Grandes navegantes portugueses: Bartolomé Díaz y Vasco Da Gama

Por Joaquintoledo

Bartolomé Díaz y Vasco Da Gama

La tradición nos cuenta que desde muy pequeño, Bartolomé quiso ser marino, y en realidad, para la época, todo aquel que aspiraba a esto debía esforzarse y estar en permanente contacto con el mar. La tradición de su familia, auténticos amantes del mar, lo precedía. Además, el entorno en el que nació, en el cual sus compatriotas, sólo pensaban en surcar los mares, fue vital. Los descubrimientos de sus hermanos portugueses en África, la expedición que cruzó el Ecuador, el oro y el marfil que eran traídos de esas lejanas y extrañas tierras, todo parecía un sueño para él. La historia no tiene muy bien registrada la fecha de su nacimiento, pero se estima que fue alrededor del 1460. Pero Bartolomé sabía que para aprender del mar, tenían que aventurarse en él. Desde joven realizó viajes, y participó en expediciones a Guinea, de donde trajo por su cuenta oro y marfil. Su valor, habilidad y dotes para la navegación le valieron el reconocimiento del soberano Juan II, quien le encomendó una expedición de exploración a la costa africana. Salió de Portugal en 1481, navegó varios meses, exploró, conoció, experimentó, levantó algunos mapas, hizo anotaciones. Al volver causó tanta admiración del monarca que lo recompensó con dos cosas, haciéndolo miembro de la casa real y confiándole una nueva misión en el futuro.

Dicha misión dio inició en 1487 con el fin de buscar la isla de Madagascar, o isla de Luna como era llamada, además de hallar el reino del Preste Juan, es decir Etiopía. En conclusión su viaje equivaldría a rodear África y encontrar definitivamente la ruta a oriente, aunque por supuesto, la noción que se tenía del litoral africano era muy distinta a lo real en aquellos tiempos. Bartolomé Díaz aceptó el reto y utilizando informes del explorador portugués Covilhan, quien paso de Venecia a Egipto y vía Mar Rojo llegó a Adén y luego a India y posteriormente a Etiopía, se embarcó con sólo tres naves y puso rumbo al sur, a costas africanas no conocidas hasta el momento. Cuando cruzó el Ecuador, el frío se hacía más presente, muchos temieron y quisieron volver, luego vendría una tempestad que los tuvo al borde de la muerte durante casi dos semanas. Se dice que fue tan fuerte la tormenta, que las embarcaciones, las más modernas de la época, parecían simples canoas. Díaz trató de mantenerse cerca de la costa siempre, pero la borrasca los había arrojado de lleno al mar. Cuando el mar volvió a su cauce y también su orientación se percató de que las tierras se extendían hacia el norte, ya no hacia el sur. Para confirmar sus suposiciones momentáneas, decidió continuar hacia el norte, y siguió habiendo tierra, confirmando así, parte de la tarea que le había sido encomendada, pues decidió no arriesgarse más y no continuar hacia oriente sino estaba bien preparado, otras fuentes señalan que un botín lo obligó a regresar. Pero ya había doblado el cabo principal de África, ahora podía regresa a su país a dar la buena nueva. Al pasar, algo temeroso por el cabo otra vez en el viaje de vuelta pensó en un nombre y lo colocó en el mapa. En diciembre de 1488, luego de 16 meses y 17 días de viaje fondeaba sus naves en Lisboa y, al entrevistarse con el rey, le mostró el nombre que le había colocado al cabo, nada más acertado, Cabo de las Tormentas, sin embargo el rey lo rebautizó como Cabo de Buena Esperanza por tratarse de un descubrimiento tan beneficioso para la corona y el mundo occidental, nombre con el cual es conocido hasta ahora.

