Revista Cultura y Ocio

La cuestión de las utopías hoy en día: a propósito de Utopía de Moro

Publicado el 04 julio 2015 por Iván Rodrigo Mendizábal @ivrodrigom
Ilustración de la primera edición de la Utopía de Tomás Moro, 1516.

Ilustración de la primera edición de la Utopía de Tomás Moro, 1516.

Por Iván Rodrigo Mendizábal

Mucho se discute del valor de las utopías en el mundo contemporáneo. Para algunos una utopía tiene que ver con lo ideal y también con lo irrealizable, mientras que para otros es el sueño de cambio de una forma de vida o sociedad. Utopía tiene varias acepciones: “no lugar”, “sin lugar”, “lugar inexistente”, “buen lugar”, “lugar justo”…Si nos damos cuenta, se habla de un lugar que no es el conocido en la actualidad pero que se sueña, que se desea, que está más allá de los confines de nuestra imaginación. La palabra fue acuñada por Tomás Moro en su ya clásico Utopía, publicado en 1516. El título del libro en realidad era: De optimo reipublicae statu deque nova insula Vtopia libellus vere aureus, nec minus salutaris quam festivus, …es decir, del ideal estado de una república situada en la isla de Utopía, tema que el libro de Moro va a abordar en dos partes, narradas como contenidos de unas cartas que este enviará a su supuesto amigo Peter Giles, en las que primero describe el estado de la situación del país donde realmente vive, el encuentro con un marinero, Rafael Hythloday, a quien le pide que cuente su hallazgo y vida con la isla de Utopía, allende los mares del viejo continente.

Moro, de este modo, inaugura un género literario y también un tipo de discurso con la finalidad de denunciar un estado de cosas existentes y cómo se podría solucionarlos si se viviese en una sociedad diferente. No se trata de ningún programa político explícito ni propagandístico, ni una proclama contra el país y el gobierno del cual él formó parte: la Inglaterra de Enrique VIII. Utopía es un relato nada apasionado de lo que Moro veía, pero también es el testimonio ficticio de alguien que conoce una sociedad ideal donde hay otro tipo de organización con valores más justos.

La obra sugiere dos contextos: por un lado, el de la realidad de Inglaterra, con sus males sociales y sus problemas de administración, y, por el otro, las noticias de los viajes y los descubrimientos en América. El motivo de la realidad socio-política de su país le permite reflexionar a Moro sobre el estado de las cosas, mientras que las noticias de América la alecciona a pensar la refundación de la sociedad humana superando sus propias perversiones. Por ello la palabra utopía tiene un valor simbólico en tanto resitúa la realidad propia que se vive frente a otra que, sin ser la misma, hace que resalten más las contradicciones y se vean como ideales, como óptimas, como deseables las condiciones de otro modo de vida.

En lo literario, el género utópico que se refiere a ciertas obras con una determinada intencionalidad. Hay quienes señalan que dicho género está más próximo a lo que podría ser la novela política en tanto evaluación y búsqueda de un esquema ideal; hay otros que señalan que corresponde a un tipo de obras literarias que son escritas por personas que pertenecen a una intelligentsia, con pretensiones tanto filosóficas como políticas, con preguntas esenciales acerca de cómo podría ser la sociedad. Se constata que en las utopías hay un carácter proyectivo pero que no emergen por mero capricho del autor, sino en base a preocupaciones, a situaciones de crisis y a una pretendida superación de ellas.

Utopía es una obra en cuya primera parte se describe la situación penosa de Inglaterra. El recurso de encontrar a Hythloday, hablar con él, hacerle intervenir en una tertulia, es motivo para Moro para poner en el tapete de la discusión temas como: las guerras llevadas a cabo por los reyes con finalidades contradictorias, la situación de la delincuencia y el castigo desproporcionado que supone la pena de muerte, la pobreza extrema de muchas familias que les lleva a robar, la contratación de mercenarios que merman las arcas, el rol de las clases altas y terratenientes que se aprovechan tanto de la pobreza de la gente y de la violencia para ejercer su control sobre la producción agrícola, etc. Estos y otros aspectos sirven a Moro para hacer un cuadro del estado de cosas que se vive, es decir, de una sociedad que tiene altos niveles de desequilibrio social, de autoritarismo, de inequidad.

