Hong Kong, un impactante primer encuentro

Por Nacho22 @nuestromundovia


Adentrarse en crucero a primeras horas de la mañana por el Puerto de Victoria de la isla de Hong Kong es una experiencia que todos deberíamos experimentar alguna vez en la vida. Todas esas torres y rascacielos encaramándose por las laderas de la isla, y que tantas veces habíamos visto por televisión o en cientos de fotografías y que te hace parecer que ya habías estado con anterioridad, es una de esas visiones que no se olvidan fácilmente. El Zaandam atracó en la terminal oceánica, al sur de la Península de Kowloon, y justo frente al "skyline" de la isla de Hong Kong, que podíamos contemplar por la ventana de nuestro camarote en todo su esplendor. Nuestro inolvidable crucero por el sudeste asiático estaba llegando a su fin mal que nos pesara. Después de desayunar desembarcamos tranquilamente sobre las nueve de la mañana. En la terminal oceánica ya se encontraba nuestro equipaje esperándonos, y allí mismo aproveché para cambiar a dólares de Hong Kong para poder pagar un taxi. En la fila para esperar a los taxis, unos empleados de la terminal preguntaba uno a uno el destino al que nos dirigíamos, ya fuera el aeropuerto o, como era nuestro caso, a un hotel en la ciudad. La finalidad era escribirnos en una nota el nombre del hotel en escritura china, ya que los taxistas no entienden ni media palabra en inglés, ni siquiera el nombre del hotel.  En unos minutos el taxi nos dejó en nuestro hotel, y aunque por la hora tan temprana que era no nos asignaron la habitación, si que hicimos el papeleo y  pudimos dejar las maletas y comenzar a explorar esta excitante ciudad.
La línea del skyline de Hong Kong con las primeras luces de la mañana, vista desde las cubiertas del Zaandam
Escultura de Bruce Lee, junto a otras dedicadas a la gran industria del cine de Hong Kong. En la "Avenue of Stars" se encuentran las estrellas de actrices y actores más famosos  y reconocidos, como Jackie Chan

Esta primera toma de contacto con Hong Kong nos había dejado alucinados. Desde las manadas de turistas chinos posando de maneras absurdas con las esculturas o las estrellas del suelo, pasando por el gran desconocimiento que mucha gente tiene del idioma inglés, como les ocurre a los taxistas. Aunque la vista de la Isla de Hong Kong era fabulosa, y ya estábamos deseosos de embarcar en uno de esos ferry de color verde de la compañía Starferry que nos iba  a llevar hasta la isla. Llegamos a los muelles de embarque que utilizan los ferry en Kowloon, compramos los billetes y rápidamente fuimos a embarcar ya que había uno a punto de partir a hacia la otra orilla. Con tanta prisa no nos percatamos que iba al muelle de Wan Chai en vez de a ir al Central Pier, que era donde pretendíamos ir en un primer momento. De todas formas tampoco nos importó demasiado ya que pudimos a provechar para ver de cerca el centro de Convenciones de Hong Kong, y recrearnos con las impresionantes arquitecturas de los rascacielos de la zona financiera de Hong Kong. Por cierto,  los que describían la travesía del Puerto Victoria en un ferry de la compañía Starferry como una de las mejores travesías marítimas del mundo, puedo dar fe que no se equivocaban en absoluto.


La Torre del Banco de China era el rascacielos que más ilusión me hacía conocer. Sus formas angulosas con todas esas aristas afiladas, representaban para mi la imagen más moderna y reconocible de la moderna Hong Kong. Y una de las dos torres Lippo, conocidadas como torres" koala", ya que da la sensación de que estos animalitos están trepando por los rascacielos como si de un árbol se tratara.

La Catedral de St John, reducto de paz entre rascacielos y muy cerca de Hong Kong Park.
A esas horas del domingo se encontraba muy concurrida
El funicular llamado "Peak tram" que nos llevó hasta el Peak, uno de los lugares más visitados de todo Hong Kong. En nuestro caso sólo compramos el billete de ida, ya que para la vuelta teníamos otros planes. Las colas son formidables y lleva un buen rato de espera subir a bordo del funicular. La ascensión es espectacular.
En el mirador de Victoria Peak hay un buen número de restaurantes. Y nosotros aprovechamos para hacer un alto en el camino en uno de ellos para saborear una buena comida oriental.

Bien presentada.....
......y algo picante, para no variar en nuestro viaje por el sudeste asiático

En Victoria Peak han construido la Peak tower, un centro comercial de varias plantas, en donde la última planta la ocupa una terraza con unas vistas de impacto que dejan sin habla a todo aquel que las contempla.
Desde el mirador pudimos darnos cuenta de la escala real, y del apilamiento de cientos y cientos de enorme torres de apartamentos que conviven con los rascacielos de la zona financiera de Hong Kong. Parecía como si la jungla de hormigón fuera cercando poco a poco al frondoso bosque de la Isla de Hong Kong o al revés,  dependiendo de la perspectiva que tuviésemos. En todo caso son unas vistas impactantes que no puedes dejar de contemplar y que te grabas en la memoria.

Y comenzamos a explorar el bosque que abraza a las torres de la Isla de Hong Kong. Ese era nuestro plan para volver a bajar a la ciudad, recorrer los caminos y paseos que los hongkoneses aprovechan para hacer deporte, pasear o simplemente oxigenarse los pulmones, y la mente, del bullicio de esta gran metrópoli. Lo que no habíamos previsto con exactitud fue del tiempo que nos llevó recorrerlo, y lo que creíamos que iba a llevarnos escasamente una hora se convirtió en casi tres horas de duro, pero inolvidable paseo, en el que en ocasiones nos veíamos rodeados de espesa vegetación y raíces aéreas de exóticos árboles. A lo largo del recorrido se abrían montones de miradores naturales que nos dieron otras perspectivas de la isla y de la zona de Kowloon.

