Hacia la verdadera igualdad de género

Publicado el 07 septiembre 2015 por Revista Pluma Roja @R_PlumaRoja

Uno de mis mejores pasatiempos es pasar una tarde cualquiera con mi sobrina para conocerla mejor y decirle con actos que el mundo es bellísimo y que la experiencia de la vida humana, por inexplicable que ésta sea, no tiene valor ni comparación, por tanto ha de ser apreciada y aprovechada. Es así como la invito a hacer cosas que a ella le fascinan. Cabe destacar que ella es una niña de ocho años y que nos separa una brecha de 15 años, por tanto nuestros gustos no son nada parecidos. Sin embargo, quiero ser para ella una tía-compañera que se ajusta a su itinerario, es por eso que damos paseos, saltamos, jugamos, probamos todos los juegos de los parques infantiles (ni mencionar lo ridícula que me veo en esos juegos no aptos para gente de mi tamaño), y así nos vamos conociendo; entrando en su mundo puedo descubrir qué piensa, qué siente y cómo va forjando los cimientos de su personalidad y los hilos de su pensamiento para formar parte de la sociedad.

Para mí sorpresa, no fue en una conversación donde soltó la frase que motivó esta columna, sino mientras dábamos un paseo en bicicleta. El asunto es que íbamos por la vía y de pronto a unos metros aparece un auto, mi sobrina no es muy perita en la conducción de bicicletas aún, así que se asustó y se detuvo a esperar que el auto desapareciera de nuestra ruta. Yo me detuve a acompañarla. En cuanto el auto pasó, la nena muy seria me dice: “Menos mal que paramos porque iba conduciendo una mujer”. Muy sorprendida yo le pregunté por qué decía eso. Ella muy naturalmente me contesto “Porque todas las mujeres conducen mal, es obvio.” Yo la mire extrañada y le pregunté quién le había dicho eso, pues tamaño prejuicio no nace en la mente de un infante, sino es inculcado por quienes la rodean. Además la increpé puesto que su madre es conductora profesional (debido a su trabajo) y conduce como se debe, jamás le han cursado una infracción ni ha tenido un accidente, mucho menos tiene un comportamiento negligente al volante como conducir borracha o bajo los efectos de alguna droga. Ella al escuchar mi comentario solo dijo, “sí, pero yo hablaba de otras mujeres, no de mi mamá ni de usted”.

Esa respuesta me dejó aún más alarmada. Con tan solo ocho años considera que las mujeres conducen mal porque son mujeres, es una regla aprendida, arraigada en lo más profundo de su pensamiento, una idea preconcebida sin justificación alguna. Claro, luego de eso tuve una conversación con ella en la cual le hice ver que no es correcto emitir ese tipo de juicios, menos para una niña que se está formando y que no debe en ningún caso pensar que por ser mujer está en desventaja alguna respecto a sus pares. Por consiguiente, a través de esta columna quiero expresar mi preocupación por cómo estamos criando a nuestros niños. Seguro todos estaremos de acuerdo en que cambiar las líneas de pensamiento de los adultos es muy complejo, por eso el cambio está en nuestrxs niñxs y cuanto más tiempo les dediquemos a su formación intelectual y emocional, mejores seres humanos poblarán esta tierra en el futuro.

Hoy tenemos niños creciendo llenos de prejuicios, mañana tendremos adultos discriminadores y poco visionarios. Necesitamos abocarnos a la tarea de erradicar los pensamientos nocivos para integridad en la sociedad de los seres humanos. El respeto es lo principal para barrer con los juicios arbitrarios. Además, en esta tarea que tenemos todos los agentes de las sociedades del mundo de avanzar en la igualdad de género, las mujeres somos cruciales. Debemos comenzar a respetarnos entre nosotras y qué mejor que enseñándoles a nuestras niñas que las demás chicas son nuestras compañeras y no nuestras rivales. No debemos competir entre nosotras, pues esa discriminación que nace en nuestro pensamiento y emana de nuestra boca cada vez que hablamos mal de una congénere, es incluso más nociva que la que comete la publicidad o los miembros del género masculino. Aprendamos de una vez que no hay peor violencia de género que la comete una mujer contra otra mujer y es nuestra tarea erradicarla.

Por Cristal

llavedecristal.wordpress.com