La condesa sangrienta: ¿Quién fue realmente Elizabeth Bathory?

Por Daniel_galarza
Cada detalle de su vida nos muestra a una persona muy inteligente, en total control de sus facultades mentales, lo cual desmentiría tal vez su posible enfermedad mental, pero hay que recordar que no hay que confundir locura con cultura, han existido muchos locos cultos, como cuerdos ignorantes.  Héctor Chavarría.
Hay muchas representaciones masculinas de la maldad espectacular. Pero pocas mujeres malvadas muy conocidas. Báthory llena un vacío en la iconografía del terror. Tony Thorne.

Ya estamos nuevamente en Halloween, mi época favorita del año (así es, me gusta más que Navidad, ¿y?) y también la época preferida para hablar de terror, fenómenos paranormales, asesinos y todo lo que sea macabro, acorde a estos tiempos. Hace prácticamente un mes, se estrenó en Netflix la nueva serie Castlevania: Nocturne, con la que quedé maravillado (la vi completita en una sola noche). Y aunque debo admitir que la primer serie de Castlevania me pareció mejor, no por eso deja de ser recomendable y disfrutable, perfecta para maratonear en noche de Halloween.
Algo que me pareció interesante desde el principio, fue la nueva antagonista, la "condesa sangrienta" Erzsébet Báthory de Ecse, mejor conocida de este lado del charco solo como Elizabeth Bathory. Algunos que reseñaron la serie señalan que esta villana estuvo más ausente que el conde Drácula en la serie anterior. Al parecer, estos amantes de la cultura pop-gótica deberían volver a ver la primer temporada de Castlevania, para notar que Drácula realmente sale muy poco. Pero estoy de acuerdo que, desde la primer temporada, ya tenemos una historia detrás de Drácula que hace "comprensible" las motivaciones que lo llevan a querer destruir el mundo. En Nocturne, solo tenemos vagas referencias a la condesa sangrienta, que es sumamente cruel y, hacia el final, se nos revela que se trata de la mismísima diosa egipcia Sekhmet, o sea, una especie de amenaza mucho mayor que la de Drácula, capaz de eclipsar el Sol. 
Aunque nos queda claro el nivel de peligro existencial que representa, no se "siente" así con esta primer temporada. Habrá que esperar a la segunda temporada para ver si eso cambia (yo le tengo mucha fe a esta serie, sinceramente). Mientras esperamos, a la vez que nos impregnamos del espíritu halloweenesco, creo que Castlevania: Nocturne nos da la oportunidad de repasar la vida de una de las grandes villanas de la historia que, dicho sea de paso, igual que pasó con el Drácula histórico, parece estar muy lejos de la imagen que Castlevania y otras fuentes de la cultura pop nos venden.  

¿Una condesa vampiro en la Ilustración?


El primer problema entre la Elizabeth Bathory histórica y la ficción en Castlevania, es que la primera fue una gobernante del siglo XVI, a finales de la Edad Media y principios del Renacimiento, y no del siglo XVIII, en la época de la Revolución francesa, contexto en el que se desarrolla la serie de Netflix. Bathory, fue una aristócrata que nació en 1560 en una de las familias más importantes de Transilvania. Se cuenta que de niña sufría una rara enfermedad, y algunos autores especulan que pudo padecer epilepsia, la cual remitió con el paso de los años. Yo sé que los más fans de la serie pueden argumentar que, como es una vampireza, bien puede ser que en el universo animado de Castlevania también nació en 1560, y ha vivido desde entonces como Elizabeth Bathory, aunque es muchísimo más antigua, al ser una entidad adorada como la diosa Sekhmet por los antiguos egipcios. Pero aquí estamos haciendo un ejercicio sencillo de divulgación de la historia a partir de la desmitificación de una serie animada, tranquilos.
Regresando a la historia, Elizabeth contrajo matrimonio a los 15 años con el conde Ferecz Nádasdy, de 20 años de edad, ya entonces conocido como "el héroe negro", apodo que se ganó en el campo de batalla contra los turcos. La pareja vivía en un castillo en Csejthe, en la actual Eslovaquia, aunque era frecuente que Elizabeth se quedara sola por las constantes guerras en las que participaba su esposo, quien daba a su vez la estricta orden de no dejar salir a la condesa del castillo. Se cuenta que Elizabeth se escapaba ocasionalmente, teniendo algunas aventuras libertinas con amantes, además que desde ese tiempo ya se hablaba de su fama como torturadora de sus sirvientas y de practicar brujería.
El conde Nádasdy murió a los 40 años, dejando a su viuda toda su fortuna, así como el poder necesario para hacer lo que viniera en gana, especialmente con la gente a su servicio. Las leyendas más oscuras hablan de Darvulia o "la bruja del bosque", como la "mentora" de Elizabeth. Esta hechicera sería la que confirmaría la idea de Bathory sobre las propiedades rejuvenecedoras de la sangre en la piel. Luego de haber golpeado a una sirviente que le dejó mal el peinado, la mano y ropa de la condesa Bathory se mancharían con la sangre de la desafortunada mujer. Elizabeth se daría cuenta que, en la zona donde la sangre le había salpicado la mano, su piel había quedado aún más blanca. 
El maltrato a los trabajadores de un castillo no era poco común en la época, "Ferenc y Erzsébet intercambiaban información sobre las maneras más apropiadas de castigar a sus sirvientes, esto era normal entre los nobles de la época", comenta el periodista e historiador Héctor Chavarría, en su librito Vampiros. Asesinos en serie (2009). 

