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La Casa de Los Juguetes

Por Veronicaelx @vcanoalarcon
La Casa de Los JuguetesLos árboles y la maleza se erigen como la cuna perfecta para la Casa de los Juguetes, que le permiten albergar sus misterios y acunar su silencio. Alejada por completo de la civilización, aquella enorme casa de tres plantas llevaba décadas tocando su fin: ya sin entrar, desde la lejanía, podía observarse su deplorable estado, cada día más ruinoso, en un entorno oscuro y enigmático. En la Casa de los Juguetes, la luz pide permiso para colarse, mientras la naturaleza ha optado por el camino fácil, adentrándose por puertas, ventanas y ventanucos, devorando todo cuanto encuentra a su paso, incluso, los tabiques, hasta generar imágenes un tanto inquietantes.
La Casa de Los Juguetes
Desde hace décadas, la Casa de los Juguetes ha sido considerada como un lugar especialmente cargado de energías y donde es posible experimentar ciertos fenómenos paranormales. Y tampoco están exentos de razón: numerosos testimonios han confirmado que, después de realizar investigaciones de campo en este lugar, han sufrido pesadillas, malestares e, incluso, pequeños infortunios en su vida diaria. No obstante, y teniendo en cuenta la presencia de información previa, tampoco es desechable la posibilidad de que la sugestión pudiese haber actuado por cuenta propia.
La Casa de Los Juguetes
Dos fueron las ocasiones en las que nos desplazamos hasta esta localización, con el fin de obtener ya no sólo fotografías veraces sino de percibir en primera persona todo aquello cuanto nos habían contado. La primera de las visitas la realizamos en horario nocturno, con los riesgos que ello conllevaba: para empezar los últimos temporales habían dejado el camino de acceso totalmente deteriorado, con árboles caídos y troncos amenazantes cortando el paso. El terreno estaba húmedo, tras las lluvias y nevadas recientes... Y el frío helaba el pensamiento.
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La Casa de Los JuguetesLa Casa de Los JuguetesLa primera vez, no tardamos en sufrir el primer infortunio de la noche: un tronco de tamaño considerable cortaba el paso de lado a lado del camino. Linterna en mano, comprobamos que era completamente imposible continuar en esa dirección, por lo que decidimos ascender por la pendiente lateral, evitar el árbol desde su raíz, y volver a descender para continuar con el camino. Pero no fue nada sencillo: en un momento dado, y como si de una señal se tratase, mi pierna quedó enganchada entre unas ramas, lo que me provocó una herida sin demasiada importancia, pero cuya cicatriz me acompañará para siempre. ¿Deberíamos haber dado media vuelta? ¿Podía tratarse, quizás, de una señal?
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Sin embargo, en ninguna de los dos visitas dimos marcha atrás. Una vez identificados los riesgos, proseguimos hasta adentrarnos en plena naturaleza, aquella que nos condujo hasta el salón principal. La puerta estaba abierta de par en par, al igual que sus ventanas, ofreciéndonos una cálida bienvenida, entre silencio... Y juguetes: allí estaban; todos aquellos juguetes de niño pequeño yacían amontonados por todas partes, otorgando al contexto un tanto infantil y dulce, muy lejos de la realidad que dice esconder.
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La Casa de Los JuguetesLa Casa de Los JuguetesLo primero que hicimos fue tomar las escaleras para subir a la segunda planta, con la idea de inspeccionar el terreno empezando por lo más sencillo. Sin embargo, aquella zona era de todo menos accesible: sus estrechos corredores, su oscuridad o la ausencia de ventanas lleva a pensar que la casa se fue construyendo a salto de mata, sin criterio, ampliando y reconduciendo su estructura según iba siendo necesario. La primera parada la hicimos en una especie de cocina, con chimenea, algunos armarios y cientos de botellas y latas amontonadas, símbolo indiscutible de una reciente ocupación. Evidentemente, también había juguetes.
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Seguimos avanzando, y lo hicimos por un pasillo muy estrecho y oscuro, por el que apenas cabía una sola persona de frente. Durante la primera de las visitas, una sensación extraña nos invadió... Al menos, hablo por mí: por un momento, me desplacé por aquel pasillo sin conocerlo y palpando la pared, mientras mis oídos sólo escuchaban un agudo zumbido del silencio. Recuerdo haber tropezado con algo... Algo que seguramente era yo misma cargada de temor y sugestiones, pues allí no había nada ni nadie salvo nosotros.
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Y llegamos a otra cocina, mientras sorteábamos juguetes. Cajas de galletas, botes de cristal, medicamentos y velas... Sí, numerosas velas, tanto aromáticas como normales. Durante nuestra segunda visita, en esta cocina también había, explicablemente, una silla... Una silla polvorienta y sucia que no tenía huellas, ni en los brazos ni en el respaldo. ¿Cómo había llegado hasta allí? Y, lo más curioso, ¿cómo la habían trasladado sin dejar ni un sólo vestigio?
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La Casa de Los JuguetesLa Casa de Los JuguetesLa zona de habitaciones provocó en nuestra cámara una muy extraña reacción durante ambas visitas: justo cuando caminábamos hacia los aposentos, las baterías se agotaron con mucha rapidez. Esto sucedió cuando nos aproximamos a dos habitaciones concretas, en especial, aquellas que todavía albergaban camas y, sobre una de ellas... Un muñeco bebé de plástico. En medio de la nocturnidad, su imagen, proyectada en la pared, junto a un triciclo, con una ventana de par en par por la que se colaban varias ramas de árboles, provocaba una sensación muy incómoda... En absoluto dulce o sosegada.
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Resultaba imposible avanzar más allá: una enorme grieta había partido en dos la vivienda, de tal forma que varias habitaciones quedaban separadas por completo del resto. Desde ahí, se podía observar ya no sólo su esqueleto, sino una antigua prensa oculta en la planta baja: teníamos que averiguar dónde se encontraba y acceder hasta allí.
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Y lo logramos, pero desde el exterior. Tras rodear la finca, cuyo tamaño era mayor de lo que habíamos imaginado, y encontrar un vehículo desguazado, volvimos a adentrarnos en ella, esta vez, a través de los corrales.
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La Casa de Los JuguetesLa Casa de Los JuguetesUna vez dentro, nos movimos con dificultad por los corrales y una especie de almacén donde se guardaban productos de construcción, además de todos aquellos muebles que, desde hace años, nadie utilizaba. También podía observarse una cocina de leña, con su chimenea, y una pequeña bodega, muy oscura, donde aún se conservaban cascos de vidrio intactos, con hermosas florituras. Dichas botellas no se habían movido de allí desde hacía años... O, por el contrario, habían sido puestas allí recientemente: si bien el resto de botellas que había por todas partes estaban sucias y roídas, ¿por qué estas botellas permanecían intactas?
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Aquella visita nos dio para reflexionar sobre un tema que siempre nos rondará la cabeza... ¿Fuerzas paranormales... O sugestión?
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"(...) Hay puertas que no deberían rebasarse... Portales infranqueables... Espacios malditos, ansiosos por ocultarse y exhibirse a la vez, como si de una obra teatral se tratase (...). Aquella tarde, y fuera de todo pronóstico, acabé atravesando el sendero a pie, hundiendo mis zapatillas en el barro, sintiendo el frío en mis huesos, y luchando contra toda una frondosa arboleda (...). En algún momento, sentí un profundo dolor en el muslo: una rama había atravesado mi ropa y se había colado, haciendo mi sangre brotar... Quizá avisándome de que aquél no era mi sitio... Ni tampoco la hora adecuada (...)."


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