Revista Cultura y Ocio

"Juntos, nada más", de Anna Gavalda: una voz narradora que sorprende y cautiva

Publicado el 07 enero 2015 por Lidiacasado


Título: Juntos, nada más
Autora: Anna Gavalda
Editorial: Booket
Género: novela contemporánea
Páginas: 656
Publicación: 07/05/2009
ISBN: 978-84-322-1800-2

  Camille Fauque tiene 26 años, dibuja de maravilla, pero no tiene fuerza para hacerlo. Philibert Marquet, su vecino, vive en un apartamento enorme del que podría ser desalojado. Franck Lestafier, cocinero de un gran restaurante, es mujeriego y malhablado, lo cual irrita a la única persona que le ha querido, su abuela Paulette, que a sus 83 años se deja morir en un asilo. El encuentro de estos cuatro personajes puede significar la salvación de un naufragio anunciado.
   Tenía muchas ganas de estrenarme con Anna Gavalda porque siempre he leído cosas muy buenas sobre sus obras y, aunque al principio me costó, reconozco que Juntos, nada más ha acabado conquistándome. ¿Por qué me costó al principio? Quizá porque hemos leído esta novela en el club de lectura y su desarrollo es bastante lento. Eso quiere decir que nos vimos en la primera sesión, después de leer casi 150 páginas... y no teníamos mucho que comentar: la historia estaba apenas esbozada. No sabíamos qué les pasaba a los personajes ni qué les iba a ocurrir a lo largo de la obra. Sí, aquí hay un tímido compulsivo, una vieja que es vieja y un enfurruñao con la vida que solo sabe decir tacos. Y Camille. A Camille sí hemos tenido la sensación de conocerla desde el principio aunque, curiosamente, es la que más tarde se desnuda ante el lector, la última que nos cuenta su doloroso pasado.
   Así las cosas, cada semana nos reuníamos con el miedo de tener poco que decir. Y así ha sido. La historia era, dentro de lo extraños que pueden resultar los personajes al principio y las decisiones que toman, previsible hasta cierto punto, así que fuimos anticipando lo que iba a pasar sin demasiados problemas. Y al final, a muchas se les quedó la sensación de "Bueno, ¿y qué?".
   A mí, Juntos, nada más me ha ido conquistando poco a poco. El lento desarrollo del que he hablado al principio (y, ojo, hablo de lento desarrollo de la trama, no de lectura lenta, porque la verdad es que el libro se devora. Nosotras lo hemos leído en un mes, pero es uno de esos libros que puedes terminar en un fin de semana tranquilo, porque el estilo es muy ágil, hay capítulos muy cortos y tiene muchísimo diálogo) hizo nacer mis primeras reticencias y la previsibilidad de la que ya he hablado contribuyó a abonarlas y hacerlas crecer.
   Sin embargo, hubo algo que desde el principio me llamó muchísimo la atención: la voz narradora. No sabemos quién cuenta la historia, es un narrador en tercera persona omnisciente, pero tiene un estilo peculiarísimo, hasta el punto de que podríamos considerarlo casi como un personaje más de la novela, aún sin saber quién es. Su habla coloquial, sus reflexiones, sus toques poéticos, su manera de enfocar las relaciones que se establecen entre los cuatro personajes centrales son muy muy llamativos. Pero si por algo ha acabado conquistándome ha sido por su manera de aproximarse a esos personajes, su condescendencia, su cercanía, su comprensión. Los cuatro tienen graves heridas que los han puesto justo en el lugar y el estado en el que se encuentran y a veces he llegado a pensar que la voz narradora quería ser el consuelo que nunca han tenido, el sosiego que les ha faltado, la palmadita en el hombre que nunca han sentido, el calor del que siempre han carecido, el cariño que nunca les han regalado. 
   Al final, también han acabado conquistándome los personajes, tan dolidos, tan entrañables. Gavalda ha logrado que cuatro bichos raros acaben pareciéndote encantadores, lo que contribuye a aumentar esa sensación de cariño, de cuidado, de ternura y de comprensión que provoca la novela. Una idea que siembra el narrador, refuerzan los personajes y remata el argumento. Y es que Juntos, nada más no es, al final, sino un canto a la familia que se elige, una apuesta por las relaciones difíciles que nos enriquecen, una loa a la libertad de ser quien quieras ser y que te acepten por ello y no a pesar de ello, un brindis por la generosidad y las relaciones humanas naturales, sin complicaciones ni dobleces, sin intereses ni la búsqueda de algo a cambio. Tanto, que hasta el título redunda en esa idea: juntos, nada más. Ni dinero, ni tecnología de última generación, ni hoy por ti y mañana por mí, ni sí pero... Solo juntos. Solo cariño. Solo apoyo. Solo complicidad. Y nada más. ¡Y anda que no es poco!
   Así que, al cerrar el libro, me ha invadido la ola de satisfacción que me producen las novelas que me tocan el corazón, que me dicen algo y me hacen pensar. Ahora quiero seguir ahondando en la bibliografía de Gavalda y descubrir cuánto de Juntos, nada más pertenece a su estilo personal y cuánto a una apuesta diferente para cada obra. Total, que ya ando buscando próximo título...
   Nos seguimos leyendo.
   Incluyo este libro en los siguientes retos:
  • Reto Encuentra al personaje: 34/36
    Ya pensaba acabar 2014 sin encontrar a los tres personajes que me faltaban para culminar el Reto Encuentra al Personaje cuando resulta que me tope en esta novela con tres que escuchan una canción de un género que no suelen escuchar. Franck, Philibert y Camille basan su amistad en la identificación y la comunión de gustos y caracteres pero también en la oposición, en lo que unos se aportan a los otros. En ese sentido, la música ocupa un lugar fundamental: el tecno de Frank y la música clásica de Philibert y Camille son un buen ejemplo de lo que les separa y, sin embargo, termina convirtiéndose en un símbolo más de libertad y tolerancia. Como muestra, este diálogo:
 - Somos diferentes, es cierto, pero, ¿hasta qué punto? A lo mejor me equivoco, pero me parece que los tres formamos una buena panda de lisiados, ¿no?
- Tú lo has dicho…
- Y además, ¿qué quiere decir eso de «diferentes»? Yo, que no sé ni freír un huevo, me he tirado todo el día en una cocina, y tú, que sólo escuchas música tecno, te duermes con Vivaldi… Esa historia tuya de las churras y las merinas es una chorrada… Lo que impide que la gente conviva no es la diferencia, sino la estupidez… Al contrario, sin ti nunca habría sabido reconocer una hoja de lechuga iceberg…
(capítulo 20).

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