Ismet Prcic: ESQUIRLAS

Publicado el 09 julio 2013 por Francescbon @francescbon
Sí: volveré a hablar aquí de un libro. Pero no porque lo que haya podido escribir de Esquirlas en algún otro sitio sea algo que no suscriba al cien  por cien. No es eso. Es que Esquirlas es una enorme novela que me ha tocado en los niveles que otros libros no suelen alcanzar y, además, me ha sumido en algún tipo de reflexión personal que no tiene sentido compartir fuera de este, el ámbito personal. Esquirlas es una narración repleta de misterios, una de esas novelas como las de Javier Cercas, donde protagonista y escritor comparten nombre, origen, edad, muchísimas cosas, de manera que uno tantea referirse a ella a ratos como biografía, como crónica, como diario personal y, algunas veces, pero en el fondo la que a mí me gusta más, como pura ficción.Esquirlas narra la vida de un joven que nace en Bosnia, uno de esos países llamados de la antigua Yugoslavia, que nace a tiempo de formar parte de lo que se llamaría una fuerza de movilización, y que, como tantos otros, sin comerlo ni beberlo, se ve involucrado en el conflicto bélico. Va, soltemos ya el topicazo sobre las guerras civiles y hablemos de odio entre semejantes, de vecinos enfrentados, de amigos que dejan de serlo y bla bla bla. De conflictos étnicos y religiosos, de generales con pistolas amenazadoras colgando. del cinto.Y sí: hiere profundamente, en esa sutil y abyecta medida en la que uno proyecta esa situación hacia círculos cercanos, en la que uno piensa si el fachilla de turno que es objeto de chanza general cuando empieza las soflamas pro-unionistas no es capaz de volverse loco y, en medio de un conflicto, dárselas de héroe y ajustarle las cuentas a los antagonistas. La obra (sí, obra es suficientemente neutro y equívoco) habla de muchas cosas y podría pulirse en algún punto, podría aligerarse en alguna página pero eso le quitaría el encanto de la obra inicial imperfecta, la frescura del escritor que acomete con ganas cada página, y que siente que no puede dejarse nada de todo lo que tiene que decir. Viviendo en Catalunya, y posicionado de forma clara e ineludible en esa creciente mayoría que no ve ya más solución que plantar al estado español y dejar que se apañe con el resultado de sus votaciones y de sus mal cerradas heridas del pasado, la hipótesis de un levantamiento, de una involución o de cualquier cosa que entrañe barricadas y carreras por las calles toma cuerpo: poco, pero cuerpo. Y en esas barricadas y en esos edificios acribillados y en esos pueblos abandonados por una población diezmada y atemorizada veo a Esquirlas un par de detalles más adelante de la pura ficción. Veo a gente joven como el protagonista abandonando primeros amores en la búsqueda familiar de la seguridad para los miembros del colectivo. Los veo en batallones desvencijados al lado de tipos con los que nada tienen que ver salvo un sello en el documento de identidad. Veo el terror nocturno, las pesadillas tras el conflicto, el anclaje de los recuerdos y la sensación de perpetua inmigración, cuando los vestigios del pasado, el lugar al que se regresa a por la magdalena, han sido pasto de bombas, escenario de torturas y crímenes, han perdido todo el calor del antiguo hogar para ser el foco, el origen de todas las huidas y el destino al que no se quiere volver. Esquirlas es una excelente novela para cualquiera. Para ese fragmento de la humanidad actual que somos ya no los que proclamamos pertenencia a una nación, sino no-pertenencia a otra en la que nos sentimos ajenos, esta es una novela con un poderoso plus: la sensación de estar viendo futuros potenciales y el irresistible atractivo de mirarlos, de acercarse a ellos hasta casi tocarlos.