Joan-Francesc Pont, ante el nuevo templo Roger Leveder

Por Vguerra


Recibí en tiempo y forma la invitación para acudir a la inauguración del nuevo templo masónico de la Gran Logia Simbólica Española, que no en vano fue mi Obediencia de referencia allá en los  finales de los años 90, agradecí el detalle, pero Barcelona, dadas ciertas circunstancias laborales me alejan de cierta movilidad que antes tenía, por tanto me quedé con la ganas de acudir a ese magno evento, en compensación antes de dejar Madrid acudí como Orador (accidental) a la apertura de trabajos de la Logia Renacimiento nº 64 de la GLSE en Madrid y que preside el amigo y Hermano Brenno Ambrosini.
Hace unos días recibí por la gentileza de Joan Francesc Pont , la publicación que se entregó a todo aquellos que acudieron a la inauguración del Templo Masónico Roger Leveder, en Barcelona, y en justa medida y según mis actuales capacidades, reproduzco pues parte de sus contenidos. Victor Guerra Alocución de Joan-Francesc Pont Los trazos biográficos del Gran Maestre Roger Leveder apuntados por la Serenísima Gran Maestre al consagrar este Templo son exactos. Permitidme que en esta plancha parta del trabajo masónico del Hermano al que hemos decidido recordar otorgándole al Templo principal de Vallés, 87 su nombre. Roger fue instalado como Gran Maestre el 27 de junio de 1987, durante la Asamblea General celebrada en nuestro viejo Templo de Avinyó, 27. Su discurso de investidura fue un “plan de trabajo”, exigente consigo mismo y con los demás. No se tomó ni un día de descanso, pidió y obtuvo la colaboración de sus Hermanos y nunca demandó nada que antes no hubiera llevado a cabo él de forma personal y directa. Sufrió la soledad del corredor de fondo y al finalizar sus dos mandatos de tres años, la Gran Logia era, felizmente, irreconocible. Honor y gloria a él. Habló ya en su primer discurso sobre la iniciación del Aprendiz, una fiesta a la vez simbólica y rigurosa. Un rigor, alejado de una liturgia ceremoniosa que sólo tendría por objeto mantener una tradición obsoleta, y, por contra, un rigor basado en la idea de respeto al neófito –situado en el centro de sus preocupaciones- y a la propia Orden. Pedía, por ello, a los Grandes Consejeros que procuraran asistir a las iniciaciones, en su calidad de tales, como representantes de la Gran Logia, ocupando un lugar en el Oriente, no para marcar diferencias, sino como la aceptación del compromiso de cumplir con el Deber. El profano –decía- no puede quedarse con la impresión de que entra en un pequeño grupo, sino que pasa a ser reconocido como integrante de la Francmasonería. Llamaba Roger al crecimiento de la Orden, el de cada Logia, pero, sobre todo, al ligado a la creación de nuevas logias, en aquel tiempo que la Historia había vuelto a asignar a los pioneros. Leveder concebía la necesidad de la misión, de la recuperación del tiempo perdido, mediante una acción institucional no proselitista en el territorio. No hemos de convencer a la gente, pero hemos de estar presentes en las cien principales ciudades de España. Esto requiere lo que el primer Gran Maestre, Rafael Vilaplana, identificaba con el “hacer” y lo que el segundo evocaba con su tesis sobre “una visión del mañana”. Hoy le llamaríamos, “plan estratégico”. Y pedía a todos el cumplimiento de sus capitaciones, tratando de desvanecer el espejismo de que la Francmasonería ya proveería de lo necesario. Así, Roger recordaba que el Templo de Avinyó había sido financiado sin exigencia de capitaciones. Y fue así, fue la contribución de una sola persona, del Hermano Royo. O que todos los viajes eran sufragados por los Grandes Oficiales. Bajo su Gran Maestría se aprobaron el primer presupuesto y el primer Balance, dándose los 31 primeros pasos para la normalización de la Gran Logia.