En la segunda parte se describe a la isla de Utopía. Esta está en una región ignota a la que por accidente Hythloday llega; tiene 54 ciudades de la cual su capital es Amaurota; todas están distribuidas en el territorio de forma proporcional y cada una tiene sus propias extensiones para la agricultura, para la cría de animales y para la convivencia de los individuos y sus familias. En conjunto no hay propiedad privada, no hay selección y especialización de oficios, hecho que lleva a que todos, por igual, en periodos de tiempo, sean ya agricultores o cultivadores del intelecto; el mismo trabajo es de seis horas y hay tiempo para el disfrute artístico –pues también están erradicados los placeres mundanos y la perversión–; por otro lado, los habitantes rotan entre las casas cada tiempo y por ciudades, sin menoscabo de su vida; las mismas casas son iguales, los bienes materiales también son para todos, no hay acaparamiento ni especulación, incluso la salud está garantizada para toda la población, todo ello hace que el disfrute de la vida sea igualitario. El dinero no tiene función alguna, salvo para cuando el gobierno de la isla debe negociar con mercaderes que vienen de otras latitudes fuera de la isla. Tampoco hay guerras, pero ello no quiere decir que la población esté adiestrada para defender la isla en caso de una invasión exterior. Lo más interesante es el tipo de gobierno que, en principio es patriarcal y piramidal recayendo en un príncipe vitalicio, pero sin caer en la tiranía; los magistrados se cambian cada cierto tiempo por voto popular. En esto, Utopía dialoga y hace honor a la obra de Platón, La República. En cuanto a lo que tiene que ver con cierta dimensión de la ciencia ficción –si se quiere una lectura más actual– la isla se promueve la incubación artificial, hay todo un trabajo de mantenimiento de la tierra y de los ríos, hay producción de alimentos para todos. En resumidas cuentas, es una isla donde la ciencia y la tecnología son fundamentales para el mantenimiento y gobierno de la sociedad.

De acuerdo a lo anterior, respecto a la instauración de un tipo de discurso, se debe señalar que Utopía se erige como el planteamiento de un esquema social y organizacional bajo una reflexión filosófica-política. Y no se trata de la simple idealización de una sociedad, hecho que podría conducirnos solo a la ficción, sino sobre todo a que la obra lleva a pensar cuán factible es tal esquema de sociedad futura. Decía que la utopía emerge en el contexto de una crisis y la necesidad de avizorar un cambio radical. Frente a las situaciones de pobreza, desigualdad, inequidad, malos gobiernos, la humanidad siempre busca la posibilidad de su mejoramiento. Otra cosa es el hecho que la propia humanidad, o algunos de sus sectores, una vez que ha conseguido ciertas conquistas, es la encargada de hacer fracasar los proyectos que podrían haberle conducido a un estado mejor de vida. El problema que apunta, a mi modo de ver, toda utopía es antes que moral, ético, si por esta palabra se comprende el rumbo, el camino, el horizonte al que se que se desea llegar; otra cosa es la manera de obrar dicho camino. Hay sectores de la humanidad y de la sociedad quienes, dejándose llevar por el egoísmo, por el individualismo, por la posesión materialista, hacen que, en efecto, fracasen los proyectos utópicos.

