Muy probablemente, esta persona haya experimentado lo que en psicopatología de la atención se denomina “ausencia mental”. Este fenómeno alude un tipo de experiencia para nada patológica que suele ocurrirnos bastante a menudo, y que se debe principalmente a que nos encontramos tan inmersos en nuestros propios pensamientos (dónde tenemos el coche, qué diremos en la reunión, que haremos de cenar, etc) que llegamos a no prestar atención a muchos de los estímulos que tenemos “delante de nuestras narices”
Para explicar este fenómeno, deberíamos recurrir al concepto de procesos automáticos y controlados. Los primeros los constituyen aquellas actividades bien aprendidas (conducir, vestirnos, escribir a máquina), las hacemos casi sin darnos cuenta y sin prestarles demasiada atención. Los segundos, implicados en tareas más exigentes (resolver un problema, dar una conferencia, razonar sobre un tema, etc) implican un mayor consumo atencional y una mayor implicación consciente por parte de la persona.
Posiblemente, el hombre de la escena que planteábamos más arriba, pensaba que llegaría tarde a una reunión importante y con las prisas ni se dio cuenta de que se había calzado las zapatillas de andar por casa en lugar de los zapatos.