Un legado a las generaciones de futuros masones
La Sede que inauguramos hoy es un legado a las generaciones de futuros masones, nacido del impulso por la acción de Roger Leveder y de quienes aprendimos de él el arte de la construcción. Es un modelo de estar en la Ciudad: Leveder fue quien inscribió por vez primera en España una Obediencia masónica en la guía telefónica; nosotros, los segundos en abrir las puertas de la Sede a la calle en un ejercicio de abandono de los pisos clandestinos que criticaba Pérez Galdós con inquina, de visibilidad ciudadana y de presencia “republicana”. Dijo Roger Leveder muchas otras cosas en aquella mañana estival, pero permitidme citar sólo algunas que han permanecido indeleblemente grabadas en mi corazón: nuestras logias se llaman de San Juan, porque tienen un espíritu renovador; no poseemos, sino que buscamos, la palabra perdida; no caigamos en el error de pensar que si no hay un enemigo declarado, no es preciso luchar; ciertas estructuras [políticas y económicas] actuales no resistirán a los cambios que se avecinan; no dejemos que los árboles nos impidan ver el bosque; la asistencia a las tenidas debe estar motivada por un claro y firme propósito de participación, de intercambio y de operatividad; la fuerza de nuestra Obediencia ha de basarse sobre lo que seamos capaces de desarrollar y en una estricta unidad frente al devenir de la Humanidad.
Para el Gran Maestre Leveder, cuyos consejos de entonces resuenan con el vigor del ahora, la Francmasonería debe huir de quienes sólo ven en ella una palanca para su vanidad y de cuantos buscan un mero refugio para intentar resolver sus problemas emocionales, a costa de una fraternidad unilateral. Y le apostillo hoy: la Orden no es el substituto del Psicólogo, ni el lenitivo del fracaso o del desamor, ni la terapia contra fobias o complejos, ni el bálsamo de Fierabrás. De nuevo, con las palabras de Leveder: ¿Cómo podría un masón ser útil a la sociedad si no fuera capaz de serlo a su propia Obediencia, a su propia Logia?Hacerse masón no es entrar en una minoría más o menos elitista, sino que requiere un evidente deseo de trabajar. No es cambiar una afición por otra, es renunciar libremente a muchas aficiones.
Una estructura trifederal
Concibió Roger Leveder la Gran Logia Simbólica Española desde la unidad en la pluralidad y la convirtió en una estructura trifederal: de logias, de ritos y de territorios. ¡Ésta es nuestra riqueza, que no deben amenazar ni los dogmáticos de un rito, ni los oscuros reglamentistas ni los nuevos centralistas! En su discurso de investidura ya señaló: ruego al Gran Experto que, cumpliendo con una de las obligaciones de su cargo, se ocupe de que las logias catalanas tengan una correcta versión de nuestros rituales en su idioma.Esta tarea fue llevada a cabo, materialmente, por el Querido Hermano Víctor Pallàs, filólogo, y, más adelante, fue asumida por el Supremo Consejo, como es sabido. Aquel día tuvo Roger palabras muy fraternales hacia las delegaciones invitadas, que incluían, entre otras, al Gran Oriente de Francia, con su Gran Maestre mítico Roger Leray a la cabeza, a la Gran Logia Femenina de Francia –cuya primera logia barcelonesa, Luz Primera, ha formado siempre y forma parte aún de nuestro entorno familiar- y a la Gran Logia de Italia, representada porRenzo Canova, que acababa de substituir a Giovanni Ghinazzi; hacia Ginés Alonso y hacia Olegario Pachón –ahora recordados en las salas de juntas de Vallés, 87; y, anecdóticamente, hacia mí, recién cumplidos los 30 años, prematuro Gran Maestre Adjunto de un proyecto ilusionante.Rafael Vilaplana recibió un mallete de bronce encargado para él como pieza única, con los emblemas del grado 33º del Rito EscocésTras la creación de la Gran Logia Femenina de España el año 2005, a cuya ceremonia inaugural asistió como Alto Representante el Muy Ilustre Hemano Joan Ramon Rodoreda, ésta ha recibido el legado de su Obediencia madre y ha conservado incólume el afecto fraternal de la G∴L∴S∴E∴ hacia ella, la más próxima a nosotros entre las Grandes Logias de la Amistad.
El sagrado principio de la Fraternidad
Un año y medio después, la tarea constructora debió combinarse con alguna extirpación quirúrgica, no sin dolor, pero también con firmeza. Leveder declaraba, el 25 de noviembre de 1989, al Gran Consejo Simbólico de la Orden, con la auctoritas que le caracterizó, en medio de un completo silencio: No tienen cabida ya en la Gran Logia Simbólica, en una masonería española moderna, ni absurdos intentos de desestabilización, ni personalismos, ni rencores profanos.Sobran las habladurías, los intentos pueriles de enfrentamientos entre los talleres o entre los Hermanos. Todos estos malos usos atentan al sagrado principio de la Fraternidad y nos distraen de la cantera humanista en la que realizamos nuestros trabajos. Los Grandes Consejeros recibieron también su parte, con un mensaje que es hoy más actual que nunca: Este Gran Consejo no puede seguir siendo un lugar de reunión periódica al que se acude para cumplir, porque no se es Gran Consejero solamente el día de esta reunión, sino durante todos y cada uno de los días del mandato.
