Plana y descriptiva, la película centra, mediante flashbacks, toda su atención en el difícil trabajo de la nueva cocinera del presidente. Con una personalidad fuerte y decidida, con gran ingenio a la hora de elaborar sus comidas, Hortense Laborie (Catherine Frot) se enfrenta sin querer a los intereses que se cuecen por los bajos pasillos del Elíseo. Su trabajo se ve especialmente criticado por los jefes de la cocina central, que desprenden un machismo fiel a la época donde transcurre la historia. Aunque la cinta tiene un vacío temporal deliberado, el mandato de Mitterand (1981-1996) encierra temporalmente estos continuos flashbacks, que dependen del nuevo trabajo en la Antártida de Laborie, que, cansada de la agenda presidencial y de las constante presiones, decide alejarse lo máximo posible de un mundo donde nunca terminó de encajar.
La cocinera del presidente, traducción al español de un título totalmente diferente como es Los sabores del palacio (Les saveurs du palais), es una película pero podría ser un documental. Al centrarse exclusivamente en la cocinera y dejar de lado los problemas políticos del presidente (convirtiéndolo en un personaje necesario pero secundario), la narración depende siempre de los sentimientos y de las actitudes de Laborie, quien con sus platos saca al presidente Mitterand de la alta política y lo devuelve a la simpleza de la comida del pueblo. Frot, con una delicada y trabajada interpretación, encarna un papel al que se le entiende y se le permite, dada la simple pero difícil tarea con la que se encuentra, debido a la envidia profesional que combate. El espectador encontrará en la cinta una dulce degustación de los sabores de la Francia actual y la pasada, pero la simpleza de la misma hará que se olvide tan deprisa como se termina un plato hecho por Laborie.
Aquí las fotos de la cocinera, que presentó la película en los cines Golem de Madrid el pasado jueves 21 de marzo.