Homenaje a los grandes maestros de la sastrería

Por Ongala @Ongala

Hoy en día observo que todos hablan de la sastrería como algo común y la sastrería es una palabra sagrada que nace de una cultura y un trabajo que requiere haber hecho un largo estudio de la materia equivalente a una licenciatura, es pura matemática unida con el arte y el gusto por lo bien hecho. Recuerdo cuando tenía 14 años como admiraba al Sr. Medina, maestro donde los haya. Me quedaba embelesado viendo como comenzaba desde la base de un bello tejido de Harris Tweed a trazar con el jabón, la regla y cartabón líneas rectas, curvas y semicírculos y comenzaba a coger forma geométrica lo que sería mi primera americana hecha a medida y toda a mano. Creo que desde aquel momento quedé prendido del arte de una prenda hecha a medida. En la primera prueba sentí algo único y mágico cuando pude apreciar que aquel tejido de Harris Tweed se había adaptado a mi cuerpo como si fuera una segunda piel.

Mario Moreno Moyano

(Ver Biografía Mario Moreno Moyano)
Desde niño he vivido al lado de máquinas de coser, planchas de mano que pesaban dos kilos, tijeras de acero que duraban toda una vida y heredaban con todo agradecimiento y ternura los nuevos sastres de los viejos maestros como un tesoro. Un cepillo de cuchillas de afeitar sobre la base de una caja de madera servía para afilar los jabones que trazaban las finas líneas necesarias para cortar después, con esa tijera de finísimo acero, el noble tejido como si lo acariciase. El final de este proceso se culminaba con un traje que parecía estar vivo, lo sentía respirar en mis manos. 

Recuerdo cuando lo tenía que entregar personalmente al propio domicilio del cliente, lo cogía con mis manos de niño ovediente al que le habían dicho: “Mariete ten mucho cuidado que está recién planchado”. Yo estaba encantado con aquel trabajo bien hecho, lo cogía con sumo cuidado y cubriéndolo con un paño gris de algodón lo subía bien alto para que no tocara en el suelo, y teniendo presente mi pequeña estatura, tenía que estar atento a no bajar el brazo porque corría el riesgo de tocar el suelo, lo que me producía un dolor en el hombro, que para mí significaba una heroicidad por conseguir entregar el traje en perfecto estado. La norma era llevar como mínimo dos, y las distancias las hacía andando, en los pueblos las distancias son cortas si las hacen con coche, pero andando podía hacerme tranquílamente entre 5 y 6 km. A veces me daban propinas de hasta 5 pesetas, pero eso era una excepción, lo normal eran 1 o 2 pesetas. 

Mario Moreno Moyano


Eran tiempos maravillosos llenos de ilusión, hoy no existen estas motivaciones, pero bueno retomando el inicio de mi escrito, hoy todos se ponen un metro en el cuello y un jabón en la mano y pretenden engañar al público neófito que no sabe realmente que un maestro de esta categoría no está disponible en el comercio convencional. De los maestros que están en la cumbre quedan pocos, y los que quedan sin nombre propio, se ven trabajando en un sótano por un precio miserable para dar glamour al que se pone el metro en el cuello con una tienda en la calle Claudio Coello o Serrano presumiendo de ser sastres, donde a algunos, yo personalmente, les he enseñado a diferenciar un “drop”.
Lo que más me duele de esto, es que las revistas de moda, les dan un protagonismo que no se merecen, yo les agradecería que hicieran presente al maestro que tienen detrás, les engrandecería a ellos y el maestro sería reconocido. Este mundo es injusto, los trepas están arriba en todos los sectores de la vida y lo auténtico está en los sótanos trabajando y creando.
Este escrito se lo dedico a todos los maestros que existen y no son reconocidos, y en particular al Sr. Medina. ¡Gracias maestro, nunca le olvidaré!
(Ver Biografía Mario Moreno Moyano) http://www.ottavionuccio.com