En Madrid siete podemitas entraban en una iglesia católica a increpar a los fieles, como la nueva portavoz municipal, Rita Maestre, imputada por el asalto en 2011 a una capilla en la universidad Complutense al grito de “Arderéis, como en el 36”.
En varios lugares de España donde los podemitas o los independentistas obtuvieron las alcaldías sumando minorías, también se acosó a no izquierdistas y a concejales de partidos como Ciudadanos.
En Madrid pedían frente a Cibeles horca y guillotina para Begoña Villacís, de C’s, tras la toma de posesión de Manuela Carmena como alcaldesa impulsada por Podemos.
Son conductas que expresan odio hacia quien piensa de manera diferente y deseo de una revancha de la guerra civil contra el centro y la derecha, a las que llaman franquistas y fascistas.
Pero ese odio no se debe al revanchismo de los perdedores de esa guerra 1936-1939, porque al menos la mitad de los odiadores desciende de franquistas, derechistas o fascistas.
El verdadero origen está en frustraciones personales primarias: por ejemplo, el alcalde y los concejales podemitas de Cádiz son casos de vidas improductivas durante bastantes años.