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Juan Carlos Herranz: «No escribo para proteger mi imagen, sino para proteger mi verdad»

Publicado el 30 junio 2026 por Delecturaobligada @DelecturaOblig

El poeta abre las puertas de Lo que soñé mientras dormía para hablar de las heridas que dieron origen a su obra, la honestidad como único camino literario, el amor, la vulnerabilidad y la poesía como un espacio irrenunciable de libertad y resistencia.

Por: Alberto Berenguer / Instagram: @tukoberenguer; @delecturaobligada

Juan Carlos Herranz: «No escribo para proteger mi imagen, sino para proteger mi verdad»

Usted afirma que este libro está escrito con cicatrices más que con tinta. Si tuviera que elegir una sola herida que haya dado origen a este poemario, ¿cuál sería y por qué decidió exponerla públicamente?
La herida fundacional es la del amor que se desgasta en silencio, ese que no estalla, pero se va apagando como una vela que nadie recuerda soplar. No es una herida espectacular, sino una de esas que duelen precisamente porque parecen pequeñas. Decidí exponerla porque la intimidad solo tiene sentido cuando se comparte, y porque escribir este libro fue mi forma de decirme la verdad sin anestesia. Para mí, la poesía es un acto de sinceridad radical. Yo no escribo para exhibirme, sino para entenderme y compartir.

En sus poemas conviven el deseo, la fe, la pérdida y el sexo con una naturalidad poco habitual. ¿Hubo algún poema que dudó en publicar porque pensó «esto quizá es demasiado para que lo lean mis familiares o mis amigos»?
Sí, claro. Hubo varios poemas que me hicieron pensar: «¿de verdad quiero que esto lo lea alguien que me conoce?», pero entendí que el pudor es el enemigo natural de la poesía. Si un verso me incomoda es porque toca un punto que aún no he resuelto, y por eso mismo debe estar en el libro. Tampoco escribo para proteger mi imagen, sino para proteger mi verdad, y la verdad, cuando se escribe, siempre tiene algo de desnudez. Me desnudé en mi poemario Reflejos del alma, lo he vuelto a hacer en Lo que soñé mientras dormía y lo haré en la tercera entrega que cerrará esta trilogía de verso libre.

Muchos autores aseguran que escriben ficción para esconderse detrás de los personajes. En su caso parece justo lo contrario. ¿Cuánto de Juan Carlos Herranz hay realmente en estas páginas y cuánto ha preferido dejar en la sombra?
Hay más de mí de lo que me gustaría admitir. Yo no me escondo detrás de metáforas ni personajes: escribo desde el amor, la herida o el desamor, pero nunca desde el disfraz. Reconozco que existen aspectos de mis sentimientos que prefiero dejar en penumbra, no por miedo, sino porque la literatura necesita misterio. De hecho, lo que callo también forma parte de mi obra. Diría que este poemario es mi versión más honesta, pero no la más completa. La sombra también escribe conmigo. ¿Quién sabe? A lo mejor me decido algún día a presentar mi autobiografía.

Hay versos en Lo que soñé mientras dormía que acarician y otros que golpean. ¿Ha habido alguna persona que, tras leer el libro, se haya reconocido en sus poemas y le haya pedido explicaciones?
Sí. Me ocurrió también con Reflejos del alma y, de nuevo, me sorprendió. A veces alguien se reconoce en un poema que no habla de él, y otras veces alguien no se reconoce en un poema en quien sí me inspiré. La poesía tiene esa ironía: cada lector se mira en un espejo distinto. Cuando alguien me ha pedido explicaciones, siempre respondo lo mismo: «Lo que tú lees es tuyo; lo que yo escribí es mío». Esas son dos verdades que conviven sin necesidad de coincidir. En este punto quiero agradecer a los lectores que han descrito mis dos antologías poéticas como «libros de mesita de noche».

En una época dominada por mensajes breves y emociones instantáneas, usted apuesta por la poesía, un género que exige detenerse y sentir. ¿Es un acto de resistencia cultural o simplemente una necesidad personal imposible de silenciar?
Para mí es una necesidad imposible de silenciar. Si fuera por estrategia, por mercado o por tendencia, no escribiría poesía. Tanto la prosa como la poesía son dos mundos donde puedo detenerme, escucharme y entender lo que siento antes de que la vida me arrastre. Que sea también un acto de resistencia cultural es un efecto secundario. Yo escribo para respirar, no para resistir, y considero que a veces respirar ya es una forma de resistencia.

