Las decisiones nos hacen crecer, ser más responsables, nos obligan a asumir nuestros errores y equivocaciones y por lo tanto, a aprender. Pero por sobre todas las cosas, a ser humanos.
Me gustaría, por un momento, estar en la piel del presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE), para saber qué sintió al tomar la decisión de no presentarse a las próximas elecciones generales de 2012. ¿De cuántas cosas se habrá arrepentido? ¿De la reforma laboral y de las pensiones; del aborto a los 16 años; de enviar tropas a Afganistán; de la ley antitabaco o quizás del fallido cheque-bebé? ¿Habrá aprendido de las consecuencias del desempleo, del colapso del sector financiero, de las meteduras de pata de Moratinos?
No sé si habrá sido su decisión más difícil. Si lo es, desde luego, la más acertada.