¿Asesina en serie, víctima de conspiración o algo más?


Tal vez no era una vampiresa ni una diosa egipcia, pero su historia no deja de ser fascinante.


Las historias más aterradoras sobre la actividad de la condesa sangrienta todo mundo las conoce. Se cuenta que asesinó a cerca de 600 personas, la mayoría de ellas jóvenes mujeras a las que habría sometido a las peores torturas, como meterlas dentro de un aparato similar a la doncella de hierro o atándolas para untar sal en sus pies, dejando que las cabras las lamieran hasta desgarrarles la piel. Es bien sabido que, buscando la eterna juventud, Elizabeth Bathory tomara baños de tina en la sangre de sus víctimas e incluso bebiera la sangre de las doncellas más jóvenes en copas de vino. Los principales cómplices de la condesa, Darvulia, la criada Jo Ilona y los mayordomos Dorko János Ujváry, se encargaban de atraer mujeres para que trabajaran en el castillo, o incluso secuestraban a las víctimas para llevarlas directamente a tortura.
De acuerdo al testimonio de Fickzo, un enano y cómplice de la condesa sangrienta durante 16 años, citado en el extinto portal de Crime Library, el siguiente era uno de los métodos comúnes de tortura en el castillo del horror en Csejthe:
Les ataron las manos y los brazos muy fuertemente con cuerda vienesa, los golpearon hasta matarlos hasta que todo el cuerpo quedó negro como carbón y su piel se rasgó y rasgado. Una niña sufrió más de doscientos golpes antes de morir. Dorko les cortó los dedos uno a uno con unas tijeras y luego les cortó las venas con unas tijeras.
La fuente moderna de éste y de todas las historias criminales de Elizabeth Bathory es el libro Erzsébet Báthory, La Comtesse Sanglante, escrito por Valentine Penrose en 1962. El libro de Penrose (que también cuenta con varias traducciones al español) suele ser usado como referencia principal a la hora de hablar de las atrocidades de Bathory, pero algunos historiadores y artistas románticos ponen en duda la versión de la homicida serial.
Hoy en día existen obras de teatro, novelas y películas, como  Báthory: Condesa de la Sangre (2008), que retratan a este personaje como víctima de su tiempo. Bathory, al quedarse con toda la riqueza del conde Nádasdy, también heredó sus problemas. Una viuda terrateniente, con enorme riqueza, y un castillo fortaleza, así como con familiares problemáticos que entraban en guerra con otros reinos europeos, era objeto de envidia y conspiraciones, considerando especialmente que, a pesar de ser una noble con un territorio habitado considerable, carecía de un ejército para defenderse.
Para 1610, cuando comenzaron a darse denuncias de doncellas de la alta sociedad que desaparecían en las tierras de Elizabeth, el rey Mátyás II, gobernante del Sacro Imperio Germánico, se apresuró a mandar un grupo para arrestarla a ella y a todos sus sirvientes. La leyenda negra, entonces, surgiría desde entonces, siendo que sus captores relataron haber encontrado cadáveres y mujeres agonizantes apenas al entrar al castillo. Los sirvientes ya citados (y otros más) testificaron su culpa en actos de brujería, secuestro, tortura y asesinato en un juicio en 1612, ofreciendo algunas de las historias más espantosas de lo que ocurría en la noble casa de Elizabeth Bathory. También se fueron presentando testigos supervivientes que relataron historias escalofriantes de tortura. Incluso se obtuvo la confesión de una sirvienta que dijo haber visto a la condesa Bathory tener sexo con Satanás. 
Como se podrá sospechar, las confesiones de los cómplices se obtuvieron luego de someterlos a tortura, como también era común en el sistema de justicia de la época, de ahí que sus testimonios vayan desde atroces actos de tortura, hasta actos sexuales con el mismísimo diablo. Los sirvientes-cómplices de Bathory fueron asesinados en su mayoría (los hombres decapitados y sus restos quemados; las mujeres, condenadas además como brujas, sufrirían también de varias torturas, como desmembramiento de sus dedos y sus pechos, para luego ser quemadas vivas). El rey también pediría la cabeza de Elizabeth, pero la familia de Bathory también tenía influencias. Su primo, el Gran Príncipe de Transilvania, Gabriel Bathory, convencería a  Mátyás II de suavizar la pena. Así, Elizabeth Bathory fue condenada a confinamiento solitario y, como no podía ser de otro modo, sus propiedades fueron confiscadas por el rey, quien a su vez compartió generosamente una parte con la Iglesia.
Los reivindicadores de Bathory alegan que los testimonios mostrados durante el juicio de 1612 no fueron confiables. Mientras los cómplices fueron sometidos a tortura para que confesaran, las víctimas pudieron y los captores de la condesa sangrienta pudieron haber exagerado sus anécdotas. El desprestigio de un noble para acusarlo de brujería u otros crímenes, y así debilitarlo política y mediáticamente no era una táctica desconocida en aquellos tiempos, sino todo lo contrario. También aseguran que casi todo lo que sabemos del caso, proviene de fuentes posteriores, como la conocida monografía del padre Laslo Turáczi, del siglo XVIII. Otro punto importante que se señala, es que el rey Mátyás tenía una fuerte deuda con la condesa Bathory, por lo que su arresto era una bendición para su estabilidad económica y política por donde se le viera. Por último, algunos también señalan que familiares de Elizabeth estarían también detrás de la conspiración en su contra; luego de ser arrestada, se supone que algunos de sus hijos se quedaron con parte de la herencia sin necesidad de esperar a que su madre (quien nunca fue muy cercana a ellos) falleciera.
Aunque no es inverosímil la conspiración y el sensacionalismo dentro de su juicio, no debe olvidarse que hay varios hechos que permanecen intactos aún dando por válidos estos puntos: se demostró sin rastro de dudas que Elizabeth Bathory torturó y asesinó a decenas de doncellas que habían sido reportadas como desaparecidas en sus dominios, y que fue hasta que mujeres aristócratas también comenzaron a desaparecer que las autoridades decidieron actuar. 
A Elizabeth Bathory y sus cómplices se les condenó por el asesinato de, al menos, 80 personas. Según Crime Library, durante una segunda parte del juicio, se ingresó como prueba un registro recién descubierto que incluía, con la letra de la propia condesa, los nombres y pequeños detalles sobre más de 650 mujeres, según algunos relatos. Se dijo entonces que ella había realizado un seguimiento de sus víctimas y que en realidad había matado por centenas, aunque esta especulación nunca se le demostró. Según Penrose (afirma el citado portal), el rey Mátyás ,durante la audiencia, indicó en una carta que conocía al menos 300 víctimas. Bathory murió 4 años después que su reinado del terror fuera descubierto, en 1614.