Poco antes de la Gran Asamblea de 1990, el Gran Maestre, en una de sus cartas abiertas a todos los Francmasones de la GLSE, seguía dirigiéndose a sus Hermanos desde el prestigio: Estamos aquí porque deseamos escuchar al otro y, con ello, poder preguntarnos por qué no piensa como yo y, a la vez, por qué no pienso como él.Conocernos a nosotros mismos y conocer al otro, éste es el mandato que recibimos en la Iniciación. Conocer sin estar a la defensiva. Este es el método. Ser capaces de evitar los vicios del mundo profano: el rechazo, la negativa, la oposición. Estas actitudes son incompatibles con nuestra función de escuela de ciudadanía. Por el contrario, nos exigimos ser masones libres en logias libres, respetando a los demás, trabajando juntos, pese a las diferencias, intentando aprender del otro, aun del más humilde, practicar las virtudes públicas de nuestra divisa,mantener el equilibrio entre respeto del rito y militancia social, comprender el simbolismo sin dogmatizarlo ni rechazarlo,… ¿Quién dijo que fuera fácil? La expresión “logia libre” tuvo ocasión de ser explicada por Leveder en una carta a los Hermanos de la G∴L∴S∴E∴ de principios de 1992: la Logia tiene en tan alta estima su libertad que, al elevarse por encima de las imposiciones, es capaz de asumir las “reglas del juego” sin sentirse agredida.
La formación fue otra de las grandes preocupaciones del Gran Maestre Roger Leveder. Así, en su carta abierta del nuevo año 1991 se preguntaba socráticamente: ¿cuántos Aprendices han leído con atención y estudiado después de su iniciación el 33 Ritual del Aprendiz?¿Cuántos Compañeros han leído con atención y estudiado el ritual de su Grado después de la Exaltación? ¿Cuántos Maestros han leído con atención el ritual de su Grado tras ceñirse un mandil bordado? ¿Cuántos Masones, de uno u otro Grado, viven los rituales de Apertura y de Cierre de los Trabajos y participan de ellos más allá de una simple presencia física? ¿Cuántos ven en su asistencia a estos rituales la sublimación de su condición de Masón y cuántos ven ellas un ceremonial inevitable o incluso arcaico? Leveder no se quedaba, por supuesto, en las sugerencias y, a continuación, impartía instrucciones sobre la formación y sobre la forma de practicar los rituales. Leveder, simbolista, pero no simbologista –en la expresión acuñada por nuestro H∴ Vicenç Molina recordaba en una Tenida de la R∴L∴ Justicia nº 7, en el Or∴ de Barcelona, en 1993: la Masonería no impone ninguna interpretación institucional, véase dogmática, de su propia simbología, no porque la deje sin contenido, sino porque la considera un acicate para la reflexión y, por tanto, como un impulso para el librepensamiento. El 16 de febrero de 1991 se reunió el Primer Congreso de la Gran Logia de Cataluña y de Baleares, como resultado de la aplicación de los nuevos Reglamentos Generales aprobados en el mes de junio anterior. Fue elegido Gran Maestre el Q∴H∴ Joan Massó.
El discurso del Gran Maestre Roger Leveder giró alrededor de la necesaria desaparición de las fronteras que separan a los seres humanos para alcanzar la Alianza que defendía Krause.
Leveder había defendido con ardor la federalización territorial de la G∴L∴S∴E∴, una tarea en la que tuve el honor de ayudarle. Un tiempo después, el 28 de marzo de 1992, pudimos asistir a la instalación de la Gran Logia del Centro – Norte, presidida como Gran Maestre por el Q∴H ∴ Alberto González. En el Encendido de Luces de laLogia Miguel de Cervantes nº 25, el 11 de noviembre de 1991, el Gran Maestre pudo subrayar que la G∴L∴S∴E∴ se encamina claramente hacia una confederación de Logias federadas en Distritos específicos, porque nuestras diversas culturas así lo solicitan y, sobre todo, porque nuestro entendimiento del universalismo, como Masones, nos lo dicta.
