Incomprensible

Publicado el 15 mayo 2013 por Torrens

A continuación reproduzco una carta aparecida en la sección de Cartas de los Lectores de La Vanguardia del lunes 13 de mayo 2013.

Catalanes extranjeros

Soy canadiense y llevo tiempo en España haciendo voluntariado en el Raval.

He tenido la oportunidad de conocer a gente de toda España, desde Gijón a Málaga, de Badajoz a Alicante. Esta gente siempre ha sido respetuosa, acogedora y abierta conmigo.

He leído varios artículos de periódicos no catalanes sobre el movimiento separatista. Me sorprende el tono humillante, cerrado al diálogo y la falta de respeto.

Si España trata con más cordialidad y apertura a los extranjeros que a sus propios catalanes, no es de sorprender que en Catalunya quieran ser del extranjero.

CANDICE JAN LEUNG

Barcelona

No es extraño que la pobre señora canadiense no entienda nada de nada. En su país hace décadas que gestionan un grave problema de secesión de una de sus provincias de manera inteligente y civilizada. Aquí no solo ve que el gobierno y los principales partidos hacen casi lo opuesto a lo inteligente y civilizado, además y a pesar que la que conoce es una de las peores realidades de Catalunya, la del Raval antes llamado Barrio Chino, comprueba diariamente que, en relación con esa realidad catalana, muchos medios de comunicación del resto de España no paran de insultar, mentir y difamar. Los inmensos problemas creados y barbaridades cometidas por una Catalunya totalitaria y fascista simplemente no los ve por ningún lado por más que la caverna mediática insista sin tregua. Si la conociese le diría que no se preocupe más por el problema ni se rompa la cabeza intentando entenderlo. Es inútil. No hay quien lo pueda entender.

Todo y con que sea un tema imposible de entender ni tan solo mínimamente, hay una cosa que me tiene muy intrigado: ¿cual es el objetivo final del ejercicio?, ¿qué pretenden conseguir?. Es evidente que el objetivo no es la solución del problema. Si este fuese el caso en España gobierno y medios de comunicación estarían haciendo algo similar a Canadá y Reino Unido. Quizás el objetivo sea justificar un final del problema por la vía dura y quizás incluso violenta, y cargarse de razón, aunque sea a base de mentiras fácilmente desmontables,  frente a los ciudadanos del resto de España y los que observan el problema desde el exterior.

De todas formas, hay algo que no ayuda a entender pero sí a comprender un poco reacciones tan absurdas. Aunque el tiempo y las circunstancias sean distintas, la forma en que se produjo el fin del Imperio Español a lo largo del siglo XIX nos ayuda al menos a conocer, sin lugar a dudas, que la profunda estupidez española en estas situaciones, tanto de gobernantes, de periodistas e incluso de parte de la población, viene de lejos, muy lejos.

La estupidez colonial española no cesa ni una semana, ni un día. Esta semana se ha anunciado que el CNI ha decidido expulsar a Noureddine Ziani, ciudadano marroquí que llevaba residiendo en España desde 1999. Las razones son una acusación de espionaje a favor del Reino de Marruecos y colaboración con grupos salafistas. Lo mínimo que se puede pedir cuando se miente y engaña es que preparen mejor la lección. El Sr. Ziani se había pronunciado abiertamente por el derecho a decidir y prestaba su apoyo a grupos independentistas catalanes, y sea esta o no la verdadera razón por la que lo han expulsado, la forma en que lo han hecho y explicado parece diseñada para dar la impresión inequívoca de que lo echan por independentista. El Reino de Marruecos es uno de los más interesados en acabar con los grupos salafistas y la colaboración con ambos no tendría sentido ni para un agente doble. Aunque quizás se hizo con los planos de la Isla de Perejil. Si aplicasen el mismo criterio a todos los residentes islamistas tendrían que fletar un barco para expulsarlos a todos, y más de la mitad de las mezquitas del país se quedarían sin Imán. Por otro lado estaría muy bien que lo hiciesen porque quizás así se lograría que España y en especial Catalunya dejasen de ser la principal base del Islam radical en toda Europa, llegando al extremo de organizar regularmente algo parecido a ejercicios espirituales para salafistas en Tarragona. La policía hace su trabajo porque están todos identificados, quien no lo hace son los políticos y los altos funcionarios. En fin, como decía Pilar Rahola en su columna de La Vanguardia de ayer 14 de mayo, la estupidez ha llegado a tal extremo que se considera mucho más grave ser simpatizante del independentismo catalán que activista del salafismo.