Revista Historia

La crisis inmobiliaria del año 33: una crisis de hace 2000 años excesivamente actual

Por Ireneu @ireneuc

El año 33 para los cristianos es un año destacado por los acontecimientos que llevaron a la muerte de Jesucristo, sin embargo, para la cotidianeidad del Imperio Romano, aquello era una gota en la inmensidad del Mare Nostrum. Roma, con una población rayana el millón de almas (aunque se sospecha que jamás llegó a alcanzar dicha cantidad), en aquel año 33 tenía los pelos de punta, pero no por la supuesta resurrección de ningún judío, sino por la crisis que amenazaba con colapsar la economía del Imperio más potente del mundo conocido.

Por aquellos tiempos, la economía de Roma se basaba en el comercio, la producción agrícola, artesana y, sobre todo, por la expansión del Imperio, que proporcionaba suculentos botines en forma de metales preciosos y esclavos con los que seguir sacando rendimiento a los campos que daban de comer, de forma prácticamente gratuita, a los ciudadanos romanos. No obstante esta particular forma de obtener recursos, la sociedad acomodada movía su dinero de múltiples formas y una, que se demostró ser especialmente rentable fue el mercado inmobiliario... ¿les suena?

Roma en aquel entonces era el ver ombligo del mundo. Todo aquel que pretendía ser alguien en aquella sociedad tenía que dirigirse a la Ciudad Eterna, habida cuenta que, como ciudad más importante del Imperio, era la que ofrecía un mayor numero de oportunidades. Esta afluencia desmesurada de gente hizo que se necesitaran muchas casas donde alojarlos, y como era imposible proporcionar una casa aislada para cada uno, los arquitectos romanos, prácticos como eran, se inventaron los bloques de pisos ( Las ínsulas, los adelantados bloques de pisos de los romanos). El único inconveniente es que, ayer igual que hoy, para que las clases más bajas y medias accediesen a estas viviendas, o bien las alquilaban a precios desorbitados o se empeñaban hasta las cejas con créditos usureros. Los ricos, para seguir construyendo ínsulas, se entrampaban con los bancos igual que los demás.

En esta situación de burbuja inmobiliaria desbocada, el emperador Tiberio se encontró que, su predecesor, Augusto, le había dejado una economía saneada pero con las arcas imperiales temblando, por lo que, a poco que se torciesen las cosas, no iba a tener un sestercio con que pagar las prebendas de los ciudadanos romanos ¿Qué hacer para tener "cash" sin tocar los impuestos? Lo lógico: recortes a punta pala.

De esta forma, Tiberio recortó un 75% el presupuesto de obra pública respecto la época de Augusto, recortó la transferencia de dinero que se hacía a la ciudadanía y endureció los créditos. Paralelamente, la gente se le quejaba al emperador por los intereses usureros de los prestamistas, por lo que decidió hacer cumplir una vieja ley que nadie aplicaba que obligaba a sanear las cuentas de los banqueros y limitaba los tipos de interés que podían cobrar. Los banqueros, alarmados, se quejaron a Tiberio, por lo que el emperador les otorgó 18 meses para ponerse al día. Fue el acabose.

Los banqueros, para cuadrar los balances empezaron a reclamar el importe de las deudas a aquellos que estaban hipotecados. Los deudores, apremiados por los bancos, empezaron a retirar el dinero de los bancos para cancelar sus préstamos, pero no todo el mundo tenía metálico y muchos empezaron a vender sus tierras y sus pisos a precios reventados, por lo que la burbuja explotó.

En esta situación, el mercado inmobiliario se hundió por el exceso de oferta, el crédito -endurecido por las políticas de austeridad y por la creciente insolvencia de la población- acabó colapsando, desplomando a su paso el negocio de la construcción y creando un ambiente de deflación en que los precios, en vez de subir, bajaban a cada día que pasaba. El dinero, simplemente no corría. El Imperio Romano se hundía por momentos

Tiberio, viendo la que se había formado, tuvo que poner un millón de monedas de oro...¡de su propio bolsillo!, lo que significó inyectar al sistema por medio de los bancos 100 millones de sestercios. Si contamos que 1 sestercio podríamos equipararlo a 1 euro de hoy en día, podemos imaginar la dimensión de la tragedia. Pero no acabaron aquí las medidas que tomó el emperador.

Además de esta recapitalización de los bancos al mejor estilo Bankia, Tiberio puso al público créditos sin intereses durante tres años, con la sola condición de que el crédito fuera avalado con patrimonio (básicamente tierras) cuyo valor sumara el doble del valor del préstamo, la cual cosa fue una soplo de aire fresco a una ciudadanía asfixiada por la falta de dinero. Sin embargo, Tiberio estaba dispuesto a cobrarse el dispendio y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, decidió ir a por un banquero de Hispania que se había hecho rico por sus minas de oro en Sierra Morena y las montañas de Alicante, y que no era muy favorable al emperador: Sexto Mario. De esta forma, acusó al banquero de incesto, expropiándole todas sus minas de oro y ejecutándolo, junto a su hija, tirándolo desde la roca Tarpeya de la colina Capitolina. Los Reyes Católicos, como podemos ver, tampoco inventaron nada con la expulsión de los judíos.

En definitiva, que Roma, finalmente salió del bache a base de medidas de inyección de capital, facilitando las cosas a su ciudadanía -ya que no podía aumentar los impuestos a los ricos- y, sobre todo, siguiendo con las campañas de expansión del Imperio, para así continuar enriqueciendo a Roma a cuenta de los botines arrebatados a los enemigos. ¿Y los pobres y los esclavos? Pues, para ellos, como fácilmente puede pensar, ni hubo crisis, ni recuperación, porque cuando estás en el fondo del pozo, si malo era antes, igual de malo era después. ¿Se repite o no se repite la Historia?

¡Pues a ver si aprendemos, corcho!


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