré antes de seguir leyendo, se requiere atuendo de cóctel de gambas.
Hubiera estado bien hacer este gala en streaming, conectando con los distintos miembros del jurado para que emitieran sus votos en directo y copazo en mano. Guayominí duse puá, Espein eit poins. Todo se andará y esa fantástica idea, con más audiencia potencial que Eurovisión y la Super Bowl juntas, será tenida en cuenta para próximas ediciones. Este año se tendrán ustedes que contentar conmigo vía palabra escrita, aunque no me vean el collar de perlas ni la estola de astracán siberiano.
Gala final del I Premio Nacional de Cocina Viejuna
Al lío, que sé que estáis hiperventilando.
Tal y como dije en las bases del concurso "si hubiera una épica pugna entre varios contendientes o alguien mereciera un premio especial a la horterada y la simpatía, se podrá añadir un premio accésit." Así ha ocurrido, porque el jurado súper profesional y desinteresado ha votado mayoritariamente una obra, y yo, que soy una sensiblera de blando corazón, he incluido a otra que también merece reconocimiento moral.
El palmarés queda así:
  • El primer premio, otorgado al mejor cocinero viejuno de España por su esfuerzo, magnífica elaboración y mejor presentación es para "pastel de merluza con escamas de pepino", de Sara Luengo Jiménez. Autora del blog El nido de mamá gallina, Sara perpetró una maravillosa receta culmen de la cocina viejuna, como todos los míticos pasteles de pescado con forma de ídem y adornados hasta la extenuación. Adornado con profusión de guarniciones incomibles, este pastel de merluza tenía además la interesante cualidad de estar bueno, y según su inventora, duró lo justo para hacerle las fotos.

Gala final del I Premio Nacional de Cocina Viejuna

Fijaos en el detalle de las rodajas arquitectónicas de naranja y limón

Según Sara, ha tenido cierta ventaja a la hora de presentarse al premio porque en su juventud, marcada por el uso excesivo de la laca y los cardados, se hinchó a adornar fuentes de ensaladilla con flores de pimiento. En esta entrada de su blog podéis ver todas las fotos del proceso e incluso la receta por si os atrevéis a replicarla.
Por su gran interpretación de lo mejor del horterismo culinario, Sara se lleva el premio gordo: Una cámara de fotos Polaroid PIC300 de Polaroid cedida por nuestros amables patrocinadores de Reflecta, una preciosa cafetera italiana marca Moka de los años 70 de la mano de Cachivache Vintage, un ejemplar firmado y dedicado por Mikel López Iturriaga alias El Comidista de su último libro "Las 202 mejores recetas de El Comidista", y sacados de mi propia colección Diógenes, una balanza de cocina alemana marca Stube en naranja fosforito y el libro de cabecera del guisandero viejuno, "La gran enciclopedia de la cocina" de 1964.
Gala final del I Premio Nacional de Cocina Viejuna

  • El premio accésit a la simpatía y la colaboración familiar se lo lleva el "menú de picoteo viejuno" de Adriana Consuegra Navarro, que con la ayuda de su madre Yolanda, su hermano Lucas y su tía Rosamen se vino muy arriba y montó una mesa de bufé digna del certamen Linda de España. Adictos al subidón de la cocina viejuna, no pudieron elegir solamente una receta e hicieron nada menos que siete (enlace al pdf con todas las recetas y fotos). Canapés de fiambre, de sardina, fantasía lisérgica mar y montaña en homenaje a Alicante, pericana, salmón marinado y brazo de gitano, todo regado con un estimulante refrigerio de vermú, vodka y Picón para embolingarse a gusto.
Gala final del I Premio Nacional de Cocina Viejuna
Gala final del I Premio Nacional de Cocina Viejuna
Adriana andaba con muletas esos días y requirió la ayuda impagable de su troupe familiar para recrear este festival de sabores basado en las recetas que coleccionaba su yaya. De ella heredaron su amor por la cocina viejuna y trampantojil, y recuerda con cariño los "huevos fritos" que preparaba su abuela con melocotón en almíbar, clara a punto de nieve y calabazate.
Por su entrañable historia, por la impagable fantasía mar y montaña en homenaje a los locas esculturas de setas de Alicante y por hacerme la pelota diciendo que van a instaurar una comida familiar anual de recreación viejuna, Adriana se lleva varios premios: otro magnífico ejemplar de "Las 202 mejores recetas de El Comidista", firmado con emoción por su autor Mikel Iturriaga, el juego de café irrompible de seis servicios de Duralex, una tetera alemana de los años 80 de estilo ranciamente kitsch y un indefinible libro de "La colección del ama de casa", para que siga perpetrando estos horrores.
Esto es todo, amigos. La próxima edición será más grande, mejor y con mucha más purpurina si cabe. Trabajaré duro durante los próximos 10 meses para que el Premio Nacional de Cocina Viejuna se convierta en una tradición patria, al nivel de otras rancias instituciones como la partida de tute después de comer y la bata de boatiné.
Agradezco de todo corazón vuestro interés y obsesivo seguimiento de esta primera edición, y por supuesto a los que la han hecho posible: los valientes que se han presentado, los que lo intentaron y quedaron atrapados en una debacle de gelatina y mayonesa, al magnífico jurado de brillos y oropeles (Iker, Anna, Mónica, Albert, Mikel, Pamela, Cristina, Roberto y Carmen) y a los maravillosos patrocinadores sin los que el premio sería una birria, Reflecta Polaroid, Cachivache Vintage aka. los Quiroga Páez y El Comidista.
Gracias a todos por vuestra ayuda y por rescatar del limbo a la cocina viejuna; madre, hija y espíritu santo de la gastronomía moderna, con la que todos crecimos y a la que debemos tanto.
Nos vemos el próximo año en la gala de Torremolinos.
Gala final del I Premio Nacional de Cocina Viejuna

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