Ciudadanos de una república universal
La interpretación de los Reglamentos Generales de la G∴L∴S∴E∴ en el sentido de que no comportaban acepción de sexo, impulsada por Roger Leveder, junto a algunos de sus más directos colaboradores de aquel tiempo, durante la Gran Asamblea de junio de 1992, en la que se aprobó un procedimiento para el ejercicio reglamentario de la llamada triple opción, condujo a la iniciación en su seno de la primera mujer, Josefina Saló Ramell, el 14 de noviembre de 1992, en la R∴L∴ Justicia nº 7, en el Or∴ de Barcelona.  Casi 25 años después, aquel gesto de normalización merece ser evocado, al tiempo que debe recordarse que la letra y el espíritu de la triple opción –cuyo desarrollo filosófico, hoy generalmente aceptado, puede leerse en algunas de las obras masónicas del Hermano Javier Otaola, Gran Maestre entre 1997 y 2000- hoy sigue plenamente vigente.. El doble trienio del Gran Maestre Roger Leveder finalizó en una calurosa Gran Asamblea celebrada en el Templo Francisco Ramos Molins de la calle Avinyó, 27 de Barcelona, el mismo lugar en el que había empezado, en un mes de junio, sólo 34 que esta vez de 1993. Poco antes, no resistió la tentación de trazar una plancha titulada Seis años de tribulaciones de un Gran Maestre, que leyó en sus dos logias del alma, Minerva-Lleialtat nº 1 y Hermes-Tolerancia nº 8, en los Orientes de Barcelona y Madrid, los días 8 y 31 de mayo de 1993, respectivamente. Aquellos seis años le convirtieron en un paradigma del Francmasón engagé de la Gran Logia Simbólica Española, llamado a combinar la razón y el corazón en un esfuerzo por reconstruir a la Orden en nuestro país. Roger Leveder sigue vivo en nuestra memoria y, por eso, le evocamos en el 0riente Eterno. De él empezamos a aprender que la Francmasonería es parte de nuestra intimidad y que la intimidad es el lugar en el que se define nuestra identidad. Que en un mundo que parece haber acabado con la ideología para poner a nuestro alcance, simplemente, consumibles, no nos conformamos con apretar mil veces al día un like en una pantalla de ordenador o de móvil, nos rebelamos contra quienes nos desean reducir a la condición de meros consumidores y seguimos alzando nuestra voz como ciudadanos de una república que soñamos como universal. Queremos impulsar el progreso desde nuestra búqueda de la luz y rechazamos ser meras marionetas que huyen de la sombra que les empuja al miedo o al silencio. Somos conscientes –con el brillante orador profano que hace unos días ocupó esta misma tribuna durante una Tenida Blanca Cerrada auspiciada por el Supremo Consejo-, que siendo cierto que la oscuridad oculta a la realidad, no es menos cierto que la claridad, a menudo, miente. Que el mito de la transparencia puede conducirnos al vacío, pues no hay nada más transparente que el vacío. Que la neutralidad es una trampa, como decía Jean Jaurès, pues lleva inexorablemente a la nada. En definitiva, Hermanas y Hermanos míos, ¡no tenemos derecho al nihilismo! Ni al conformismo, ni a la aceptación acrítica de la realidad, ni a la sumisión a los nuevos poderes, mi a la renuncia a la creatividad, a la imaginación o a la protesta. Porque prevalece sobre todos y cada uno de nosotros el deber de lo que nuestro Hermano Vicenç Molina denomina a menudo meliorismo, que es, si me permitís, el primer deber del Francmasón, es decir, el compromiso permanente con la transformación activa del mundo hacia el progreso, en el mejor sentido de esta palabra, desde el ejercicio de la democracia representativa y desde el respeto y la extensión de la cultura de los derechos humanos. 
El Supremo Consejo Masónico de España viene utilizando el internacionalismo escocista como un espacio para el diálogo cívico, laico y humanista sobre los conflictos que nos desangran y sobre los malos entendidos que conducen a estériles enfrentamientos entre egoísmos grupales. Así, sólo en este año 2016, nuestros Templos han albergado encuentros entre exponentes de países en conflicto bélico o análisis políticos que van más allá de la constatación de cuanto los Hunos odían a los HOtros, escritas las dos palabras con aquella tremenda H que nos enseñó Don Miguel de Unamuno. A cubierto de miradas curiosas, el Rito Escocés, de Lisboa a Estambul, es hoy una de las últimas oportunidades para la paz, no ya desde la vertiente teórica, sino desde la práctica ejercida sobre el terreno, sin más protección que nuestro método de respeto a la dureza de los contenidos mediante la corrección de las formas.
