Revista Música

Homenaje a Julián Infante: sus amigos hablan de él

Por Fran_desesperado
julian infante

Hace un año cuando nuestro blog apenas contaba con un año de vida, realizamos un pequeño homenaje a Julián Infante, magnífico guitarrista y pedazo grande de la historia del rock en este país. Este año se cumple el décimo aniversario de la muerte de Julián y para hacerle un homenaje como se merece hemos hablado con gente que le conocía para ver que les parecía la idea de que escribiesen unas palabras sobre cómo era Julito o alguna anécdota que tuvieran de él o con él, a lo que respondieron afirmativamente y desinteresadamente. Desde aquí nuestro mayor agradecimiento a Fernando Martín, Sergio Makaroff y Germán Vilella, además de otros muchos artistas que por diferentes motivos no pudieron participar en este homenaje a un gran guitarrista de Rock and Roll del que todos guardamos un pedacito en el corazón. DEP.

Fernando Martín:

Conocí a Julián allá por el año 1985 u 86. Él estaba en Academia Parabuten, después de un tiempo con Martirio y Glutamato Ye-Ye. Nos habíamos visto en Tablada 25, el local donde ensayábamos ambos, y habríamos cruzado porros y risas. Bueno esto no es del todo exacto. Conocí a Julián, sin conocerle, cuando estaba en Tequila y me deslumbro desde la tele o en conciertos en vivo, como el del parque de atracciones o la Noche Roja de Red Box, uno de los primeros macrofestivales de rock de los que tengo recuerdo. Pese a que siempre he tenido especial predicción por los cantantes - Miguel Ríos, Toño de Burning o Alejo Stivel eran algunas de las muestras cercanas que me tocaban la fibra-, desde el principio me encantó la figura golfa y sonriente de Julián, una encarnación patria del difuso Keith Richards al que solo conocía por las portadas de los Stones. Julián tenia la imagen perfecta, el descaro necesario, la sonrisa seductora y torcida de los que miran la vida a través del prisma del rock´n´roll de verdad.


Por eso, cuando nos volvimos a ver en Tablada tuve que disimular mi adoración por aquel personaje que me retrotraía a los dieciséis o diecisiete años, así que puse mi mejor cara de duro e hice como si no me sonara de nada. Recuerdo que nuestra primera conversión la tuvimos en la desaparecida Sala Astoria. Él me dijo que envidiaba a Desperados por el buen rollo que entonces teníamos como grupo y porque éramos una banda como había sido Tequila antes de irse al garete. Así que, cuando Rafa, el guitarrista de los Desperados, tuvo que irse a la mili lo tuvimos muy claro: Julito ocuparía su puesto. De hecho se vino a vivir conmigo, porque entonces, ni económicamente ni familiarmente era estable. Después comprendimos que no era estable en nada y en esto precisamente estribaba su encanto. Era una balsa a la deriva, llena de vida, de chistes, de gusto por lo bueno, de ganas de reír. A mí y por extensión, prácticamente al resto del grupo, aquella compañía llena de arquetipos de "sexo , droga y rock´n´roll" nos vino de perlas para hacernos sentir mas rockeros, stonianos y tequileros que nunca. Si Julito era feliz con nosotros, era que íbamos por el buen camino.


Recuerdo varios conciertos en Asturias en los que desplegó su talento y, de paso nos descojonamos de todo y todos/as los que se nos ponían por delante. A una fea que le daba el coñazo le tiró una copa justo al lado, para que reventara en la pared y no le hiciera nada, pero que la ahuyentara. A Javi el Moro, nuestro saxo y armónica, le quitó otra pesada de encima que había ido al hotel a ver si se lo tiraba, mediante el cómico método de restregarle sus calzoncillos usados por la cara. Salió por patas, claro. Otra gala, también en Asturias, entramos a despertarle a la habitación. Había pillado con una tía y ninguno de los dos quería despertarse, así que Ángel Aparicio, nuestro Road manager, tuvo la idea de ponerles a ambos encima todo lo que había en la habitación!: la mesilla, dos sillas, el armario, un sillón, una lámpara, su propia bolsa, la ropa de ambos... Con aquella montaña de cosas encima tampoco daban señales de querer despertar. Así que nos marchamos al restaurante del hotel a desayunar. Era un hotel súper caro y a esa hora estaba lleno de ejecutivos y tíos con traje desayunando y leyendo la prensa. Unos minutos después cuando ya estábamos servidos, bajo Julián con las gafas de sol, expresión seria de rock star perdonavidas y gorra puesta, se puso ante nosotros, nos miro muy serio y, delante de todo el mundo-nosotros y el resto de clientela del hotel que desayunaba-, se sacó la polla y la metió en uno de nuestros cafés, mojándola como un churro. Acto seguido se la guardó y llamó a un camarero para que le sirviera en la mesa. La cara de los que habían contemplado la escena era un poema. Tanto es así que algunos se quejaron al maître y este fue a protestarle al bajista, Amando, que en ese momento bajaba de la habitación y no se había enterado de nada. El resultado fue que, encima, Amando abroncó delante de todo el mundo al maître: "¡usted está lleno de prejuicios! Nos abronca porque somos jóvenes y tenemos el pelo largo ¡voy a pedir el libro de reclamaciones!”. Nosotros no podíamos parar de reír viendo al maître, apurado y sin atreverse a contestar: "No señor, me quejo porque su compañero ha metido la polla en el café delante de todos nuestros clientes"


