Revista Cultura y Ocio

Joshua Oppenheimer al NYT: “El western glorifica el genocidio cometido en los Estados Unidos”

Publicado el 15 julio 2015 por María Bertoni
Joshua Oppenheimer según el fotógrafo Gérard Uféras para el NYT.

Joshua Oppenheimer según el fotógrafo Gérard Uféras para The NYT Magazine.

Después de leer las respuestas del director de El acto de matar y La mirada del silencio al periodista Adam Shatz, causa un poco de gracia el título asignado a la entrevista que la revista del New York Times publicó el domingo pasado (y el jueves anterior en la versión digital): “Joshua Oppenheimer no volverá a Indonesia”. Por lo pronto, da la sensación de que el editor responsable prefirió destacar algo bastante previsible (al menos para quienes conocemos la historia de ambos documentales) antes que alguna de las declaraciones más contundentes del realizador radicado en Dinamarca.

“Posiblemente pueda entrar a Indonesia sin problemas. En cambio, no estoy seguro de poder salir vivo”. Así contesta Oppenheimer cuando Shatz le pregunta a modo de cierre si tiene prohibido el ingreso después del estreno atípico de The act of killing.

En este punto, corresponde recordar que el documentalista viajó al país de sus padres con la intención de registrar las secuelas de la purga anti-comunista que Suharto, alias Dady Dushi, ordenó en 1965. Para El acto de matar, filmó y entrevistó a perpetradores de la matanza (todos ellos gozan de la protección del gobierno actual) con la falsa promesa de rendirles un homenaje; por eso los verdugos se sintieron libres de contar con lujo de detalles -incluso de teatralizar- las iniquidades cometidas.

Para La mirada del silencio, Oppenheimer acompañó al hermano de una víctima en su búsqueda personal de verdad, memoria y alguna ilusión de justicia. Otra vez filmó a los asesinos dispuestos a hablar sobre ése y otros crímenes cometidos.

El acto… pudo verse en territorio indonesio el 30 de septiembre de 2013, fecha en la que sobrevivientes y descendientes de asesinados volvieron a conmemorar el comienzo de las atrocidades ejecutadas con apoyo de la CIA. Ese día, luego de algunas proyecciones clandestinas en subsuelos y ante un público especialmente invitado, la productora Drafthouse Films habilitó un sistema de descarga online gratuita y geo-bloqueada (es decir, sólo disponible para usuarios radicados en ese país).

Un desembarco tradicional en el circuito de exhibición habría sido (sigue siendo) imposible porque el gobierno indonesio prohíbe toda película que denuncie violaciones a los derechos humanos. Grupos paramilitares habrían atacado a los administradores y ocupantes de las salas que hubieran osado burlar la censura.

La entrevista de Shatz revela un dato interesante para quienes vimos las dos películas: Oppenheimer intentó filmar La mirada del silencio mucho antes, en 2003. Como el Ejército indonesio llevaba semanas hostigando al protagonista Adi Rukun y a su familia, este oculista empecinado en conocer las circunstancias en que mataron a su hermano mayor fue quien sugirió la idea de hacer un documental, no sobre su búsqueda, sino sobre los verdugos.

“Cuando los contacté -rememora el documentalista- se mostraron inmediatamente dispuestos a revelar los peores detalles de sus matanzas. Es como si hubiéramos viajado a Alemania cuarenta años después del Holocausto y hubiéramos encontrado a los nazis en el poder”.

Al final, Oppenheimer pudo rodar La mirada del silencio recién después de terminar El acto de matar. “Durante el primer trabajo me hice conocido por haber frecuentado a los responsables máximos de la masacre, incluidos el entonces Vicepresidente de la Nación y algunos miembros del Parlamento. Los hombres con los que Adi quería conversar -los asesinos de su hermano- deben haberlo pensado dos veces antes de atacarnos pues no querían ofender a sus jefes. Por supuesto, después del estreno de El acto…, estos tipos me odiaron”.

La declaración más contundente de Joshua remite a esa clase de pregunta que los estadounidenses deberían evitar mientras no puedan/sepan/quieran asumir las iniquidades que perpetraron -y siguen perpetrando- en nombre de la democracia y la paz. Shatz formuló la suya de la siguiente manera:

La mirada del silencio incluye el fragmento de un informe que el noticiero de la NBC emitió en 1967, y donde se sostiene que Indonesia ‘es más bella sin comunistas’. ¿Cuánta responsabilidad le cabe a Occidente por el genocidio en ese país”.

La respuesta:

Mucha… Estados Unidos le proveyó al Ejército indonesio un sistema de radio especial para coordinar la matanza sobre el vasto archipiélago. Por otra parte, un tal Bob Martens, empleado de la Embajada de USA en Yakarta, elaboró y entregó al gobierno de facto listas con los datos de miles de figuras públicas tildadas de opositoras”.

Aunque bastante menos arriesgada, una segunda pregunta también provoca una respuesta de difícil digestión para gran parte de los ciudadanos estadouindenses. A continuación, la transcripción del mini-diálogo…

AS: En El acto de matar, se alienta a los verdugos entrevistados para que recreen sus atrocidades al estilo de los westerns de Hollywood. Algunos críticos dijeron que esto “sensacionaliza el genocidio”.

JS: Yo les diría a esos críticos que la raison d’être del western es la glorificación del genocidio perpetrado aquí en los Estados Unidos: la masacre de los nativos americanos”.

Sin dudas, es mucho pedirle al New York Times -sobre todo a su revista dominical- que ascienda(n) una de esas dos declaraciones urticantes a la categoría de título. Pero también es innegable que existían alternativas más interesantes entre aquel extremo radical y el que finalmente resultó ganador, acaso por tratarse de una verdad de Perogrullo.


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