Revista Cultura y Ocio

La Curación de Domingo Pantoja por Maria la Hechicera (I)

Por Pablete @LasTresCulturas
La Curación de Domingo Pantoja por Maria la Hechicera (I)
LA CURACIÓN DE FRANCISCO PANTOJA
Vivía en Yuncler (Toledo) un rico labrador llamado Gonzalo Pantoja, cuyo hijo mayor llevaba enfermo en cama desde el 21 de septiembre (festividad de San Mateo) de 1662. Los síntomas de su enfennedad eran fiebre alta y vómitos, además de una pérdida progresiva de peso. 
Los mejores médicos y cirujanos de la comarca sagreña y de Toledo habían fracasado en el intento de curación del joven Francisco y su padre estaba dispuesto a recurrir a cualquier medio con tal de conseguir que su hijo sanase de tan grave dolencia, pues todos sospechaban que se trataba de hechizos.
Un amigo de Gonzalo, asimismo vecino de Yunc1er, Francisco Ruiz el Zapatero, que solía viajar con cierta frecuencia a Torrijas para proveerse de cordobanes en el almacén de Pedro Sánchez de la Rosa, situado en la plaza del Mercado, llega a Torrijas a finales de octubre. María Muñoz, conocida por Mari la Rica, esposa de Pedro Sánchez, se sirve de un vecino llamado Alonso de Carranque, para avisar a María la Hechicera, como así se la conoCÍa por todas partes. 
La hechicera tarda en llegar al almacén de cordobanes, provocando la impaciencia y nerviosismo del zapatero. Así que cuando llega al lugar de la cita, Francisco Ruiz se halla 10 bastante enojado como para advertir a María que si el caso no es de su interés, recurrirá a Inés de Huete que también sabe y muy bien de curar hechizos 15. 
María sabe que tiene a su merced al zapatero, es dueña de la situación y está dispuesta, como siempre, a sacar buen provecho de la misma. Le pide al zapatero que le traiga cabellos y uñas de pies y manos del enfermo para, tras su examen, diagnosticar si había o no aojamiento y, además, solicita una prenda de vestir del mismo. 
También entrega una bolsa con unos polvos que ha de tomar el paciente y acepta, en concepto de honorarios, un costal de trigo. Una semana después regresa Francisco con todo lo exigido por María. Pero el cnfenno ha empeorado y el zapatero pide a la curandera que le acompañe a Yuncler para atender directamente a Francisco. María llega a Yuncler el I de noviembre de 1662, festividad de 
Todos los Santos, examina al enfermo y le prepara en la cocina el bebedizo de apios, berros y perejil. Supo de su estancia en casa de Gonzalo Pantoja el Licenciado Cannena, teniente de cura del párroco de Villaluenga y párroco de Yuncler, que trató de impedir el ejercicio de las prácticas de María. El sacerdote se personó en el domicilio del enfermo e interrogó a María sobre el diagnóstico de la enfennedad, métodos o recursos curativos que empleaba y si disponía de licencia para curar. 
Al parecer, y según testimonio del Licenciado don Pedro Robles, párroco de Villaluenga, el interrogatorio turbó bastante a la hechicera, que respondió con altanería «que a ella tocaba saber cómo curaba» y «que ella tenía licencia del Tribunal de la Inquisición y había sido examinada por el inquisidor Paniagua»I~. Fue entonces cuando el Licenciado Carmena pidió que le fuese mostrada dicha licencia, a lo que María contestó que se la había dejado en Torrijas junto con otros documentos en un arca de su casa. 
El sacerdote se comprometió a pagar a un propio o recadero para que recogiera dicha infonnación y le pide a María que escriba una nota a su marido para que entregue la documentación al enviado. María confiesa que no' sabe escribir y Cannena manda venir al sacristán de Yuncler, Gregario Illescas, que escribe la nota que el sacerdote la dicta, con fecha 3 de noviembre de 1662.
