Estamos claramente ante una película diferente. Con sus pros y sus contras. Y estamos también ante una película claramente beneficiada por haber sido seleccionada para representar a España en los premios Oscar, y ser estrenada justo después, con el impulso de esa enorme ola. También ha ganado el premio en el festival de Cannes a Mejor dirección, hecho que suma a que la bola, nunca mejor dicho, se haya agrandado. Es por ello que el público, en parte por curiosidad, en parte por moda, bienvenido sea todo ello si sirve para dar un impulso a una industria en precario, se haya movilizado para acudir a las salas de cine de manera masiva a ver una historia tan contundente como delicada, tan sutil como directa. El pretexto para este guión es una obra inacabada de Federico García Lorca, pero ya desde su comienzo ya hasta el final, en sus más de dos horas y media de metraje, y de denso metraje, no apto para una tarde de miércoles cansado después del trabajo, denota un sello personal que han convertido a Javier Calvo y Javier Ambrossi, con el amparo de la productora de Pedro Almodóvar, que no es novata en esto del olfato cinematográfico en dos figuras del cine; dejan así atrás aquello de “los javis” del diccionario popular, los programas de entretenimiento y las revistas de cotilleo. La emotiva trama, cargada, cargadísima, de sensibilidad, entrelaza en tres épocas (y líneas de realidad) distintas a tres personajes diferentes, cuyos puntos en común son la clave narrativa, y cuyo casting (Guitarricadelafuente, Carlos González y Milo Quifes), estupendamente dirigido, la clave de que una historia profunda sea veraz y posea sentido. Un cuidado diseño de producción, la estética preciosista, el elenco mencionado y aderezado con nombres como los de Penélope Cruz, Miguel Bernardeau, Lola...