La carta de la tierra cae en el olvido

Publicado el 03 marzo 2014 por Pedro Pozas Terrados

Las oportunidades se agotan. El tiempo pasa y la sociedad en general, salvo honrosas excepciones, se aleja a pasos agigantados de los loables principios que defiende este documento promovido en el entorno de Naciones Unidas allá por el año 2000. Nuestro planeta se acerca poco a poco al coma irreversible, pero aún estamos a tiempo de salvarlo.
David Val Palao 27/febrero/2014
Ecología
Casi 14 años después de que se publicarala Carta de la Tierrase podría decir que, una vez más, se está muy cerca de demostrar que con una declaración no se transforma el mundo. El destino habitual de cartas de este tipo es “el panteón de declaraciones ilustres”: se proclaman, se celebran, todo el mundo está de acuerdo con lo que dice, pero casi nadie lo cumple. Finalmente, se le pone un hermoso marco y ahí se queda. Pero, ¿estamos a tiempo de salvar esta justa declaración?
Pedro Pozas, naturalista y director ejecutivo delProyecto Gran Simioen España lo ve complicado. “No existe un programa concreto para la Carta de la Tierra, ni una obligatoriedad por parte de los países para su puesta en práctica. Es cierto que organizaciones y gobiernos locales (que no nacionales) han adoptado algunos de sus principios, pero no es suficiente”. Por desgracia, este interesante documento se conoce muy poco entre la ciudadanía. Incluso algunos círculos ecologistas desconocen su existencia o la han olvidado. “Se ha traducido a más de 30 idiomas, pero sigue navegando en solitario, sin rumbo, sin que la sociedad exija a sus políticos que esta brillante carta, tal vez lo más hermoso creado por el hombre, sea llevada a los programas electorales y sea base de todas las constituciones y parlamentos del mundo”, añade. 

¿Pero qué dice la Carta?

Como ya explicamos enun artículo de Fundación Melior, la Carta de la Tierra es el principal intento de redactar una constitución global. La situación del planeta es muy crítica, por lo que la humanidad debe elegir su futuro y esta iniciativa es la traducción a la práctica de esa sociedad mundial sostenible, solidaria, justa y pacífica que tanta falta hace en este siglo XXI. Sin embargo, parece que avanzamos en dirección contraria. “Se están incumpliendo los cuatro pilares que defiende esta carta”, explica Pedro. Son los siguientes:
1.Respeto y cuidado de la vida2.Integridad ecológica3.Justicia social y económica4.Democracia, no violencia y paz
Razón no le falta al reconocido naturalista, pues cada vez hay más países en guerra, más conflictos enconados y los ciudadanos ven como poco a poco sus derechos desaparecen. Además, la Tierra no deja de sufrir. Se elimina y asesina a líderes indígenas y campesinos que defienden sus territorios, se les expulsa y se devastan sus regiones. “Todo por las plantaciones de monocultivos, especialmente los de palma aceitera que están arrasando millones de hectáreas en África, Indonesia, Perú o Colombia”, añade. 

Desconocimiento y desidia 

Quizá el gran problema al que se enfrenta actualmente la Carta de la Tierra es el desconocimiento generalizado que existe. “Para mí, aquel momento fue casi increíble. Ver a tantos países reunidos, hablando de medio ambiente… Pero han pasado 14 años y las generaciones que vinieron después desconocen esta carta y lo que significa”, reconoce Pedro Pozas. Aun así, aunque la pasividad de la ciudadanía es un problema, la desidia de los políticos lo es todavía más. “Nuestros gobernantes no creen en ningún cambio, solo defienden sus intereses y les importa muy poco lo que le pueda pasar a la Tierra. Solo quieren llenarse los bolsillos y no hay país en donde no haya corrupción”.  
De todas formas, los políticos son el espejo de la sociedad, por tanto es muy difícil que de pronto, un día, todos los ciudadanos se unan para defender el planeta y su sostenibilidad. “Hace falta educación, es imprescindible. Nuestro futuro depende de los niños que tienen 7 u 8 años, es la esperanza que nos queda”, manifiesta Pedro. Pero la sociedad actual incentiva con sus actuaciones el desgaste sistemático de la tierra y el agotamiento de los recursos. “Los ciudadanos desconocen por ejemplo el crimen de lesa humanidad que suponeel biocombustible, que se produce mayormente de la palma de aceite, pues para plantar esta palmera se están destruyendo selvas tropicales y con ella especies animales y poblaciones indígenas enteras”, alarma. Los políticos nos lo venden como algo “eco” o “bio” cuando, en verdad, está trayendo más destrucción y desertización que cualquier otro combustible. 

Aún estamos a tiempo

Aunque estemos remando en dirección contraria a estaCarta de la Tierra, Pedro Pozas quiere dejar claro que la esperanza no está perdida del todo. “Hay muy poco margen de maniobra”, asevera. De hecho, pone todas sus esperanzas en esa generación de niños que está creciendo en solidaridad y tolerancia. Aun así, el sistema capitalista que nos engulle acaba siempre premiando a los más fuertes. El Darwinismo social se impone con fuerza en la sociedad actual y solo permite la supervivencia de los más fuertes. Los de arriba, son los triunfadores. Los de abajo, fracasados. Mientras esa concepción no cambie, mientras las personas no se guíen por la solidaridad y el apoyo mutuo y mientras el egoísmo y la defensa a ultranza de la propiedad reinen, nuestra existencia parece condenada. 
La única esperanza es el cambio”, afirma Pedro. Ayudar al prójimo, ser menos consumista y más sostenible. Pensar de manera colectiva, aportar soluciones que no solo me beneficien a mí, buscar la mejora social de mi comunidad y no la mía exclusivamente. Mientras no empecemos a creer en el bien común y en el desarrollo sostenible no tenemos esperanza. El futuro de la sociedad tal y como la conocemos depende de ello. 
Aun así, si una carta ha de recordarnos principios tan básicos como que para sobrevivir necesitamos respetar la Tierra y la vida en toda su diversidad, erradicar la pobreza como un imperativo ético, social y ambiental o fortalecer las instituciones democráticas para que exista transparencia y buena gobernabilidad, ¿de verdad nos merecemos seguir aquí?