Revista Cultura y Ocio

Juanma Hinojal: “Nunca ser un criminal tuvo tantas ventajas”

Publicado el 14 abril 2026 por Delecturaobligada @DelecturaOblig

Un robo vertiginoso, un apocalipsis inesperado y una historia que rompe las reglas del género desde dentro

Por: Alberto Berenguer / Instagram: @tukoberenguer; @delecturaobligada

Juanma Hinojal: “Nunca ser un criminal tuvo tantas ventajas”

En ‘Tras el fin del mundo arranca todo en Nochebuena, entre un gran robo y una catástrofe global. ¿Qué le seduce más como narrador, el caos del fin del mundo o el de las decisiones humanas justo antes de que todo estalle?
En el caso que se produce en la novela, los personajes no tienen ni idea de lo que les va a suceder hasta que todo da comienzo. Así que, no pueden tomar decisiones, sólo reaccionar ante lo que está ocurriendo y tratar de sobrevivir. Antes de eso, se hallan enfrascados en un vertiginoso robo. Como narrador, me interesaba que ese robo en cuestión estuviera repleto de tensión, acción y momentos de pura adrenalina, hasta tal punto que el lector se olvidase por completo de que el fin del mundo estaba a punto de manifestarse, y que casi les cogiera de improviso, al igual que les sucede a los protagonistas. Cuando se desata el caos, tomé una opción arriesgada. Puse a salvo a los protagonistas y creé un capítulo especial que se dividía en doce pequeñas historias. Cada una se ambienta en un lugar diferente del planeta, y sirve para mostrar cómo cada persona encara o afronta el inevitable final de manera muy distinta, lo que me resultó muy interesante. 

Sus protagonistas no son héroes clásicos, sino ladrones atrapados en un mundo destruido. ¿Qué le interesaba explorar realmente a través de ellos en ese contexto límite?
Al crear personajes que viven al margen de la ley, podía concederles una moralidad más laxa que la que suelen tener los típicos héroes de estas historias. En este caso, aunque son ladrones, siguen poseyendo una ética y cierta moral que les impide cruzar ciertas líneas, pero sí que pueden ir más lejos que los héroes clásicos. Además, su oficio les ha otorgado ciertas habilidades especiales que les ayudan a sobrevivir y afrontar las duras condiciones que el apocalipsis les pone por delante. De no ser por el robo que estaban llevando a cabo esa noche, lo más probable es que hubieran muerto ellos también. Nunca ser un criminal tuvo tantas ventajas. 

En muchas historias apocalípticas el enemigo es el entorno, pero en la suya también lo es la verdad que se esconde tras la tormenta. ¿Hasta qué punto quería romper las reglas del género desde dentro?
Me encanta escribir historias que el lector cree conocer y sorprenderles con giros inesperados que hacen que esas historias sean algo completamente nuevo, innovador y adictivo. La novela comienza con una trama de robos bastante intensa, pero se acaba convirtiendo en una historia apocalíptica. Y, no obstante, da un último giro en el acto final para transformarse en un género radicalmente diferente y que nadie se esperaría encontrar en una trama de este calibre. Ese giro final fue lo que hizo que me decantara por narrar esta historia y no otra. Además, la manera en la que está plasmada la llegada del fin del mundo me resultaba muy innovadora. No quería tirar por clichés vistos en incontables libros o películas, y por eso me decanté por una inconmensurable y destructiva tormenta de rayos a escala global. Los rayos me permitieron arrasar cada ciudad del mapa, inutilizar todo aparato electrónico y aniquilar al 98% de los seres humanos. Asimismo, pude plasmar algo que pocas veces se ha visto. Normalmente, cuando estamos ante una trama que trata sobre la llegada del fin del mundo, existen dos vertientes de la misma. En una, los protagonistas logran impedirlo en el último momento, salvando el planeta. En la otra, sí que llega a producirse, pero vemos las consecuencias mucho tiempo después, cuando se ha establecido una nueva sociedad entre los pocos supervivientes. En el caso de ‘Tras el fin del mundo’, no sólo no se impide el apocalipsis, sino que somos testigos de los primeros minutos, las primeras horas y los primeros días, cuando los personajes aún no pueden ni asimilar todo lo que está aconteciendo a su alrededor y la situación les sobrepasa. 

