Irán, teatro de alto riesgo

Por Santi
Traduzco para el blog una entrevista a Roberto Toscano, investigador senior asociado al CIDOB (Centro de Estudios y Documentación Internacionales de Barcelona), llevada a cabo por Oleguer Sarsanedas. El texto completo en catalán podéis encontrarlo aquí, y descargarlo si queréis. El material que esta web publica es de lo más interesante, por eso dejé el enlace entre los sugeridos por el blog, a mano derecha.   Si los autores tuviesen algún problema con esta traducción, ruego me lo comuniquen y sencillamente la eliminaré de entre las publicaciones.
Como reza el título, la entrevista trata sobre las recientes tensiones en Irán, ofrece una visión más completa que la mayoría de los medios sobre la realidad del país, y trata d'albirar (de vislumbrar) las posibles situaciones que en un futuro cercano se darán en la región. Paso al texto:
En el contexto de una escalada de sanciones económicas y diplomáticas por parte de los Estados Unidos y de sus aliados, el último asesinato de un científico nuclear en Teherán, el 11 de enero, se añade a lo que las autoridades iranís califican de campaña de actos de terrorismo y ciberataques que tienen por objeto frenar el programa nuclear iraní. La república islámica atribuye la paternidad a Israel y a los Estados Unidos -que niegan tener nada que ver- y señala que la bomba que mató al profesor Mostafa Ahmadi Roshan es un paso más hacia la famosa linea roja pasada la cual nos adentramos en zonas de altísimo riesgo. Diversos analistas coinciden con esta valoración, pero algunos se inclinan a considerar que estas declaraciones no son sino una representación "teatral" para el consumo interno y externo.

Roberto Toscano (nidemocracy.org)

