Por fin es viernes. El ansiado fin de semana ha llegado. Y desde hace unos meses viene acompañado de una pequeña tarea añadida. Mi pequeño gran hombre ha empezado este año P-5 y ya se ha iniciado en el apasionante mundo de los deberes que trae a casa en su carpeta. Cuando comento con otras madres de otros centros educativos que mi hijo ya viene con deberes para el fin de semana, a menudo la sorpresa por su parte es la respuesta habitual. A mí, personalmente, me parece que es una buena decisión que antes de empezar la primaria se vayan acostumbrando a esto de alargar el colegio en casa. Los deberes que trae ahora son más bien simbólicos, una lámina para reseguir, pintar, completar o contar y un cuento de lo más básico para leer con mamá y papá. Pienso que es una manera de que el niño se habitúe a la rutina de los deberes que en el futuro será algo más contundente.Puede que a mí no me parezca mal en parte porque mi hijo está encantado con la ficha que tiene que hacer antes del lunes y el mismo viernes ya la ha terminado y la ondea al viento como si fuera una bandera de un hincha en un partido de fútbol. Y la lectura también es una manera de compartir con nosotros uno de sus avances más importantes en este momento educativo. No sólo leer, sino comprender lo que está leyendo. Lo que este año es prácticamente anecdótico, el año que viene ya va en serio, y creo que si durante este curso lo va interiorizando como algo de lo más normal, el shock con la primaria no será tan elevado.