Recuerdo que poco antes de iniciar este increíble viaje habíamos visto por televisión un programa de viajes llamado "Buscamundos" en el que se ofrecía una visión algo diferente a la cara más turística de Hong Kong, y que nos ayudó bastante a preparar nuestra visita a esta gran ciudad. Una de las curiosidades que ofrecía el programa era las reuniones del personal doméstico que trabaja en Hong Kong, en su mayoría filipinas, para comer y charlar de sus cosas en las céntricas calles del distrito financiero. Esas reuniones las hacen los domingos, día que libran, ya que el resto de la semana trabajan como internas en los pisos y apartamentos de la ciudad. Pues bien, una cosa es verlo en televisión y otra muy distinta es vivirlo en directo porque todo lo que se pueda decir para describirlo es poco. Verdaderamente muchas de las calles del centro financiero de Hong Kong son tomadas, literalmente, por miles de filipinas que pasan el día sentadas en corros en las aceras y carretera hablando, riendo, charlando de sus cosas, jugando a extraños juegos y sobre todo comiendo y compartiendo sus vivencias de la semana. Es por eso que muchas de las calles del centro se encuentran cerradas al tráfico rodado, y las lujosas tiendas del centro que entre semana son visitadas por japoneses y por los acaudalados nuevos ricos chinos, el domingo permanecen cerradas entre aromas a curry y otras exóticas comidas. Algo digno de contemplar.



El Legislative Council Building es un monumento histórico que contrasta con las torres de cristal que lo rodean
Vistas de la Torre del Banco de China y de la espectacular torre de la Autoridad Monetaria de Hong Kong, con 88 plantas y más de 400 metros de altura y construida en unos terrenos ganados al mar, alberga un enorme centro comercial para saciar la vorágine consumista de los hongkoneses.

Impresionante la tienda de Apple del distrito financiero de Hong Kong
Panorámica de la zona financiera de Hong Kong con el Banco de China, odiado por algunos por contravenir los principios del "Feng shui" pero que a mi me encanta, y la derecha del todo la torre HSBC diseñada por Norman Foster, un extraño rascacielos que no posee estructura interior, pero que si que cuenta con un buen "feng shui"
Embarcamos de nuevo en otro ferry de la compañía Starferry en los muelles de central pier, que nos trasladó al otro lado del Victoria Harbour, al sur de Kowloon. Nuevamente la travesía a bordo de estos ferry con sabor añejo por el Puerto de Victoria, ya de noche cerrada y con todas las luces y rótulos dando color a la línea de rascacielos de la Isla de Hong Kong, nos pareció de los mejores recuerdos que llevarnos de esta excitante ciudad. Ya casi eran las ocho de la tarde y fuimos tomando posiciones a lo largo del paseo marítimo de Kowloon para ver el espectáculo de luz y sonido que cada tarde ofrecen las decenas de rascacielos de Hong Kong. Y no es tan fácil como pudiera parecer ya que la gente se agolpa por miles para no perderse detalle, y el puerto también se llena de embarcaciones cargadas de turistas para presenciarlo cómodamente a bordo de ellas. De todas formas la vista iluminada del skyline de Hong Kong es una de esas imágenes que se te queda grabada en la retina de esta increíble ciudad.

Después de disfrutar del espectáculo de luz y color, paseamos sin rumbo fijo por las calles más "chic" y céntricas de la parte sur de Kowloon, deslumbrados por los rótulos luminosos que pueblan cada hueco y espacio de las fachadas de los comercios y restaurantes. Y cuando el espacio escasea entonces atraviesan los rótulos de un lado al otro de la calle, a modo de puente luminoso.


Esto es Asia, y como no puede ser de otra manera, la comida callejera abunda por cada esquina
Una vez que nos cansamos de deambular por las transitadas aceras , y de contemplar escaparates y más escaparates, decidimos que ya era hora de buscar algún sitio para dar descanso a nuestros cansados cuerpos, y de paso atender las ya sonoras demandas de nuestros vacíos estómagos. La oferta es muy variada y numerosa también, así que la decisión se suele tomar al azar.
Y acabamos en un restaurante donde la comida se servía en, al menos para nosotros, extraños cuencos de piedra caliente. La comida estuvo bastante bien, pero mejor aún la extraña y fría cerveza oriental.

Una vez terminada la cena dimos un pequeño paseo para vivir el ambiente nocturno que envuelve esta zona de Kowloon, y más tarde paramos un taxi para que nos llevara hasta el hotel. Por supuesto hubo que enseñarle el papelito con el nombre y la dirección del hotel escrita en chino. Fue nuestro papel imprescindible en Hong Kong. Ya estábamos agotados de tantas peripecias y el día desde que  habíamos desembarcado del Zaandam había sido muy largo, y además todavía no conocíamos nuestra habitación. Y la verdad que no nos defraudó en absoluto, muy amplia, moderna y funcional, y con un cuarto de baño enorme. Una ducha rápida y a tener dulces sueños en la enorme cama, nos lo habíamos ganado. El Hotel Icon resultó todo  un éxito tal como predecían todas las críticas que habíamos leído, con una buena situación en Kowloon y una cercana y excelente atención. Además las vistas eran espectaculares, aunque poco se disfrutan ya que pasamos todo el día fuera saciando nuestras ansias por conocer la ciudad. El día siguiente nos reservaba otra excitante jornada en Hong Kong.