De esas hubo una y mil situaciones. Julián dejo de tocar con nosotros porque, también en Gijón, no se le ocurrió otra cosa que decirle al batería Carlos, estando ambos en ácido, que había tenido un asuntillo con su novia. Me tiré tres días en medio de ellos para que no se dieran de hostias, incluso en mitad del concierto. Al final hubo que decirle que muchas gracias, pero que nos desestabilizaba un poco, lo entendió perfectamente. Dejo de tocar con el grupo, pero seguimos siendo muy colegas.


Después llegaron Ariel, Andrés y Los Rodríguez. Llegó el triunfo, el renacer como músico; pero entonces, en mitad del éxito, su mirada se nublo inesperadamente; entonces no sabíamos muy bien por qué, pero luego nos dimos cuenta de que era la consciencia de saber que tenía SIDA. Un buen día mi hermano Guille me dijo que estaba hospitalizado, así que fui a verle. Estaba en la planta de Pulmón y su habitación era una especie de camerino del que salía una autentica humareda de marihuana, para desesperación del cuerpo médico, que veía que no había manera de meterle en cintura. Ya estaba muy malito y nos hicimos una foto que aún conservo, porque él, deformado ya por la enfermedad, tenía la misma expresión de payaso que siempre. Luego me llamaron para decirme que se había muerto. Juro que esa muerte, la de mi road manager José el Huevo y por supuesto, la de mi hermano son las tres muertes que mas me han marcado en mi vida adulta. Aún pienso en ellos de vez en cuando como si estuvieran vivos y recuerdo las movidas de Julito y me descojono de risa, porque sé que aquello paso de verdad y lo viví en primera fila.


Como tu solías decir entre raya y lexatin, entre porro y solysombra, "parece menterio”. Parece "menterio”, Julito, lo mucho que te echo de menos. El rock´n´roll ya no es igual sin ti.

Fernando Martín-


Por su parte, Sergio Makaroff destaca el gran sentido del humor del genial guitarrista. Algo en lo que coincide toda la gente que le conoció:

Homenaje a Julián Infante: sus amigos hablan de él
Además de todo lo que ya se ha dicho de Julián Infante puedo agregar lo que mas me impresionaba de él: su implacable sentido del humor. Compartimos situaciones de todo tipo - drogas, viajes, conciertos, gloria, miseria - y siempre estaba preparado para la guasa, el retruécano y el chascarrillo. Humor absurdo, acotación grotesca, lisa y llana payasada, ironía fina y de la otra...todo lo que condujera a la carcajada, la risa y la sonrisa lo encontraba preparado. Siempre lista para la burla, el sarcasmo, la imitación y el sacapuntas. Tanto en Tequila como en Los Rodríguez tuvo que convivir con argentinos. Su acento porteño era simplemente perfecto. El acento y también los contenidos, los modismos y la idiosincrasia. Julián fue un músico carismático, un rockero autentico, pero pudo haber hecho carrera como humorista. Y de los buenos

Sergio Makaroff-


Por último (y no menos importante) Germán Vilella, compañero de Julito en Los Rodríguez, nos escribe unas emotivas líneas dirigidas a Julián.


Querido Julito:


Me pide un amigo que haga público alguno de esos mensajes de que tanto en tanto te envío con el pensamiento y me lo pide con el motivo del décimo aniversario de tu partida de este mundo. Lo primero que se me viene a la cabeza cuando me lo pide es que no me puedo creer que hayan pasado ya 10 años... 10 años que no me han servido para comprender mejor este mundo que dejaste, muy probablemente con mucho mejor criterio del que nadie se podrá imaginar. Viniste, le sacaste el jugo y te fuiste. Inteligente como tú solo. Pero tu inteligencia no te impidió dejar una enorme huella emocional en todos los que te conocimos. La verdad nada más comenzar este mensaje ya me doy cuenta de que no podré expresar ni una mínima parte de lo que "te cuento normalmente" en las "comunicaciones" mentales/espirituales que establezco regularmente contigo, aunque me gustaría compartirlas... Solo hay una imagen que tengo en la cabeza que creo que podría describir y que me sirve de consuelo, aunque no sé si es esta la palabra... Espero que allí donde estés haya música y la estés disfrutando por ejemplo haciendo giras celestiales con un grupo en el que estéis Guille y tú a la guitarra, Pato al bajo y Manolito Iglesias a la batería...espero que sigáis de gira muchos años y yo pueda ver alguno de vuestros conciertos...mientras tanto...mucha mierda!!

Germán.-

Homenaje a Julián Infante: sus amigos hablan de él

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LOS COMENTARIOS (1)

Por  Alejandro
publicado el 14 agosto a las 12:55
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Maravilloso este pequeño homenaje a Julián, grande entre los grandes