Dos días después, el domingo por la mañana, llega el emisario con una oración escrita en unos papeles y que estaba encabezada con el título «Devotísima oración de San Cipriano» y una licencia que resultó ser falsa. 
El teniente de cura comunicó lo sucedido a su superior, el Licenciado Robles, mandó venir al alcalde, Julián Vallejo, a casa del enfermo, hizo detener a María y exigió se firmase la entrega de la rea. Con fecha 5 de noviembre, el Licenciado don Pedro Robles envía toda la documentación al inquisidor don Antonio Femández del Campo. El proceso se pone en marcha. 
Mientras tanto, ¿qué había sido del enfermo? Francisco Pantoja, desestimando las recomendaciones del Licenciado Carmena, que le instaba a confiar en Dios y la Santísima Virgen para la curación de su mal, siguió el «tratamiento» de María la Hechicera. 
Pocos días después de tomar los remedios, según declaración del propio Francisco, «echó el enfermo por la cámara algunos gusanos blancos del tamaño mayores que piñones»17, comenzó a mejorar visiblemente y, a la semana siguiente, se encontraba sanado de su extraña dolencia. 
Este hecho fundamental de la curación de Francisco Pantoja conviene señalar que es comentado muy superficialmente por los Licenciados Carmena y Robles; pero todos los demás testigos lo reconocen con rotundidad (Gonzalo Pantoja, Francisco Pantoja, Francisco Ruiz) en la audiencia del 26 de noviembre de 1662, ante el comisionado Juan Alonso Sánchcz.
ENCARCELAMIENTO DE MARÍA
Por requerimiento de don Pedro Robles, cura párroco de Villaluenga, a través de su teniente de cura, el Licenciado Carmena, María fue detenida por el alcalde ordinario de Yuncler, Julián Vallejo, siendo recluida en casa del vecino Tomás Rodríguez y confiada a la guarda y custodia de Gonzalo Pan taja, José Rodríguez y Francisco Martín. 
El día 6 de noviembre sale de Yuncler, el comisario de Recas la recibe en Lominchar y se encarga de escoltarla hasta Torrijas. El día 7 llega a Torrijas. donde es entregada a Gabriel del Río. familiar del Santo Oficio en esta villa, en medio de la expectación de gran número de vecinos, sabedores de la noticia, que se habían agolpado frente a la casa de Gabricl del Río, en la Rúa (actualmente calle de José Antonio Primo de Rivera). 
Los juicios y opiniones resultan de lo más diverso, pero son pocos los vecinos que se aventuran a realizar comentarios favorables a la hechicera. Del Río la encierra en una de las dependencias más ais)adas y lóbregas de su casa, la impide todo contacto con familiares y amigos, e incluso no la permite amamantar a su hijo Francisco, que tan sólo cuenta diez meses de edad, la ha cargado de cadenas que agravan el problema de sus venas varicosas, le da por todo alimento un pan ...
Son varias las cartas que María envía al Tribunal del Santo Oficio de Toledo por mediación de su buen amigo y vecino, el Maestro de Escuela de Torrijas. En dos de ellas, la primera fechada el 8 de febrero de 1663 y la otra del 24 de febrero del mismo año, ambas dirigidas al Licenciado Ozores, la hechicera se queja amargamente del trato recibido en la prisión. 
La privación de la presencia de sus hijos, la enfermedad del marido y los malos tratos de palabra y obra por parte del familiar del Santo Oficio la tienen sumida en la desesperación. 
Tiene, además, una pierna en la que «se le han hecho dos bocas y a la otra me la mudaron de lástima y también la tengo hinchada», según transcribimos de la citada carta. No sabemos de la actitud del Santo Oficio ante las súplicas de María, aunque lo más probable debió ser la callada por respuesta la que mejor la define. Lo cierto es que tiene que sufrir los rigores de la cárcel y el odio personal del vengativo y cruel Del Río.
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