Es probable que las bebidas y baños en sangre de doncella se trate de inventos posteriores, junto a otro montón de mitos que logramos apreciar en Castlevania: Nocturne, y que seguro explotarán aún más en temporadas posteriores. Pero igual que con Drácula, no parece haber evidencia de prácticas vampíricas. Igual que con el famoso príncipe que sirvió de inspiración para la creación del mítico conde, existen buenas razones para pensar que había mucha conveniencia política en manchar su nombre, pero también, compartiendo una última analogía, existen buenas razones para pensar que el principal culpable de la acusación de asesinato fue ella misma. 
El parecido entre la historia de Vlad III o Drácula, y Elizabeth Bathory son un punto que, quizás, casi siempre se dan a notar sin importar la fuente que se consulte. Chavarría también los nota, aunque especifica algunas de sus diferencias:
ambos compiten por el título de “el personaje más sanguinario” de esa época y región, Vlad mataba a sus enemigos, la dulce Erzsebet mataba vírgenes.
Drácula mataba con fines políticos y de gobierno, ella con fines cosméticos: se dice asesinó a 650 doncellas para bañarse con su sangre y mantener así la lozanía de su piel. Fue, se supone, una cosmetóloga algo ruda..
Tal vez, después de esto, no impresione saber que Vlad y Elizabeth también fueron parientes muy lejanos, gobernantes de una Transilvania más extensa, mísera y convulsa, e inspiradores de cuentos macabros de asesinatos en masa, vampirismo y sexo. 
Como con otros personajes históricos de antes de la historia (como disciplina), lo que se sabe de su vida es bastante difuso, pero no por ello menos fascinante y aterrador.

¡¡¡FELIZ HALLOWEEN!!!


SI TE INTERESA ESTE TEMA
Vampiros. Asesinos en serie, por Héctor Chavarría, EMU, México, 2009.
* "Lady of Blood: Countess Bathory", por Katherine Ramsland, en Crime Library.
* "La sangrienta leyenda de la condesa asesina de Hungría", por  Ronan O'Connell, en National Geographic.
* "La Condesa Sangrienta", por Alejandra Pizarnik, en Apocastastasis.