Magazine

La angustia 1 (como medio de conocimiento)

Publicado el 09 noviembre 2020 por Jorge Maqueda @jorgemaqueda
La angustia 1 (como medio de conocimiento)

Mi experiencia con la angustia es amplia, tanto como el horizonte. Y hay quienes piensan en la angustia como tal, en algo negativo, y puede serlo; sólo, si no sabemos darle su utilidad. Las cosas y las sensaciones no se presentan porque sí (tienen su razón de ser), y el miedo por lo tanto a su razón atiende, y se presenta cuando hay una amenaza, pero el miedo, tener miedo, no es “estar-en-el-miedo” sino “reaccionar-al-miedo” no quedándonos en él, sino que  reaccionamos: y al reaccionar nos adelantamos al miedo-presente, avanzando hacia otro estado: el sosiego ¿Cómo? Corriendo si la amenaza es un león. La angustia es igual: sólo que mejor, mucho mejor, pues la angustia deriva de esos momentos trágicos, en lo que todo va a dejar de importar y a desaparecer dramáticamente a nuestro alrededor, por contra del miedo, en el que somos más cocientes  de todas las cosas presentes; con la angustia todo desaparece, y nos quedamos solos, pero no completamente solos, sino con nuestro ser (el único momento que estamos, si se quiere entender así, con nosotros mismos y nuestro ser: estamos “lo que somos y lo que podemos ser”) de ahí que el hombre ya tenga un pre-conocimiento del ser, antes de saber que es siquiera el ser: todos lo hemos comprobado alguna vez (hemos percibido alguna vez lo que quiero decir) por lo que, todos podemos emprender el que entiendo es nuestro más elevado deber; el único deber; cuando llegado el momento, momento del cual dependerá el resto de nuestras vidas, a solas, hemos de decidir qué hacer con él. Mi consejo, inténtalo comprender y sin decir nada: habla con él, pues si lo encuentras no  necesitaras más nada de los otros (con los que podrás estar, vivir y compartir,  pero jamás  te determinarán) y a eso yo lo llamo libertad.

Pero a muchos pensar asusta y ¿Por qué? Si es lo más humilde que se puede hacer, nada más humilde y maravilloso una persona puede hacer que pensar. Pensar es sentir y descubrir la vida en toda su plenitud, fuerza e intensidad verdadera, avocándonos luego a ese preciso instante en el que sentimos un gran desprendimiento que llega súbitamente, como una sacudida sísmica; el alma entonces se suelta y se arranca; ella misma no entiende lo que sucede imperando un impulso que se apodera de sí como un mandato. Despertando una voluntad y deseo a todo, previo de partir hacia algún lugar, ardiendo en una fuerte y peligrosa curiosidad en torno a un mundo hasta ahora desconocido, que despierta el horror frente a lo que ella amaba: un relámpago de desprecio sobre lo que se llamaba “el deber” apareciendo una exigencia revolucionaria “un impulso” que empuja a nuestra peregrinación– Nietzsche. Y ese mismo impulso lo sentí yo la primera vez que leí a Nietzsche y, luego, incluso mayor, por cuanto suponía, al encontrar a Heidegger.

Es fácil caer en el tópico que el “existencialismo” –de Nietzsche por señalar a un autor– entristece (tonterías) yque vuelve afligidas a las personas (mas tonterías) –si hablo ahora de Heidegger, después de mentar “el existencialismo” se levantará de la tumba y me dará con la boina en la cabeza, nos arriesgaremos–. Pero, no es así, no veo tristeza sino impulso y voluntad: deseo en el párrafo anterior. Incluso cuando esta noción de individuo como ser autónomo, se le revela a muchos (en la visión de Nietzsche que exalta al individuo criticando a la sociedad) como una obra que, en la práctica, les resulta ilusoria, lo ilusorio y triste ciertamente es permanecer donde ya se está, no saber quién o qué se es (y no me refiero a profesión o carrera) la pregunta más sería cuál es nuestra finalidad, como persona y en la vida: un fin-un destino, y estar perdidos en lo cotidiano sin dirección aparente sobreviene la mayor angustia posible. Y digo perdidos con razón pues, a la pregunta qué quieres ser (como punto culminante de tu vida) te pararás un tiempo, aturdido, no sabiendo bien que responder, cuando sin saberlo (e independientemente de lo que confieses) ya llevas una marcha y dirección desde hace mucho tiempo definida, aunque no la pensaste en ningún momento, dirigiéndote hacia algo que posiblemente incluso tu mismo ignoras. De ahí la necesidad de parar, de dejar de hacer lo que hacen los demás y ser uno más, preguntarte qué quieres y a dónde vas; pues, aunque existimos en el mundo con otros,  no podemos permitir que esos otros (publicidad, sociedad, familia amigos) acaben definiendo lo que el individuo es de manera particular, llevándole a participar de una vida “inauténtica”: Gozamos y nos divertimos como se goza; leemos, vemos y juzgamos sobre literatura y arte como se ve y se juzga; pero también nos apartamos del “montón” (del uno, que no es nadie determinado y que son todos) como se debe hacer; y encontramos irritante, lo que se debe encontrar irritante, como se debe ser – Heidegger. Y posiblemente la filosofía, en mi caso lo fue, sea ese camino por el que medrar, descubrir y avanzar. La filosofía jamás fue cosa de intelectuales, eso se pretende ahora y te harán otros creer, pero aquellos primeros al decirse filósofos se llamaban modestos, Aquellos sofistas “sabios” poco menos se llamaba a si mismo aficionados: filósofos, y aficionados todos lo somos al iniciar cualquier camino, nadie posee el saber universal y menos la verdad, cada cual encuentra la suya, buscando y herrando hayamos cada uno la nuestra: nuestra verdad y nuestra realidad: no la verdad que nos proponen por medio de una dialéctica abstrusa, sino la que nosotros vamos a descubrir, pues el mundo y las cosas no se muestran y afectan por igual a dos personas distintas, que encontrarán resultados y experiencias múltiples a la misma experiencia.


Volver a la Portada de Logo Paperblog