La Elegancia de un Sombrero

Por Hatter @LaSombrereria

Hoy en el blog es un día un poco especial, ya que dedicaré la entrada a opinar sobre un artículo publicado hace unos días en el suplemento de moda del diario El País.
Ni este es un espacio de crítica (más bien de alabanza), ni yo soy una persona a quien guste criticar el trabajo ajeno, pero creo que hoy me debo saltar un poco mis principios y publicar este documento, en contrapartida a una “particular visión del Sombrero”.
Esta es mi opinión, que en ningún caso tiene el afán de molestar a nadie, y espero que simplemente sea contemplada como otro punto de vista.

La Elegancia de un Sombrero.

Acabo de leer un artículo publicado en el suplemento de moda que edita el diario El País los sábados. Como buen amante de los sombreros, de su “Historia”, de su “Cultura”, de su “Industria” y como profesional del tema me agradó sinceramente que un medio tan importante como este dedicase un artículo a nuestro querido complemento. Por ello y sin perder un momento me puse a leerlo, y cómo no, me he llevado una gran decepción.

El Sombrero, al igual que el resto de los elementos que utilizamos en nuestro vestuario, tiene una razón de ser para cubrir una necesidad básica (protegerse de las inclemencias del tiempo) y un origen tan antiguo como el hombre, y como este, ha evolucionado a lo largo de la historia, sin estar ajeno a las modas y a las necesidades de la sociedad. Gracias a esto alrededor del sombrero se ha ido desarrollando toda una industria que ha dado y da trabajo a miles de personas en el mundo. Desde diseñadores, fabricantes, distribuidores y comerciantes, que realizan toda su actividad alrededor del Sombrero.

Pero a diferencia del resto de los complementos, el sombrero tiene algo diferente; como alguien dijo es la guinda de la persona, el remate, y el complemento final que culmina la figura. Quizá también sea por esto que es tan especial y que haya originado grandes amores y odios, aunque nunca indiferencia.
El sombrero tiene toda una cultura a sus espaldas, tanto en su diseño, como en su fabricación, como por supuesto en su uso. Grandes pintores, escritores, actores, escultores, o simples viandantes han elegido y eligen su uso como seña de identidad, como elemento diferenciador, o simplemente por necesidad o gusto.
Pero su uso no hace a la persona diferente: un intelectual, o un desgraciado, lo seguirán siendo, usen o no sombrero. Hay un dicho que viene en este caso que ni pintado, “el hábito no hace al monje”. A mí hay muchas prendas que no me agradan a la vista, pero por eso no se puede juzgar a las personas que las llevan.

Yo soy de las personas que respeto y admiro el trabajo de los demás, valorando el esfuerzo, y sin despreciarlo aunque no lo comparta ni me guste, pues creo que antes de despreciar un trabajo debemos conocerlo y quizá consultar e informarse.
Por suerte España tiene una gran industria del sombrero a todos sus niveles. Grandes fábricas que venden sus productos a todo el mundo; grandes diseñadores que triunfan en las pasarelas de moda, o creando maravillosos vestuarios para el teatro, y las mejores sombrererías de Europa y con más solera también se encuentran en nuestro país. No tienen más que pasearse por el centro de las principales ciudades y contemplar negocios que llevan funcionando en algunos casos más de cien años y siguen creando empleo y dando servicio a los ciudadanos. Por cierto, ¿saben ustedes que parte de los sombreros que se venden en las mejores sombrererías inglesas se hacen en España?

Yo entiendo, pero no comparto, que haya personas a las que no les gusten los Sombreros, quizá sea porque nunca se han puesto en manos de un profesional y no se han dejado asesorar. Pero no puedo entender cómo alguien puede decir que está en contra del sombrero. Es como si yo digo que estoy en contra de los zapatos, o de los bolsos, o de los calcetines de rayas. ¿Tendría algún sentido? Pueden no gustarme, pero no puedo criticar ni faltar a aquellas personas que deciden su uso. Llevar un sombrero, gorra, pamela, tocado, etc. es una opción del vestir, igual que decidimos llevar una flor en el pelo, y no tiene que ir más allá. Y por respeto a toda una profesión, no debería difundirse en un medio tan importante como este.
Por otro lado está la necesidad de su uso: en la actualidad muchas personas necesitan por prescripción médica llevarlo de continuo, o cubrirse por estar sometidos a tratamiento donde se pierde el pelo. Problemas en los que no hay elección y por supuesto también para eso estamos los sombrereros, como ayuda.
Nunca había leído esta sección, y no sé si este es su estilo, pero me gustaría ver si los comentarios que le dedican al sombrero se reproducen sobre algún complemento de los que a página completa anuncian sus patrocinadores: seguramente no. A lo mejor ese es el problema, si fuéramos grandes nadie nos dedicaría un artículo como este.

Para terminar les rogaría que investiguen y descubran la cantidad de personas que viven directamente del sombrero, y que conozcan su cultura; será un buen punto de partida para escribir sobre él, quizá viéndolo con otros ojos. Y con más respeto, gracias”.

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