Que nadie piense que que estoy tildando de nazis a los empresarios, pero acabo de leer un libro que me ha sorprendido. Es Libres para obedecer del historiador Johann Chapoutot y donde aparece la historia de Reinhard Höhn, un jurista y Obergruppenführer de las SS que, acabada la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en uno de los personajes más influyentes en la gestión empresarial de la nueva República Federal de Alemania.
Höhn adaptó este concepto militar a la empresa en la que el alto directivo delega el trabajo y la responsabilidad a un mando intermedio que se encargará de llegar a los objeticos marcados. Este tendrá cierta autonomía para llevarlo a cabo. Según Höhn: "los colaboradores no son dirigidos por órdenes precisas [...]. Al contrario, disponen de un campo de acción bien definido donde son libres de actuar y de decidir de manera autónoma". Esta delegación y autonomía tiene truco. La jerarquía permanece escondida, aunque da la sensación de desaparecer y no se comparte el poder de decisión dentro de la empresa. El alto directivo controla los resultados. Si estos no se logran no son responsables, la culpa recae sobre los mandos inferiores y de ahí a la base, los empleados. Supuestamente estos eran "libres de cumplir las órdenes" pero en realidad estaban "condenados a triunfar”. El empleado establece su objetivo dentro de un marco que escapa a su control. Todos los parámetros son realmente marcados por la empresa, su dirección y sus supervisores. El trabajador no tiene más libertad que la que la autoridad superior decide otorgarle, la cual ha internalizado inconscientemente y, que por lo tanto, acepta acatar.
Esta idea de gestión se complementaba con otra proveniente del ideario nacionalsocialista y el III Reich: la empresa se presenta como como una Gemeinschaft o comunidad. Asi todos y cada uno de los empleados forman parte de esa comunidad o familia. De este modo el régimen nazi creó una sociedad en la que el individuo no es nada, tan solo una pieza del engranaje de la sociedad en la que el estado es todo. Es la idea del Volksgemeinschaft o comunidad popular. La concepción en la que se vende que todos formamos parte de una familia no es más que una herramienta de control y manipulación social. En realidad ni el Estado es nuestro ni la empresa tampoco. No en vano, Höhn fue uno de los artífices del movimiento völkisch.
Según cuenta Chapoutot en su libro, el modelo de Höhn marcó el mecanismo empresarial alemán y por extensión al resto de Europa, especialmente hasta la década de los 80. Para mostrarlo usa el caso de un antiguo directivo de Aldi, que utilizó sus principios sin fisuras en la que la empresa “vivía del control total y del miedo” sin permitir el individualismo ni la disidencia, idea que pervivió durante todo el régimen nazi y que presento también en mi libro "Propaganda Nazi".
Para saber más: Libres para obedecer, de Johann Chapoutot Propaganda Nazi, de Juanjo OrtizWikipedia El País
El Confidencial
La Vanguardia