DINASTÍA SEVERA
La orientación sexual de Heliogábalo ha sido objeto de controversia a lo largo de la historia, ya que no lo puso fácil: se casó cinco veces con mujeres, la primera fue Julia Cornelia Paula, la segunda fue la vestal Julia Aquilia Severa, a la que abandonó ese mismo año, para casarse con Annia Faustina, descendiente de Marco Aurelio y viuda de Pomponio Baso, al que había mandado ejecutar recientemente. A finales de ese año volvió con Severa. Según Dión Casio, su relación más estable pudo ser la mantenida con su auriga Hierocles, a quien se refería como su marido. Hay que hacer constar que, según La Historia Augusta, también se casó, en una ceremonia pública, con un hombre llamado Zotico, que era un atleta de Esmirna. Si tenemos en cuenta a Dión Casio, se pintaba los ojos, se depilaba y lucía pelucas para prostituirse en tabernas y prostíbulos, e incluso en el palacio imperial, donde se reservó una habitación para poner en práctica sus indecencias, permaneciendo desnudo en el umbral, moviendo una cortina, mientras con voz suave se ofrecía a los que pasaban por el corredor. También Dión afirma que, corría el rumor de que el emperador había ofrecido dinero al médico para que le dotara de genitales femeninos.
Por estas razones, Heliogábalo ha sido considerado como el primer caso, del que se tenga constancia, de persona transgénero. Según otras fuentes le describen así: «Aquel joven disoluto (el más inmoral de los césares romanos) se presentaba en las calles de Roma, en aquellas mismas que pisara el severo Catón, acompañado de chicos jóvenes que le servían en las horas de placer, y mirando siempre hacia atrás, cual lo exigían los extraños ritos de su religión. Es interminable la lista de sus extravagancias. Llegó a casarse con una vestal, y en alguna ocasión declaró públicamente que era mujer y, al efecto, contrajo matrimonio sucesivamente con un oficial y con un esclavo. Iba siempre muy perfumado, y sus vestidos iban adornados con oro abundante y muchas piedras preciosas. En el Quirinal estableció un Senado integrado por mujeres y presidido por su madre». En el año 221, las excentricidades de Heliogábalo, enfurecían cada vez más a los soldados de la Guardia pretoriana. Cuando Julia Mesa vio que el apoyo popular al emperador estaba en declive, decidió que tanto él como su madre, que lo había apoyado en sus prácticas religiosas, tenían que ser sustituidos. Entonces pensó en su otra hija, Julia Avita Mamea, y su hijo de 13 años, Alejandro Severo. Convenció a Heliogábalo para que adoptara a su primo como heredero, le diera el título de César y compartiera con él el consulado de ese año. Pero éste reconsideró su decisión al sospechar que la Guardia Pretoriana prefería a su primo antes que a él. Tras fracasar varios atentados contra la vida de Alejandro Severo, Heliogábalo le privó de sus títulos, revocó el consulado e hizo circular la noticia de que Alejandro estaba próximo a la muerte, convencido de provocar una reacción en los pretorianos. Se desencadenó un motín, y la guardia exigió ver a ambos en el campo pretoriano. El emperador accedió, y el 11 de marzo del 222 se presentó allí junto a su primo y su madre Julia Soemia. Al llegar, los soldados aclamaron a Alejandro como emperador, ignorando a Heliogábalo, el cual ordenó un arresto sumario y la ejecución de cualquiera que hubiese intervenido en la revuelta; por lo que los pretorianos atacaron a Heliogábalo y a su madre; el emperador intentó huir escondido en un arcón, pero fue descubierto y le dieron muerte con 18 años de edad. Su madre pereció con él; les cortaron las cabezas y sus cuerpos, después de desnudarles, los arrastraron por la ciudad; el cuerpo de la madre fue dejado en algún lugar, mientras que el de él fue arrojado al río. Muchas personas relacionadas con Heliogábalo fueron asesinadas, entre ellas Hierocles y Comazón; sus edictos religiosos fueron revocados y El-Gabal devuelto a Emesa; se prohibió que las mujeres volvieran a acudir al Senado; y se decretó sobre él la damnatio memoriae, que implicaba que su nombre fuese borrado de todos los documentos públicos.
Inmediatamente después de su muerte, comenzó una campaña de propaganda en su contra, atribuida Julia Avita Mamea; donde circularon muchas historias denigrantes y falsas. La más famosa fue inmortalizada en una pintura del siglo XIX, Las rosas de Heliogábalo, cuadro que retrata cómo asfixió a invitados de una cena con una masa de «violetas y rosas» que lanzaban desde arriba.
Ramón Martín