La autora
Según la noticia que nos proporciona Alba, la editorial que en 2011 recuperó este título para los lectores de hoy, "Elizabeth Jenkins nació en 1905 en Hitchin (Hertfordshire); su padre fundó la Cardicott School, cerca de Londres, aún hoy en funcionamiento. Estudió literatura en Cambridge y fue profesora en la King Alfred School de Hamsptead. Se relacionó con el Grupo de Bloomsbury, aunque parece que no se llevaba muy bien con Virginia Woolf".
Siempre quiso ser escritora y a ello se dedicó toda su vida, larguísima (murió en 2010), nunca se casó ni tuvo hijos. Publicó doce novelas y doce libros de no ficción, entre ellos la biografía de Jane Austen. Fue una austeniana confesa, que fundó la Jane Austen Society.
Según leemos al final de la novela propiamente dicha, en un epílogo firmado por la crítica literaria Rachel Cooke, Elizabeth Jenkins admiraba la maestría escritora de Virginia Woolf a quien conoció y frecuentó en Tavistock Square (Cambridge) durante meses tras finalizar su formación en Historia y Literatura. Virginia Woolf fascinó a Jenkins por su belleza, "su dignidad, su elegancia y su completa desinhibición", pero sin motivo aparente la autora de "Las olas" la desairó sin ningún miramiento finalizando su último encuentro con "un tono despectivo y burlesco". Este choque entre ambas, debido seguramente al carácter tímido y retraído de Elizabeth, tuvo como consecuencia su alejamiento del grupo de Bloomsbury. Pese a estas diferencias entre ambas, algunos años después de su relación, Jenkins leería en los diarios de Virginia Woolf alusiones positivas a su novela "Virginia Water" (1928) a la que la Woolf calificaba allí de "libro dulce como la miel". Era una valoración positiva, sí, pero también encerraba una crítica dura pues venía a significar la falta de garra que tenía su literatura. La misma Jenkins lo reconoce así cuando en respuesta a la valoración de la escritora de Bloomsbury ella comenta:
"Me temo que ésta ha sido siempre la tónica de mis novelas basadas en la ficción; he necesitado novelar un suceso de la vida real, transcribir una experiencia o una biografía, para subsanar esta deficiencia"Por esto, como dice Adriana Lozano en su reseña crítica sobre "Harriet" [leerla completa aquí], 'no es de extrañar que, por un lado, Jenkins destruyera todas las copias que encontró de esta primera novela y, por otro, que entre su obra destacaran las biografías, como es el caso de Jane Austen (1938) y Elizabeth the Great (1958), ambas aún utilizadas por especialistas e historiadores; las novelas basadas en hechos reales, como Harriet (1934) y Dr. Gully’s Story (1972), en las que reconstruye crímenes victorianos, y en las experiencias de la vida diaria, como The Tortoise and the Hare (1954), sobre un matrimonio, en apariencia perfecto, que va desintegrándose poco a poco.'
La novela "Harriet"
Luego de la primera impresión arriba descrita, el relato evoluciona hacia la narración de terror próxima a la órbita de un Poe pero también de un Kafka pues asistimos a un gradual proceso de degradación de un ser humano, a una auténtica transformación. Por último entramos en una narración policíaco-judicial que me ha hecho recordar algo los procedimientos judiciales que muestra Víctor Hugo en su novela "Los miserables".
Mérito innegable de esta novela radica en la presentación crítica de algunos temas como la denuncia de ciertas normas que consideraban a las mujeres como menores de edad que, por ello, debían de ser controladas siempre por sus maridos. También Jenkins critica la poca atención dada por las fuerzas públicas a aquellas denuncias promovidas por mujeres si, además, planteaban asuntos que se consideraban propios de la vida matrimonial. Aunque algo tangencial también es de interés en el relato la fuerza de los lobbies o grupos de presión, aquí representados en los médicos, capaces de modificar sentencias judiciales bien fundamentadas. Asi mismo no deja de ser interesante ver cómo la personalidad, más o menos dura del juez, anunciaba con bastante acierto los derroteros que seguiría la instrucción y resolución de un procedimiento judicial.
Dejando a un lado los asuntos y temas presentados, es ciertamente interesante observar la manera como los presenta, o sea, el estilo utilizado. Estamos ante un relato de corte tradicional cuya estructura es lineal; el narrador, omnisciente; y los personajes aparecen muy bien diseñados, con una clara evolución muy interesante de observar, siendo ellos uno de los principales atractivos de la novela. En cuanto a recursos lingüísticos quizás sea el de la elusión el más sugerente y delicado de los empleados. A través de él nos enteramos con enorme elegancia de no pocas acciones no declaradas expresamente como la relación sexual habida entre personajes, o el gravísimo deterioro físico experimentado por algunos de ellos. Este decir sin decir nada o sugiriendo levemente dota a la novela de una gran belleza. En la historia que se narra a menudo son los mismos personajes quienes toman conciencia de esta sutileza que existe en la vida, de cómo en ella hay actos o sucesos de escasísima duración que aunque pasen inadvertidos tienen una gran importancia:
"Lewis y Elizabeth tenían una creciente sensación de agravio por el hecho de que circunstancias tan nimias, escenas que apenas habían durado unos minutos pudieran utilizarse en su contra de una manera tan solemne" (pág. 202)Y este tratamiento sutil, apenas perceptible, de los sucedidos hace que apenas seamos conscientes del lógico final de Harriet víctima de la resbaladiza pendiente moral por la que los hermanos Oman (Patrick y Lewis) y las hermanas Hoppner (Elizabeth y Alice) se dejan caer haciendo de todo el suceso un 'lógico' desenlace. Este desenlace es anunciado con metáforas muy plásticas como cuando vemos a Alice planchando, descosido en retales, el hermoso vestido de seda azul de Harriet que ella tanto le había envidiado siempre.
En definitiva, "Harriet" de Elizabeth Jenkins, una novela de 336 páginas muy bien presentada por la editorial Alba en su colección 'Rara avis', sirve para poner ante nuestros curiosos ojos lectores un tipo de narrativa europea de la época de entreguerras del siglo XX que ha quedado oscurecida por los fulgores de narradores como Virginia Woolf, Edward Morgan Forster o Katherine Mansfield por señalar sólo algunos nombres de quienes formaron el Círculo de Bloomsbury.
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NOTA: Esta novela ha sido la lectura que llevábamos para comentar en marzo los amigos de la tertulia literaria "Más que palabras" a la que desafortunadamente en esta ocasión no he podido asistir. Pido a mis amigos tertulianos, en primer lugar, perdón por la ausencia y, aunque no sea lo mismo porque el cara a cara fomenta el intercambio, a través de esta reseña quiero hacerles llegar algunas de mis opiniones sobre esta obra.