Sí, con todo el dolor de mi alma de hortelana urbanita, he dicho adiós a la Pimienta de Cayena. Demasiada planta, demasiada mata, demasiada pimienta.
El perejil y la rúcula se quedaban sin sol y sin nutrientes…Era totalmente necesario: el sacrificio de unos pocos en aras del beneficio de todos los demás, como la vida misma… Estaba tan bonita que me ha costado mucho sacarla del huerto…
También he sacado las flores de la albahaca que debía haber cortado hace semanas…
He dejado un par de pimientos que han sobrevivido al “abuso” territorial ( y de raíces) de la pimienta de cayena y la planta de guindillas que aún tiene posibilidad de hacer algo. Tiene flores…
El huerto se queda en plan otoñal…
…Con un orégano encantado de conocerse…