Los sentidos nos engañan, las imágenes que transmiten la verdad sobre el mundo deben ser purificadas de sus elementos antropomórficos, la fantasía y la conducta son dos reinos diferentes. La mitología y religión constituyen aspectos sui géneris de la vida y de la naturaleza, pertenecen al ámbito de la construcción del alma. Cuando todo se quiebra se mira al origen, hacia atrás para tomar impulso y moverse hacia delante. En momento de crisis la historia occidental tiene dos caminos, nos dice el autor: el hebraísmo, monoteísmo de la consciencia, camino único de una única dirección, rigidez sin renovación alguna, sermones culpabilizadores; o el helenismo, politeísmo de la consciencia, caminos diversos de diversas direcciones, fomenta la renovación, espontaneidad, no necesita librarse del mal, trasfondo policéntrico. Nuestro concepto religioso es monoteísta, pero cuando aparece la fantasía se fragmenta el sistema y regresa el politeísmo griego, regresa una Grecia mítica gloria del pasado, la perfección formal de la belleza, la lucidez de la mente, el germen de la idea de idea, el comienzo de la cultura occidental. Los mitos griegos sirven de un modo menos específico como una religión y de un modo más general como una psicología, una búsqueda de la iluminación psicológica. Las imágenes míticas describen el instinto; los instintos representan modelos míticos: los mitos son terapéuticos. Los mitos griegos permanecen en nuestra consciencia hasta hoy, en un paisaje interno en el que moran los arquetipos en forma de dioses. Si queremos conocernos a nosotros mismos debemos retornar a la Grecia clásica.
El mundo de Pan incluye masturbación, violación, pánico, pesadillas y enfermedad (entre otros atributos); los procesos míticos no se pueden entender como cambios o progresos de perfeccionamiento moral de la conducta, en el mundo mítico rigen otras leyes. "Para la psicología profunda los temas y personajes mitológicos no constituyen simples objetos de conocimiento, se trata de realidades vivientes del ser humano que quizá ya existen como realidades psíquicas incluso antes que su manifestación histórica y geográfica". Sólo cuando el mito es reconducido hacia el alma, sólo cuando el mito asume importancia psicológica se convierte en una realidad viviente necesaria para la vida y deja de ser artificio literario, filosófico o religioso.