Publicar con una editorial de autoedición como Círculo Rojo implica una apuesta valiente por uno mismo. ¿Sintió por ello más vértigo al escribir algunos de estos poemas?
El vértigo no vino de la editorial, sino de la exposición emocional. Mi relación con Círculo Rojo no nace de la nada: yo venía de publicar con una conocida editorial castellano-manchega, y en 2012 mis editores Jorge Álvarez y Juan Tarodo me presentaron al editor Alberto Cerezuela. Desde entonces, Círculo Rojo ha sido una casa donde he podido escribir con libertad. Siempre he valorado el control absoluto de mi obra literaria. No soy un autor que delega lo que considera parte esencial de su voz, y eso lo saben los grandes sellos editoriales de este país. Me considero un autor que edita, que dirige, que decide y que pulsa cada palabra como si fuera un interruptor de emociones. Mi obra no es un accidente: es una construcción consciente, cuidada y milimétrica. Quizá por eso este nuevo libro de poesía me daba vértigo: no por cómo se publicaba, sino por lo que revelaba de mí.

Si pudiera retirar un solo poema antes de que lo leyera el mundo entero, ¿cuál sería? Y, por el contrario, ¿qué poema le gustaría que alguien leyera para entender quién es realmente Juan Carlos Herranz?
Retiraría uno que aún me duele cuando lo releo y que no voy a desvelar. Deseo que el lector o la lectora descubra ese poema. No porque sea malo, sino porque todavía no he hecho las paces con lo que cuenta. De todas maneras, nunca pensé en retirarlo de la antología. La literatura también es un lugar para convivir con lo que nos incomoda. Si alguien quisiera entender quién soy, le diría que leyera el poema donde hablo del amor como un territorio que se construye y se derrumba a la vez. Ese poema soy yo: lucha, fuerza, pérdida y esperanza.

Juan Carlos Herranz: «No escribo para proteger mi imagen, sino para proteger mi verdad»

Cuando uno publica un poemario tan íntimo y personal, se expone inevitablemente al juicio de los demás. ¿Cómo está viviendo la respuesta de los lectores y qué le han devuelto ellos que no esperaba encontrar?
Me han devuelto algo que no esperaba: consuelo. Muchos lectores y lectoras me han escrito para decirme que mis poemas los han acompañado en noches difíciles, en rupturas, en duelos, en silencios que no sabían nombrar. Esa realidad me ha hecho entender que Lo que soñé mientras dormía, que nació de una herida personal, ya no me pertenece. Ahora es de quienes lo leen y encuentran en él un lugar donde no sentirse solos. Por encima de escritor, yo me considero persona. Mis lectores para mí no son números sino sentimientos y fuente limpia de aprendizaje.

La poesía ha sido históricamente un refugio para muchas voces LGTBIQ+ que no encontraban espacio en otros ámbitos culturales. ¿Considera que hoy sigue siendo un territorio de libertad y reivindicación?
Sí, y quizá más que nunca. La poesía sigue siendo un espacio donde la identidad no necesita pedir permiso ni dar explicaciones; donde el deseo puede expresarse sin filtros y donde la vulnerabilidad no es debilidad, sino coraje. Para quienes crecimos sin referentes, la poesía fue un refugio, lo mismo que la música. Hoy es también un altavoz. Estoy convencido de que mientras existan versos que nombren lo que otros quieren silenciar, seguirá siendo un territorio de libertad. A mí, desde luego, en lo que concierne a las injusticias sociales, no me van a callar nunca porque cuando mi cuerpo ya no esté en este plano, lo estarán mis libros. Conmigo, los movimientos contrarios a la dignidad humana tienen la batalla perdida.

Para concluir, ¿qué libro o autor recomendaría a los lectores de este blog?
Recomendaría a Idea Vilariño, porque nadie ha escrito sobre el amor y la pérdida con tanta verdad y recomendaría la obra El amor, las mujeres y la vida de Benedetti, porque sigue siendo un recordatorio de que la poesía puede ser sencilla sin dejar de ser profunda. Ahora estoy leyendo a Elizabeth Duval. Me parece una poeta muy directa, afilada y muy ligada al pensamiento crítico y a la filosofía contemporánea que tanto defiendo. Su obra clave es el gran poemario titulado Excepción. No tengo espacio suficiente para recomendar a los lectores de este blog tantos buenos libros y autores que existen en nuestras librerías: Ángelo Néstore, Sara Torres, Neomar Bethencort González, Juanpe Sánchez López, Quique Zanella, Alana S. Portero, Óscar Espirita… En cualquier caso, los nombres y títulos son lo de menos; lo importante es que sigamos abriendo libros, descubriendo mundos y manteniendo viva la pasión por leer.


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