-AVISO SPOILERS-La desaparición de Eleanor Rigby trata sobre aceptar la pérdida como primer paso hacia la curación. Por eso ningún personaje habla directamente sobre lo que ha pasado. Los protagonistas se encuentran en una fase de negación que les impide avanzar. La película se construye en su primer tramo, elegantemente, sobre el inmenso peso de ese vacío, haciendo patente la eternidad de los minutos cuando lo único que necesitamos es que pase el tiempo. El mejor exponente de ese estado de negación es la amistad que Eleanor (Jessica Chastain) traba con la profesora Friedman (Viola Davis). La primera evita revelar su tragedia a la segunda. Necesita la compañía de alguien que la trate como a una persona "normal". Una amistad "limpia" que no gire entorno a una desgracia de la que intenta escapar desesperadamente. Para cuando uno de los personajes verbaliza lo que ha pasado hay una gran cantidad de emociones contenidas que el cuidadoso guión deja salir en el tramo final como un torrente que resulta difícil de soportar. Quizás, para alguno, el director y guionista, Ned Benson, se excede. Yo creo que el cine -la ficción, la tragedia- existen precisamente para eso. La catarsis.
"Te quiero", le dice Eleanor a Conor (James McAvoy), y él responde "Lo sé". Pero el amor no siempre es suficiente. La desaparición de Eleanor Rigby gira también entorno a la fragilidad de la pareja, y desvela que nuestra verdadera prioridad no es el amor. El padre de Eleanor (William Hurt) confiesa que sigue casado a pesar de que lo lógico habría sido separarse en más de una ocasión. Se trata de aguantar a pesar de que la pasión se ha acabado hace ya mucho tiempo. Es quizás el reflejo de una manera de pensar de otra generación. Porque la actual, la de Eleanor y Conor, no parece capaz de resistir ante una pérdida terrible a pesar de que todavía se aman. Pero quizás eso sea pedir demasiado.