«Mi agente, Sally Wofford-Girand, vio el potencial que había en mis primeros borradores y me animó a mejorar. Jamás me cansaré de darle las gracias por su lucidez, sus consejos y su implicación en este libro. Jenni Ferrari-Adler me hizo pensar en el ritmo, los personajes y el argumento precisamente cuando ya creía que había terminado (claro, no había terminado, ni mucho menos), y Melissa Sarver nos mantuvo a todos concentrados y motivados. Jennifer Smith, mi editora, ha mejorado muchísimo mi libro con sus cuidadosas lecturas y atinadas sugerencias. Ha sido un placer trabajar con ella, desde el principio».
Las palabras de Diffenbaugh son solo un ejemplo: este tipo de menciones aparecen con frecuencia en el apartado de agradecimientos. Sin embargo, entre los lectores he observado que hay un gran desconocimiento del proceso de edición de una obra e incluso la falsa creencia de que el manuscrito original no debe tocarse porque eso sería «un atentado contra el escritor». Nada más lejos de la realidad: es muy difícil conseguir la perfección en el primer intento, de modo que los consejos de los profesionales ayudan a pulir y mejorar un texto que tiene posibilidades. El problema es que el público desconoce los cambios que se han hecho en los libros que lee (o los limita a la corrección ortotipográfica) y por eso tiende a pensar que todo es fruto de las habilidades de su creador. No obstante, seguro que más de una vez hemos disfrutado sin saberlo de detalles sugeridos por el editor o el agente.
Tengo claro que en el arte nada es casualidad; el talento debe ir acompañado de aprendizaje y críticas constructivas. Cuando leo primeros borradores o autopublicaciones yo misma tomo conciencia de que necesitan más de una revisión para alcanzar un buen nivel y ser publicables. Creo firmemente en el trabajo en equipo: unas cuantas lecturas analíticas aportan más ideas que la sola visión del autor, incluso aunque este sea muy exigente consigo mismo. El proceso de confección de una novela no debe verse como la publicación del manuscrito original, sino como un camino en el que otras personas hacen propuestas para enmendar sus puntos débiles y sacar partido a los buenos.
Enlace de interés:
Editores y publicadores, una entrada del blog Patrulla de salvación en la que se explica cuál debe ser la tarea de un editor de verdad.