Entre otros logros de la época podemos señalar los de Pedro da Covilha y Vasco da Gamma, al explorar Mozambique, en 1489 y 1498 respectivamente, dos años más tarde. En 1490 Pedro de Covilhã alcanzó Abisinia, en Etiopía. Pero el peor error de Portugal también vendría por estos años, cuando el rey Juan II rechazó la propuesta de Colón de la ruta hacia occidente, y cuando al parecer la encontró en 1492 los portugueses, probablemente, se sintieron muy desalentados. Con la llegada al Nuevo Mundo, la guerra se cernía sobre ambos países, por ello el Papa Alejandro VI, propuso por medio de una bula, la división del mundo en dos, es decir una línea demarcatoria que distingan las posesiones de España y Portugal, ubicada a 100 leguas al oeste de Azores. Pero Portugal se mostró inconforme y la línea volvería a ser negociada, quedando establecida en 1494, mediante el Tratado de Tordesillas, más aceptable, pues ubicaba el meridiano limítrofe a 370 leguas al oeste del Cabo Verde. Gracias a esto pudo conseguir posesiones en América del sur, lo que hoy es Brasil, en la práctica los portugueses irían más allá e ignorarían totalmente todos estos tratados. Volviendo a los navegantes, Bartolomé Díaz se mostró muy satisfecho al saber que su descubrimiento traía progreso a su pueblo, y casi diez años más tarde, el 8 de julio (otras fuentes dicen el 5 de junio) de 1497 partía nuevamente rumbo a África, acompañando la flota de Vasco Da Gama de cuatro buques y 150 hombres, sin embargo, en el trayecto, Bartolomé se separaría, precisamente en la isla de Cabo Verde, para comerciar con algunos países de la costa africana. Acompañaría a Cabral en la expedición que exploró Brasil, lamentablemente, durante el viaje de retorno, en el otoño del año 1500 su barco naufrago, el 29 de mayo para ser precisos y muy cerca del cabo de Buena Esperanza que lo inmortalizó, nunca más nadie tuvo noticias sobre él. El océano, su gran pasión, había sido también su verdugo, su tumba, había muerto en su ley.

El hecho es que el rey Manuel I había enviado a Vasco Da Gama para retomar el viaje inconcluso de Díaz, para conseguir al fin la ruta a la India. La elección del primero, como jefe, fue acertada, pues era un gran navegante, buen soldado y con grandes cualidades políticas. Había nacido en Sines hacia el 1460, un puerto próximo a Lisboa y desde pequeño mostró pasión por el mar, quizá por la cercanía con la que lo encontró. Tenía origen noble, y como militar había ejercido en campañas contra los moros. Al partir de Lisboa en medio de una gran multitud no sabían muy bien como ni cuando llegarían, navegaron durante meses, navegando zonas calurosas, frías, vientos y una que otra tormenta, por lo cual la tripulación se atemorizó y exigió el regreso. Pero no se permitiría algo similar a lo que ocurrió con Bartolomé Díaz, por ello Vasco Da Gama ordenó encadenar en la cala a los asustados y revoltosos del motín. El viaje continuó. Dio la vuelta en el célebre cabo y puso rumbo al nordeste. En el trayecto se topó con una embarcación musulmana, que aceptó ser su guía. Luego de diez meses de navegación, Vasco Da Gama desembarcó en Calicut, la India, hoy en día Calcuta, el 20 de mayo de 1498. Era el primer europeo en llegar a India bordeando África. Todos se sintieron satisfechos, pero el rajá Zamorin no fue muy cordial que digamos con su llegada, no obstante los portugueses ya habían echado un vistazo al lugar, y comprobaron lo rico que era este en cuanto a especias, piedras preciosas, flora, fauna.

