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¿Hay emprendedores que no valen para un empresario?

Por Jcvalda @grandespymes

¿Hay emprendedores que no valen para un empresario?

Ni todas las personas pueden ser emprendedores ni todos los emprendedores valen para empresario. Así de sencillo. Para mantener y gestionar una empresa se requieren ciertas habilidades y conocimientos que no todo el mundo posee. Lo importante es admitir las carencias para evitar que esa buena idea de negocio muera por nuestra obstinada vanidad.

Las capacidades que hacen falta para dar el salto a empresario son, según Efrén Miranda, presidente de El Club del Emprendimiento, "gestión de equipos, visión global del negocio y pensamiento estratégico". No es todo.

Diego Semprún, CEO de Hypernova Digital y managing director de Webtrekk Analytics España, también considera que lo que define a un empresario es "la responsabilidad ante terceros y en particular ante los clientes, empleados e inversores;la gran capacidad de aprendizaje;y la habilidad para tomar decisiones y llevarlas a cabo". Funciones para las que no todo el mundo vale, aunque hayan tenido la mejor idea de negocio de la historia. Aceptar las limitaciones es un signo de madurez empresarial, sobre todo si demuestras que tus aptitudes no encajan con las necesidades de crecimiento de tu compañía. Delegar ciertas funciones en profesionales de confianza es clave si buscamos la viabilidad de la organización.

Un buen ejemplo es Amancio Ortega que, tal y como explica Ignacio Mur, profesor de Esade, ha demostrado con creces ser una persona creativa, de producto, "pero interpreta la enorme importancia de la gestión y se rodea de buenos profesionales en este sentido. Así, Ortega ha estado arropado por figuras como Pablo Isla como consejero delegado, porque un buen emprendedor es consciente de sus frenos".

Emprendedor en serie
La realidad nos demuestra que, aunque hay innovadores que reconocen sus carencias, no son tantos los que ponen remedio porque consideran que de esta manera renunciarían a estar en la primera línea de su proyecto. Para Mur, "los emprendedores puros sirven para la etapa de creación y, con suerte, también para la de consolidación. Sin embargo, acostumbran a aburrirse en la etapa de crecimiento en la que cobran peso la gestión y la administración.

Cuanto más creativa es una persona, más se aburre en estas fases". No opina lo mismo Semprún, quien considera que "si por emprendedor entendemos al que tiene iniciativa para crear algo, entonces estamos utilizando mal el término. Un emprendedor es aquel que quiere poner en marcha un negocio y, por lo tanto, quiere ser fundador de una empresa".

Pero querer y poder, pese a que a veces nos duela, no significan lo mismo, y cuando un emprendedor se da cuenta de sus limitaciones debe "conformar una estructura organizativa que le permita convertir su start up en toda una empresa. Esto es, crear un equipo de trabajo multidisciplinar, con perfiles complementarios a su alrededor, que supla sus carencias y complemente sus virtudes de tal manera que la organización pueda crecer", aconseja Miranda.

Encomendar ciertas funciones no debe traducirse en abdicar de la corona en tu proyecto. La figura del creador, origen de la empresa que será, siempre tiene cabida en la organización. "La clave está en asignarle las responsabilidades y las tareas acordes a su perfil, dentro del conjunto del equipo. La pasión y el empuje jugarán un papel importante en el desarrollo del negocio, pudiendo realizar aportaciones de gran valor para la expansión de la firma", sugiere el presidente de El Club del Emprendimiento. Un buen ejemplo de esta estrategia es Google. Larry Page, uno de sus creadores, decidió retirarse de la primera línea en 2001, cuando el motor de búsqueda comenzó la fase de crecimiento y los fondos de capital riesgo entraron en el accionariado. No fue hasta 2011 cuando recuperó sus labores como consejero ejecutivo.

En este camino empresarial, al emprendedor que desee convertirse no le quedará más remedio que aceptar ciertas renuncias: "A parte de la gestión de la empresa y, posiblemente, a parte de la propiedad de la misma. Pero ha de ser consciente de que esto es bueno, es un bien crítico para la supervivencia de la compañía", expone Miranda. "Fundar una empresa exige mucho esfuerzo", cuenta Rodrigo del Prado, socio fundador y director general adjunto de BQ, "es un trabajo muy intenso que requiere muchas horas al día y disponibilidad completa".

Enrocarse
Recuerda Mur que una vez una emprendedora le dijo: "Más vale el fracaso que la nostalgia de no haberlo intentado". Y no le faltaba razón, pero estaba malinterpretando el mensaje. Cuando un innovador, un creador de ideas se topa con la ineficiencia de su propia gestión y, aun así, decide hundirse con todo el equipo, el final siempre es el mismo: el cierre. "La fiebre emprendedora y la ilusión en ocasiones no te dejan ver la realidad", recuerda el profesor de Esade. En esos casos, Semprún recomienda que deje la empresa, "y para evitar problemas los términos de obligación de venta de las participaciones de un socio que no cumple deben estar recogidas en el pacto de socios". Una solución drástica que se podría evitar si el resto del equipo consigue hacerle ver que es necesario y que puede aportar y ofrecer valor añadido a la empresa, aunque no desde la gerencia.

"Hay emprendedores que se sienten más cómodos en una estructura reducida y no tienen interés en dar el salto para crear una empresa mayor", asegura Miranda. Y también hay creativos que descubren que su life motiv es generar ideas, nuevos proyectos e innovar, pero la gestión, la creación de equipos y la administración les supera.

Fuente http://gestion.pe/tu-dinero/emprendedores-que-no-valen-empresario-2133208

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