Ahora me prestan una obra muy menor en una preciosa edición (como todas las de Impedimenta). Se trata de 124 sueños que tuvo el autor entre 1968 y 1972. La mayoría no tienen sentido y no hay nada de los experimentos lingüísticos que han hecho famoso al francés. El libro es una soberana tontería, que jamás se hubiera publicado si el firmante no fuera un escritor de prestigio. Se nos anuncia como “lleno de sorpresas y asociaciones inesperadas” pero yo he debido perdérmelas todas. A menos que estén en las partes que no he leído.