Vasco Da Gama viviría mil y una aventuras, como el embarrancamiento de dos de sus naves, escorbuto, sublevaciones de sus propios hombres, el ataque de los barcos de Zamorin, aunque más tarde llegaría a entablar cierta amistad con él, en fin, entre otras cosas, ocasionaron que la flota se disperse. A duras penas, consiguieron regresar, el 10 de julio de 1499 llega a Lisboa el barco de Nicolás Coello, y el 8 de septiembre el de Vasco Da Gama, algo retrasado a causa de la muerte de su hermano Pablo, quien capitaneaba una de las naves. Muchos otros tripulantes fallecieron, víctimas del mar, de las enfermedades o de los extranjeros, además que el viaje estuvo lleno de privaciones. La tripulación sobreviviente, Vasco Da Gama incluido, estaba agotada, pero reconfortados al saber que habían encontrado una ruta hacia la India. Además, el jefe de la flota, recibió el título de Gran Almirante de las Indias, además de una renta anual de 300 mil reales para él y sus descendientes. En el 1502 Vasco volvía a partir con 1000 hombres en unas 20 naves, totalmente equipados. Al llegar a la India fundó el Virreinato de Goa, que sería consolidado años después por Almeida y Alburquerque, también se establecieron algunos puertos en la costa de Malabar, en Kerala y en Gujarat. En África oriental también caían pequeños estados islámicos tales como Malinda, Kilwa, Mombasa, Brava y el sulfanato de Zanzíbar, convirtiéndose en territorios del imperio. La vida impecable hasta aquel momento de Vasco, se vio opacada por el proceder cruel que tuvo contra los pueblos y gobernantes de la India , por ejemplo capturó un barco con peregrinos que se dirigían a la Meca y los mató sin razón aparente, estas y otras atrocidades mancharon su nombre, haciéndole perder reconocimiento ante la monarquía. En cuanto al soberano ya desde el año 1500, Manuel I se había proclamado “señor de la conquista, navegación y comercio de la India, Etiopía, Arabia y Persia”. No era para menos, pues los logros de los navegantes portugueses llegaban uno tras otro, echemos un vistazo: Socorra fue ocupada en 1506; Pedro Álvarez Cabral y fue explorada por Tristán da Cunha en 1507; se llegó a la cercana isla de Mauricio el mismo año y D. Lourenço d’Almeida ya estaba en Ceilán (actual Sri Lanka), estableciendo puertos comerciales en lugares tan lejanos. Con la batalla naval de Diou o Diu en 1509 contra los se consolida la posición portuguesa en el índico, derrotando a flotas mamelucos y otomanas. Los barcos portugueses eran numerosos y contaban con tripulaciones experimentadas, probablemente los más duchos de todo el mundo en aquel momento, quienes recorrían raudamente mares de África, India, Labrador y Brasil. Gloriosos eran aquellos días en que podía decirse que el país era el rey de los mares. ¿Más conquistas? Adén se tomó en 1516, punto que los portugueses dominarían durante 22 años, y junto al castillo de Socotora, serían posiciones clave para controlar el Mar Rojo y todo la ruta de las especias.

En lo que concierne al resto de la vida de Vasco Da Gama, regresó a Lisboa, disfrutó de su riqueza y en 1524, cuando ya gobernaba Juan III, fue enviado otra vez a la India, como virrey para resolver algunos inconvenientes dejados por su antecesor. A los pocos meses de su estadía, murió allí, sus restos serían regresados a Portugal, donde aún descansan en la iglesia de los jerónimos de Belém, muy cerca del poeta Camoens, quién tras vivir en Goa lo inmortalizó en Las Lusíadas. En 1514 Jorge Álvares llega a China. En 1543 Francisco Zeimoto, António Mota y António Peixoto son los primeros europeos en alcanzar Japón. Estas lejanas conquistas y exploraciones, se debieron en parte al Tratado de Tordesillas y a las garantías de las exploraciones por el este que este ofreció, y así se pudo llegar a Malucas, Macao (1557), Nagasaki, entre otros. Los portugueses dieron un aporte cultural a estas tierras y con la ayuda de misioneros jesuitas difundieron el cristianismo católico.

Pero, además de las ventajas geopolíticas con las que contaban, ¿qué ayudó a los portugueses en sus primeros viajes que los llevaron a constituir un imperio? El ingenio humano estuvo de su lado una vez más. La introducción de la carabela, en reemplazo de barcas y barineles facilitaba y hacía más eficiente la navegación. La herencia árabe se hizo presente con el astrolabio y también con el sextante, así como los aportes en astronomía no sólo de esta cultura sino de todo el conocimiento humano acumulado respecto a ello con el transcurso de los siglos. También usaron tablas de inclinación del sol en función del día, en una etapa posterior a 1483. En pocas palabras era toda la tecnología más avanzada en cuanto a navegación, de la época. Ahora bien, ¿estos descubrimientos servirían para ampliar nuevos mercados y abastecer a una convulsionada Europa, y además en pos del mejoramiento de la vida de seres humanos que habitaban otros lares?, ¿para un pacífico intercambio cultura?, ¿o acaso para dar inicio a una nueva etapa de la historia?, es decir, hablamos del ingreso del sistema económico capitalista, en su etapa inicial, el mercantilismo, bases que más tarde desembocarían en el imperialismo. Con los descubrimientos portugueses, se daba comienzo a un período que configuraría la faz del mundo por casi cuatro siglos, en la que Europa se enriquecería en extremo mediante la explotación de recursos de tierras lejanas y seres humanos.