Roberto Toscano, que fue embajador de Italia en Irán (2003-2008), opina que, aun cuando hasta hace poco la hipótesis "teatral" parecía la más plausible, deben entenderse los últimos acontecimientos como algo realmente preocupante.
>Sin embargo, si repasamos las reacciones internacionales a la última llamada de los Estados Unidos para intensificar las sanciones económicas a Irán, se diría que la voluntad de aumentar la presión sobre Teherán no obtiene un consenso suficiente: aun cuando Europa ha decidido finalmente imporner un embargo de las importaciones petrolíferas de Irán a partir del 1 de julio del presente año, Rusia y China se oponen y Turquía, India y Pakistán anuncian que continuarán comerciando con Irán...Hasta ahora, las sanciones han causado inconvenientes, pero se podían sobrellevar. En el momento en que las sanciones pasan a afectar a las exportaciones de gas y petróleo y a las transacciones del Banco Central de Irán, en el momento en que las empresas que tienen o han tenido tratos con Irán comienzan a recibir llamadas donde se les dice si quieren hacer negocios "con nosotros o con ellos", las consecuencias son obviamente de otro orden. Actualmente, todas las grandes corporaciones del sector energético están buscando posibles proveedores sustitutivos. Es decir, se está definiendo un escenario en el cual, a medio término, Irán se podría encontrar fuera del negocio. De aquí la amenaza iraní de cerrar el estrecho de Ormuz como respuesta a las sanciones, una jugada que tendría consecuencias económicas gravísimas también para Occidente, especialmente para Europa.
Se dice que el barril de Brent podría llegar a superar los 200 dólares. Lo cual, en el actual estado de las economías europeas, sería dramático.Cerrar Ormuz, para los iranís, es como pegarse un tiro en el pie. Pero les quedan pocas opciones. Los Estados Unidos mantienen que no es aceptable que Irán tenga armas nucleares y que las sanciones son una alternativa a la intervención militar que propugna Israel. Ahora bien, sanciones hay de dos tipos: las que tienen por objeto conducir a un acuerdo y las que no. En el caso de las primeras, para conseguir el acuerdo es necesario, evidentemente, estar dispuesto a ofrecer algo a cambio. ¿Qué estarían dispuestos a dar los Estados Unidos? Ya lo dijeron hace tiempo: paz (es decir, no intervención militar) a cambio de una prohibición radical de enriquecer uranio. Pero es una oferta poco creíble, no sólo porque la demanda es inaceptable desde el punto de vista iraní, sino porque se produce en un contexto en el que todo parece indicar una falta de voluntad, por parte de EE.UU., de llegar a pactos y cumplirlos. Y esto viene de lejos. La posición de EE.UU. respecto a Irán se definió, en tiempos de Bush, sobre la base de esta máxima: para los buenos, las reglas no existen; para los malos, nunca son suficientes. Esta máxima continúa vigente: aunque Irán respete todas las reglas (enriquecer uranio en favor de R+D, siguiendo los protocolos establecidos y bajo inspección internacional), no es suficiente
¿Cómo se ve eso desde Teherán?Desde el punto de vista iraní, es como si a un ciudadano sospechoso de rondar a la salida de las escuelas , en lugar de vigilársele o ponérsele un brazalete electrónico, se le aplicase de entrada la pena de castración. Para los iranís, la escalada es unilateral y las sanciones no son sino un paso hacia la guerra. A esta falta de buena voluntad negociadora se añade un contexto especialmente adverso: el año electoral en los Estados Unidos, en el que los candidatos a la nominación republicana abogan todos por una intervención militar y en el que Barack Obama, quien hasta ahora ha mantenido una posición ambivalente, podría verse tentado a apuntarse al bando de los belicosos, para no aparecer como débil ante "el enemigo". No hay ninguna duda de que el objetivo de unos y otros es la capacidad de fabricar una bomba nuclear: los iranís quieren tenerla, esta capacidad (como Japón, por ejemplo) y Estados Unidos quiere evitarlo. Irán, por otra parte, siempre ha dicho que el objetivo de su programa nuclear es cubrir las necesidades energéticas internas, para poder continuar exportando gas y petróleo a medio y largo término
¿Y nos lo creemos?Irán es un país serio, cosmopolita, científicamente bien dotado. Su Ministro de Exteriores, Ali Akbar Salehi, es licenciado por la American University de Beirut y doctor por el Massachusetts Institute of Technology y su embajador en las Naciones Unidas, Mohammad Khazaee, tiene un máster de la George Mason University en los Estados Unidos. Irán es un país con una población joven, un buen nivel de educación, un porcentaje de analfabetismo bajo -como Turquía. Como los turcos (con quienes comparten el hecho de haber sido un imperio), los iranís son orgullosos -dicen: ¿por qué nosotros no íbamos a poder acceder a la energía nuclear? Por otra parte, si su objetivo, además de los usos civiles, es militar -obtener la bomba- (lo que aún no está nada claro), ¡es difícil no observar que nadie habla de intervenir militarmente en Korea del Norte!
¿Y cuál es, entonces, su objetivo?La política en Irán puede esquematizarse con tres círculos concéntricos. El círculo externo representa la religión; el círculo intermedio, el antiimperialismo; el círculo central, el interés nacional. El objetivo es preservar este último -que es donde se sitúa la energía nuclear y el negocio energético. La cuestión es cómo. Desde la oposición se acusa al actual Gobierno de conducción temeraria, porque pone en peligro a la población con provocaciones innecesarias y declaraciones radicales que no llevan a ninguna parte. Ello no quiere decir que no haya una amplia solidaridad con Palestina, por ejemplo, pero no mucho más que en España o en Italia -en todo caso, lejos del antisemitismo declarado de Ahmadinejad. También en el exterior la popularidad de Irán a disminuído mucho desde los días en que pronunciarse contra Estados Unidos e Israel le aportava un 85% de aceptación entre los ciudadanos de los países cercanos: ahora se sitúa cerca de un 10%, como consecuencia de las Primaveras árabes, que han desteñido su imagen de país "más democrático" que otros, y por la desconfianza hacia "el imperialismo persa", que pesa mucho en la región.
¿Qué retiene a los Estados Unidos en este momento? ¿El sentido común?
Aunque la frase Washington is an Israel-occupied territory* ha hecho fortuna, de hecho lo único que retiene a Israel es Barack Obama. Pese a la fuerza del lobby del Likud en Estados Unidos, es muy difícil que Israel actúe sin permiso de la Casa Blanca -la cual, hasta ahora, no se ha mostrado dispuesta, después de Iraq y Afganistán, a encarar otra guerra. Y qué guerra: el territorio de Irán no lo ocupa cualquiera. Además, los iranís tienen capacidad de respuesta ante un ataque, no únicamente en tèrminos de guerra asimétrica o de posicionamiento de sus vecinos (los países del Golfo y Turquía), sino en términos de guerra electrónica: a comienzos de diciembre de 2011, interfirieron los aparatos de navegación de un avión espía no tripulado de los Estados Unidos haciéndolo aterrizar en territorio iraní. Ahora bien: pese a todo, no es imposible que los Estados Unidos acaben optando por la intervención. ¿Para qué sirven los asesinatos de científicos -que es algo que choca frontalmente con la sensibilidad de la mayoría de la población iraní- sino para provocar a Irán a reaccionar de alguna manera que pueda justificar la guerra? Por otra parte, el contexto de presencias militares múltiples en la zona haciendo grandes maniobras ante la costa iraní aumenta las posibilidades de que se produzca un incidente en cualquier momento. Y no existe una línea caliente.
¿Alto riesgo, entonces?
El riesgo es altísimo. Pero aunque es exigible que la responsabilidad de quien ejerce el poder sea proporcional al poder que tiene, no se debe adjudicar toda la culpa a los Estados Unidos. Existe un problema real de interlocución con Irán. ¿Con quién se debe hablar? ¿Con Ahmadinejad, que basa su fuerza en el populismo pero que está menos loco de lo que parece? ¿Con Ali Khamenei, el líder supremo, dado que en Irán no se hace nada que no cuente con su bendición? ¿O con Mohammad-Baqer Qalibaf, el ex alcalde "modernizador" de Teherán que se supone que podría ser el próximo presidente del país? De hecho, Irán es un país normal, en el sentido de que se producen conflictos de intereses muy semejantes a los que tenemos en otras partes del mundo, matizados, eso sí, por la existencia de un régimen clerical que se encuentra en las antípodas de la sensibilidad de la gran mayoría de la población -religiosa, pero anticlerical. Y las luchas políticas internas tienen como consecuencia que se boicoteen según qué iniciativas, por la sencilla razón de que quien consiga "normalizar" las relaciones con Estados Unidos (una normalización al estilo chino: te odio, pero existes) tendrá el apoyo del 90% de la población. Ahora mismo, empero, el riesgo de conflicto abierto es altísimo.
¿Y no se trata de una locura?
Una política racional debería respetar el hecho de que si bien una hegemonía regional iraní no es aceptable, la exclusión de Irán es imposible. Habría de dejar algún espacio al país. Cabe esperar a los nuevos presidentes, tanto de Irán como de Estados Unidos (un Obama menos condicionado por las exigencias de la reelección) -pero eso cae muy lejos, faltan muchos meses.

4 de enero del 2012

* "Washington es territorio israelí", N.d.T.
Es todo. Esperemos que la situación se arregle sin recurrir a la violencia (pues nunca sabemos a dónde nos lleva su atajo), e igualmente deberemos prestar atención a la otra zona caliente, Síria, eslabón muy importante en la cadena de relaciones entre Estados Unidos, Irán y el conjunto del mundo árabe.
Saludos