Una comunidad iniciática alegre
Éstas y muchas otras cosas las evocamos o las soñamos en la Tenida fúnebre de Gran Logia, celebrada el 20 de septiembre de 1998, Alberto González, Vicenç Molina, Joan Ramon Rodoreda, Javier Otaola, quien ahora ocupa este atril y el profesor Pedro Álvarez Lázaro. Pedro fue un gran amigo de Roger y ambos se habían comprometido a participar en las exequias del primero que falleciera. Cumplió su palabra y, entre otras cosas, dijo: Mi vinculación con Roger comenzó por razones profesionales. Mis investigaciones históricas me indujeron a reivindicar públicamente un rostro realista de la Masonería, tan injusta y tristemente distorsionada durante decenios. Esta labor mía de extensión universitaria y la suya de representación institucional nos obligaron a coincidir frecuentemente en los más variados foros. Juntos participamos en debates arriesgados, asistimos a reuniones comprometidas o afrontamos a los inquisitivos medios de comunicación. Y también juntos nos vimos obligados a defendernos de quienes, desde la propia Casa [se refiere a la Orden], a veces, pensaban más en derribar con egoísmo que en construir con generosidad. Leveder y Álvarez sufrieron la inquina del enemigo exterior. Pensemos que en el siglo XVIII se publicaron en España más obras contra la Orden que a favor de ella y que la Antimasonería, como pretenden algunos, no fue un invento de Ferrari, Tusquets y Carlavilla para el General Franco y el Almirante Carrero,sino una tradición sólidamente arraigada en el, valga el oxímoron, pensamiento tradicionalista español que acompaña a Absolutistas, Neocatólicos, Apostólicos, Carlistas, Franquistas e Integristas y otras especies en su combate contra la España liberal. Nosotros, hoy, reafirmamos nuestra fidelidad a la construcción de una sociedad abierta, impregnada de respeto al principio de libertad de conciencia, la sociedad que siempre ha querido la Francmasonería. Leveder y Álvarez fueron también objeto de las iras, como señalaba el propio Pedro, del enemigo interior.
Hubieran podido decir, como el comandante golpista de Gijón pidió al buque “Almirante Cervera”, el 21 de agosto de 1936, “El enemigo está dentro, disparen sobre nosotros”, pero, obviamente no lo hicieron, porque este tipo de gestos numantino-toledanos no formaba parte de su cultura democrática. Pero sufrieron mucho y muy injustamente. Justo es recordarlo. Justo es también reconocer que el enemigo interior, aficionado a la maledicencia, a la crítica destructiva, a la recreación en la ignorancia cerril y en la osadía de los incautos, al insulto y a la inoperancia, sigue existiendo, más débil que en aquellos tiempos, pero igual de obcecado en invocar la fraternidad para destruirla, igual de obsesionado en entorpecer la labor constructiva de la Orden, ejemplificada estéticamente por el combate del puente de Gadara, una referencia compartida entre diversos Ritos, desde su aparición original en el grado 15º del Escocés, procedente del Rito de Perfección. El mensaje del Gran Maestre Roger Leveder – Le Pottier Le Boudec, Soberano Gran Inspector General de nuestro Supremo Consejo, de mi querido hermano, compañero, maestro, confidente, paisano de nuestro Ampurdán de adopción, colega, ¿por qué no decirlo?, de noches de miel y alguna de hiel, y, sobre todo, amigo de corazón Roger, permanecerá siempre entre nosotros. Dejadme finalizar, Gran Maestre, con una frase suya, de 1993, que he tenido ocasión de citar, 36 parcialmente, en otros lugares: La Francmasonería es una comunidad iniciática alegre. Si bien es cierto que la vía iniciàtica puede ser amarga, porque es difícil conseguir que el compás cubra la escuadra, o sea que el espíritu prevalezca sobre la materia, no por ello debe ser triste. La iniciación masónica tiene un carácter emancipador y, por ello, una profunda vocación educadora; no es un acto “intelectualizado”, sino el pórtico hacia un compromiso con los demás al que llamamos con gran expresividad “humanismo”. Joan-Francesc Pont  Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo Masónico de EspañaNoticia sobre la Inauguración: http://www.xn--masoneriaespaola-jub.com/nuevo-templo-masonico-de-barcelona-inaugurado/