La danza nos hace conectarnos con el entorno del que nos hemos separado. Hemos conquistado espacios abisales, y siderales pero hemos perdido la brújula, el norte, y el contacto real con los que nos rodea y la gente. Basta ver una comida familiar de un domingo, donde todos están pendientes de su móvil y no hablan con los que tienen alrededor. Hemos perdido en nuestras vidas diarias la necesidad de movernos, de caminar, de subir y bajar escaleras… de mil cosas que ahora hacer las máquinas. Y si las sustituimos con jogging, natación, perdemos su sentido con la competición.. y a veces veo que la gente se agita pero no baila, porque han perdido ese sentido de lo sagrado, de lo ludico, del vivir en comunidad y extender la mano que sentí en el desierto entre los beduinos.
La danza es un testimonio de que estamos y pertenecemos al universo, a la gravedad , al silencio y lo sagrado. Danzar es un rito, porque nuestro cuerpo es un templo y es con él, con quien nos relacionamos con el universo, es nuestro vinculo con las energías del cosmos, las fuerzas, las corrientes, los ritmos, es nuestra verticalidad afirmada, es el éxtasis, es la locura de ser uno con el universo es romper la pasividad para empatizar con el creador y su obra, la danza es un mándala perecedero que creamos, aparece y desaparece. Y ahora dime… En esta noche de agosto, ¿no te apetece bailar bajo las estrellas?
Publicado por Mercedes Yzquierdo Muñoz:
https://mercedesyzquierdotraselvelodeisis.wordpress.com/2018/08/07/la-danza-un-viaje-iniciatico/