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Idealismo, Romanticismo y los Paisajes Imposibles.

Publicado el 16 noviembre 2020 por Jorge Maqueda @jorgemaqueda

Idealismo,  Romanticismo y los Paisajes Imposibles.

Johann Christoph Frederich von Schiller -


Existió un momento y un movimiento que todos deberíamos conocer, estudiar y del que podríamos aprender: muchísimo. Posiblemente, se trate del movimiento y momento más determinantes de la Cultura alemana moderna: el Romanticismo, un Romanticismo que, al comienzo de éste, se refería a aquella novela caballeresca, rica en aventuras y amores, pero que más tarde se convertirá en el movimiento filosófico, literario y artístico, que en los últimos años del siglo XVIII alcanzó su máximo durante los primeros decenios del siglo XIX constituyendo la nota característica de aquel siglo; y cuyo eco resonó a lo largo toda la Europa del siglo XIX, desde Inglaterra hasta Rusia, pasando por España, pero que quizá, sólo en Alemania alcanzó aquel carácter  predominante siendo el elemento integrador de su cultura. Tal es así que el Romanticismo constituye "la época dorada de la cultura alemana" que nacería a partir del espíritu de la Ilustración del siglo xviii, que transmitió (y popularizó) la filosofía de la ley natural. 

Nunca hubo una época tan escéptica respecto a la tradición, tan confiada la ilustración en los poderes de la razón humana y de la ciencia, tan firmemente convencida de la armonía de la naturaleza, y tan profundamente imbuida del sentido del avance de la civilización y del progreso creyendo en la unidad de la humanidad, sosteniendo que todos los hombres vivirían bajo la misma ley natural, del derecho y de la razón, participando igualmente en el progreso y que, a largo plazo, el resultado sería una civilización proporcionada, en la que todos los pueblos participarían en igual medida obteniendo sus frutos. El pensamiento de la época, se proponía hacer a todos los hombres libres y la Ilustración, de un modo u otro, estaba relacionada con el problema de la libertad.

Pero fueron los años de la Revolución Francesa los de máximo florecimiento cultural para Alemania. Entonces, las ideas alemanas coincidieron con todo el fermento del pensamiento social conocido como "Romanticismo", y que en todas partes se enfrentaba con las "abstracciones" de la Edad de la Razón, convirtiéndose Alemania en el más romántico de los países; aquel fue el momento en que "la Filosofía, la Literatura, la Música y la Pintura se emanciparían de las ideas del orden precedente, los filósofos estudian junto a los poetas en la universidades, Hegel, Schelling y Hölderlin coincidieron, estudiaron juntos y se influyeron mutuamente, se ha especulado incluso que fue probablemente Hölderlin el que presentó a Hegel las ideas de Heráclito acerca de la unión de los contrarios, que el filósofo desarrollaría en su concepto de la dialéctica). El individuo, desde la subjetividad de sentirse estar en el centro de todo, siente un impulso irrefrenable de conocer y experimentar. Aquellos hombres querían entonces descubrir (por ellos mismos) de nuevo, hasta el último detalle del mundo. Y mas importante, saber hasta dónde como individuos, libres podían llegar a ser y a constituirse, desprovistos del yugo de monarquías absolutistas y la ortodoxia religiosa ―que pierde su influencia entre los intelectuales― y por este motivo el Arte, la Literatura y la Filosofía se convierten en una suerte de religión, donde si hubo algo que verdaderamente unió a las mentes más brillantes del período fue aquella convicción de que se debía superar desterrando el sufrimiento humano injustificado. Así, Alfred de Vigni escribía: “Vive, fría naturaleza y revive sin cesar, / más que todo tu reino y que todos tus vanos esplendores, / amo la majestad de los sufrimientos humanos”. Un amor por el sufrimiento, que debe entenderse, como una vía de liberación contra una servidumbre artificial que los hombres se imponen entre ellos. igualmente, pocos lo sabrán, pero en aquel tiempo se escribe la  “Oda a la Alegría” de manos de Johann Christoph Frederich von Schiller -luego popularizada por Beethoven en el cuarto movimiento de la Novena Sinfonía en D Menor, Opus 125- y que en origen se titulaba “Oda a la Libertad” aunque censurada censurada por el gobierno con ese título. Las preocupaciones de Schiller sobre la libertad y su rechazo a la tiranía están presentes en buena parte de sus producciones artísticas, representativas de aquel momento maravilloso, donde La moral no importaba tanto y lo importante era encontrar formas de expresión y el anhelo libertad y eternidad, mostrados como jamás se hizo, ni antes ni después, a través de la poesía y otros paisajes imposibles.


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