La Utopía de Moro entonces es un proyecto. Tal como está esbozado, mirar la realidad actual frente a la realidad que en otros lugares se “vive” o se podía vivir, es un planteamiento harto novedoso y provocador. En Latinoamérica, en los países en el periodo de la independencia, se dio el germen también de la utopía. Por ejemplo, las ideas de Francisco de Miranda y de Simón Bolívar. El primero se planteó un Proyecto de Gobierno Federal para las Américas cuyo centro de gobierno implicaría la fundación de una ciudad en Panamá, con el nombre Colombo. El segundo pensó una ciudad, Las Casas, para un Confederación de Naciones, también en Panamá. Pero no se trataba solo de la ideación de ciudades, sino que estas estaban ligadas a proyectos de fundación nacionales, de proyectos aglutinadores de naciones y países comunes, viéndose en un solo Estado: eran declaraciones en el marco de la filosofía política que acompañaban los cambios y la siembra de lo nuevo en América. La literatura, en todo caso, vendría a ser la herramienta de explicitación de estos proyectos y de este modo de pensar.

Utopistas preclaros, en el mismo sentido que los anteriores, fueron –entre otros–, en Ecuador, Eugenio Espejo y en Argentina, Domingo Faustino Sarmiento –quien luego fuer además presidente de Argentina–. De este último, en la misma vena de Moro y su Utopía es Argirópolis (1850), ficcionalización de un país y una nación nueva. Argirópolis es el nombre que alude a una “ciudad plateada” –Ciudad del Plata– o deseada –además fortificada–, situada en la isla Martín García en el Río de la Plata. Dada su naturaleza geográfica sería punto de confluencia donde incluso los ríos le traerían materias primas propiciando la producción industrial. Pero no solo eso, sería la capital de los Estados de la Plata, una Confederación de Naciones, o un Estados Unidos de la América del Sur, en el cual, por otro lado, se borraría la desigualdad. Por otro lado, sería el centro aglutinador de la vasta tierra suramericana y promesa de futuro.

Hay una cierta lista de novelas utopistas latinoamericanas que, contra las tesis realistas literarias, contra los embates conservadores, se escribieron en el continente para dar cuenta de lo deseable. Muchas hacen honor a la Utopía de Moro, a sabiendas que ella exploraba la necesidad de un estado con una forma de vida con una buena vida, como una mancomunidad –common wealth–, donde la riqueza sería común. El impacto del laissez faire del liberalismo hizo que la necesidad de la utopía se distorsionase hasta volverla como búsqueda individualista en detrimento de la comunidad.

Con todo digamos con Fredric Jameson –en Arqueologías del futuro: el deseo llamado utopía y otras aproximaciones de ciencia ficción (2009)– que la Utopía de Moro implica dos caminos de interpretación: “una centrada en la realización del programa utópico; la otra un impulso utópico oscuro pero omnipresente que aflora en diversas expresiones y prácticas encubiertas” (pp. 17-18). Con la primera vía, Jameson comprende a la utopía como una práctica revolucionaria que impone la necesidad de fundar una sociedad íntegramente nueva, dando paso a la creación de textos, fundando a su vez un género y a un discurso. Con la segunda, entiende los impulsos políticos, las prácticas concretas que pretenden impostar en el presente lo esperado: de acuerdo a esto, por ejemplo, los programas liberales, con sus programas de reformas, aspirarían a lograr “la transformación a escala de la totalidad social” (p. 18). La utopía cuando es secuestrada por los programas liberales terminarían por mezclar el horizonte de expectativas de sectores burgueses con ciertos sueños y aspiraciones de los trabajadores, presentándoles a estos como si fueran la realización de sus propios programas.

Una respuesta latinoamericana parece darse contra esta doble estructuración que abre la utopía y es la que tiene los denominativos de “Buen Vivir” y/o “Vivir Bien”. De acuerdo a Juan José Tamayo –en Invitación a la utopía: estudio histórico para tiempos de crisis (2012)– esta utopía emerge desde el mundo indígena, haciendo converger otra forma de sociedad con la ética de forma armoniosa, donde el ser humano tendría que estar imbricado no solo con la vida social o material, sino sobre con la Tierra, siendo este horizonte el más importante y determinante para la construcción de una nueva sociedad.

El camino de la Utopía abierto por Moro, por lo tanto, no ha sido abandonado y más bien tiene nuevo pensamiento y valorización.


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