La contabilidad privada de Christie Malry, de B. S. Johnson

Publicado el 16 agosto 2012 por José Angel Barrueco

Hace algún tiempo hablé aquí de Los desafortunados, la poco conocida novela de B. S. Johnson que publicaron en España y que, por suerte, Libros del Silencio reeditará el año que viene. Johnson desmontaba la narración al uso (su novela consistía en varios cuadernillos, que podían leerse de forma independiente), lo que le valió la admiración de muchos autores de prestigio, entre ellos Samuel Beckett, Anthony Burgess y Julian Barnes (y John Lanchester, que firma el prólogo).
En La contabilidad privada de Christie Malry también se aparta de lo convencional, y entre burlas y humor fino, nos narra las peripecias de un hombre que un día decide hacer un balance de cuentas por cada situación que vive. Él mismo afirma:
-Todo débito debe tener su correspondiente crédito –explicó Christie–. Tal vez cada daño deba tener su correspondiente beneficio. La extensión podría llamarse “Contabilidad Moral por Partida Doble”. Al comernos estas aceitunas gordales, que nos hacen mucho bien, estamos impidiendo que se las coman otros; lo que para ellos es indudablemente malo.
Una novela dotada de una comicidad efectiva, con acotaciones en las que se habla del propio texto o en las que Malry conversa con el narrador, pero que, como en Los desafortunados, no duda en introducir la sombra de la enfermedad y de la muerte; también, como en aquel libro, esa muerte proviene del cáncer. Os dejo con el inicio:
Christie Malry era una persona ingenua. No le había llevado mucho tiempo comprender que el dinero no constaba en su origen; que por lo tanto tendría que procurárselo de la mejor manera posible; que procurárselo con métodos que la sociedad consideraba delictivos acarreaba sanciones desagradables (y para él inaceptables); que había otros métodos que la sociedad (algo arbitrariamente) no consideraba delictivos; y que probablemente el recurso más práctico para él fuera situarse cerca del dinero, o al menos cerca de quienes lo ganaban. De modo que había resuelto convertirse en empleado bancario. Ya les he dicho que Christie era una persona ingenua.
[Traducción de Marcelo Cohen]