Separar a los protagonistas por más de mil kilómetros en un mundo devastado es casi una declaración de intenciones. ¿Cree en el amor como motor real de supervivencia?
En la novela, el amor es lo que hace que los protagonistas, Jeremy y Sam (Samantha) no tiren la toalla y decidan continuar hacia adelante. Todo a su alrededor ha sido destruído, toda la gente ha muerto. No tienen forma de comunicarse el uno con el otro y el sentido común les grita que es una cruzada inútil, que el otro está muerto. Aun así, ambos se aman demasiado como para aceptar tan dolorosa realidad e inician el viaje. Desde el comienzo del libro, Jeremy y Sam están ya en lugares distintos y distantes del país. Debía hallar la manera de mostrar al lector cuánto se aman para que comprendiesen por qué optan por seguir adelante. No fue sencillo, pero logré hacerlo, no sólo a través de lo que ellos mismos manifiestan. Me permití añadir algunos flashback que reflejaban su amor y su relación, y que, lejos de estorbar, complementaban la trama principal. La novela va alternando los capítulos protagonizados por uno u otro. Gracias a ello, pude mostrar distintas aventuras y peligros por el camino, dándole más variedad a la trama. Tenemos la esperanza de que, tarde o temprano, a pesar de todos los obstáculos, de la complejidad de la situación, terminarán por dar el uno con el otro. Y es ver ese amor que se profesan lo que nos hace tener esa esperanza. Como bien se plasma en la novela, todos necesitamos un objetivo en nuestras vidas. El fin del mundo nos priva de esos objetivos. Es entonces cuando Jeremy y Sam establecen ese nuevo objetivo: encontrarse a cualquier precio. 

Usted ya lleva seis libros publicados. ¿Cómo ha evolucionado su forma de escribir para atrapar al lector desde la primera línea?
En esta profesión, uno nunca deja de aprender, de evolucionar. Lo principal, al menos para mí, es escuchar al lector, ver qué es lo que quiere, lo que aprecia de mis relatos, y procurar dárselo de la mejor manera posible. Por supuesto, tengo mis trucos. Siempre que sea posible, hay que terminar un capítulo en lo más interesante, dejar al lector con la miel en los labios y con ganas de más y más. También procuro crear personajes en los que se vean reflejados y con los que se puedan identificar. Aunque en ‘Tras el fin del mundo’ sean ladrones, siguen siendo personas con sus virtudes y defectos, como cualquiera de nosotros. Más allá de su delictiva profesión, poseen sentimientos y actúan en base a ellos como lo haríamos muchos de nosotros de encontrarnos en su misma situación. Incluso aunque los personajes no tengan nada que ver contigo, puedes encontrarlos simpáticos, carismáticos o divertidos, y eso hace que quieras unirte a ellos en su aventura y seguirlos en cada página. Al final, por muchos libros que escriba y por mucho que mejore como escritor, se trata de contar una historia de la mejor forma posible. A juzgar por las reacciones de mis lectores, por el momento, lo voy consiguiendo. 

Sus historias se centran en personas que no se rinden incluso cuando todo está en contra. ¿Cree que la narrativa histórica puede inspirar a vivir y resistir en el presente?
En algún momento dado, a todos nos viene bien un poco de inspiración. Si no podemos encontrarla en la vida real, recurrir a los libros o a cualquier otro ocio puede ser de gran ayuda. Nos encanta ver a los personajes en situaciones imposibles y comprobar cómo, a pesar de tenerlo todo en contra, logran salir vivitos y coleando. De algún modo, nos hace creer que, por muy mal que estemos, si esos personajes han superado sus adversidades, nosotros podremos hacer lo mismo. Mis novelas son una forma de decirle al lector: dame la mano y saldremos juntos de esta. Pase lo que pase, no podemos rendirnos. Ni siquiera… ante la llegada del fin del mundo. 

Juanma Hinojal: “Nunca ser un criminal tuvo tantas ventajas”

Como autor fuera del radar comercial, ¿cómo enfrenta la presión de destacar sin renunciar a su estilo propio? ¿Le gustaría formar parte de ese radar?
Siempre me ha gustado escribir. Antes de lanzarme de cabeza al mundo de la literatura de manera profesional, escribía guiones, e incluso dirigí varios de ellos. Desde que tengo memoria, de una manera u otra, he tenido la necesidad en mi interior de narrar historias con el propósito de entretener a los demás. Poco a poco, me voy haciendo con una pequeña legión de lectores que van leyendo todo cuanto publico y disfrutan con ello. Francamente, aún me cuesta asimilarlo. No busco la fama o el dinero. Mi meta principal sigue siendo la misma, entretener. Escribo los libros que me gustaría leer a mí, y lo hago con la esperanza de no ser al único al que le gusten. Creo que a todos los escritores nos encantaría triunfar en este ámbito, pero no por el dinero (que tampoco viene mal, claro), sino porque esa fama nos permitiría llegar a muchísima más gente. De hecho, creo que, si tuviésemos dinero de sobra, seguiríamos escribiendo y regalaríamos nuestros libros a todo el mundo. Mientras tanto, a día de hoy, no hay mejor recompensa que cuando se te acerca un lector o te manda un mensaje, y te dice lo mucho que les ha gustado tu novela. Quizá nunca consiga el estatus de autor comercial, pero mientras mis libros sigan gustando a mis lectores, sean muchos o pocos, continuaré escribiendo para regalarles un ratito de entretenimiento. 

Si tuviera que convencer a un lector escéptico con una sola frase: ¿por qué ‘Tras el fin del mundo’ no es “otra historia apocalíptica más”?
Todos damos por sentado que el fin del mundo llegará tarde o temprano, pero puedo asegurar que, llegado el momento, no será tan apasionante como se describe (y experimenta) en estas páginas. 


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