La parte anecdótica comienza con un protagonista francamente insufrible, Jeff Winger, que había estado trabajando como abogado con un título falso, y cuando lo descubren tiene que ir a una universidad comunitaria llamada Greendale a conseguir uno verdadero. Con tal de ligarse a una hippie guapetona, Britta, crea un grupo de estudio sin querer para la clase de español de Chang, un chino psicótico, y lo interesante hasta allí es que los miembros son de todos colores y sabores. Entre ellos están Annie, una nerd adicta a las drogas de prescripción, Shirley, ama de casa divorciada con aspiraciones empresariales, Troy, un ex-deportista estrella que perdió su beca por una supuesta lesión, Pierce, un viejo junior, heredero de un emporio de toallitas húmedas, que sólo va a calentar la silla por más de una década, y Abed,que, por el bien de la serie, creo que es el verdadero personaje central: un chico con un algún nivel de autismo que quiere ser cineasta, y sólo puede procesar la vida a través de la ficción. Me parece que es ese mundo alternativo que vemos a través de su mente lo que le otorga una excesiva y mágica extravagancia, a veces surrealista, a un contexto que en la vida real es totalmente anodino e impersonal (lo afirmo porque estuve en la preparatoria abierta, en un lugar muy “Greendale”), y es el imaginario de Abed lo que convierte un concurso pedorro en una batalla épica, y una fiesta fallida de Halloween en su pretexto para sentirse Batman o el héroe de una película de zombies. Alabo particularmente a los actores Danny Pudi (Abed), Alison Brie (Annie) y Ken Jeong (Chang), aunque tal vez sea injusta o sea sólo mi gusto personal, porque todos lo hacen estupendo.
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