La Cruz Roja y los campos de prisioneros

Por Grisom_es @JuanjoOrtizCruz
En virtud de la Convención de Ginebra del año 1929, El Comité Intencional de la Cruz Roja (CICR) visitó y supervisó los campos de prisioneros de guerra y organizó la asistencia de socorro a la población civil, pero a pesar de los esfuerzos fue muy duramente criticado tras acabar el conflicto.
Finalizada la contienda, 179 delegados de Cruz Rioja Internacional habían realizado más de 12.700 visitas a campos de prisioneros de guerra en 41 países. El CICR, en circunstancias muy complicadas, había supervisado la distribución de la ayuda humanitaria en paquetes de alimentos, enviados por las organizaciones de cada uno de los países en los que estaba la Cruz Roja, a los prisioneros de guerra. Mientras, 3.000 funcionarios de la Agencia Central de Información del CICR habían organizado un censo de 45 millones de tarjetas con información sobre prisioneros de guerra y habían intercambiado más de 120 millones de mensajes con los prisioneros.
Entre los países en conflicto, ni Japón ni la Unión Soviética habían firmado la Convención de Ginebra, así que el CICR no pudo acceder a sus campos de prisioneros. Los alemanes no autorizaron al CICR el acceso a los campos de concentración hasta 1943, pero finalmente decidió desistir de las presiones a los nazis por temor a que no se les permitiera el trabajo con los prisioneros de guerra, aunque si recibió información fiable de diversas fuentes sobre los campos de exterminio, pero poco pudieron hacer para evitarlo. El CICR ha expresado públicamente su remordimiento por su impotencia y los errores cometidos en relación a la persecución y el genocidio perpetrado por los nazis.
A partir de finales de 1943, el CICR obtuvo permiso de los alemanes para enviar paquetes a los detenidos en los campos de concentración, pero únicamente cuando sabían sus nombres y su ubicación exacta, lo que fue tremendamente complejo. Como los recibís de esos paquetes iban en muchas ocasiones firmados por otros reclusos, el CICR consiguió la identidad de cerca de 105.000 detenidos y consiguió entregar más de un millón de paquetes, aunque muchos de ellos no lograron llegar a sus destinatarios.
Los campos a los que llegaron más paquetes fueron a Ravensbrück, Dachau, Buchenwald y Sachsenhausen.
A mediados de marzo de 1945 el CICR recibió el permiso para visitar los campos de concentración alemanes, pero con la condición de que los delegados que los visitaran permanecieran en ellos hasta finalizada la guerra. Se ofrecieron voluntarios diez delegados. El delegado de Mauthausen, Louis Haefliger, logró evitar que los prisioneros de guerra fueran deportados y que el campo fuera destruido, al lograr avisar a las tropas estadounidenses que avanzaban hacia el campo, lo que salvó a cerca de 60.000 prisioneros.
En el campo de Mauthausen había un importante número de españoles republicanos, por lo que tambien se le conocía como el campo de los españoles. Las imágenes guardadas por el español Francesc Boix, fotógrafo del campo, fueron de gran importancia en los juicios de Núremberg.
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